
Capitulo 26
Lunes, 5 de julio de 1999, 8:06 PM
Granja Laurel Ridge
Columbia, Maryland
Hesha salió de su reposo para encontrarse con Thompson, que ya le esperaba:
—Buenas noches, señor —dijo el chófer, obviamente nervioso—. He... ya he tomado mi decisión, señor. Sobre el "seguro de vida" del que hablamos.
Hesha se sentó al borde del banco de piedra, sin decir nada.
—Me gustaría convertirme en parte de la Familia, señor.
El Setita asintió e hizo una pregunta en su tono menos humano:
—¿Has decidido ser condenado, maldito, proscrito del sol, privado de corazón, atado al servicio de Set y a través de él al servicio de Apep?
Thompson vaciló.
—¿Señor?
—¿Tienes un propósito en tu mente que llenará siglos y te impulsará cada noche sin flaquear?
Thompson no dijo nada. Hesha se puso en pie y avanzó hacia su chófer. Quedaron cara a cara, a centímetros de distancia, y el mortal pudo sentir el frío de las ropas del otro, a la misma temperatura que las piedras de la cueva en la que había dormido.
—¿Aceptas el riesgo de perder la cordura, como el Cainita al que destruimos en México?
Hesha cogió a su hombre por la barbilla, elevándole hasta que sus pies dejaron de tocar el suelo, y mirando con sus iris dorados y sus pupilas verticales a los ojos azul grisáceo de Thompson. Permanecieron así durante casi dos minutos... y entonces Hesha bajó suavemente al hombre.
—Has pensado en lo que conoces —dijo el Setita—. Esta noche te he dicho cosas que no sabías. Piensa también en ellas. Hazme preguntas. Considera que tu educación ha comenzado, y empieza a buscar un sustituto entre tus hombres. Si, cuando sepas un poco más de las consecuencias, sigues deseando la bendición de Set, necesitaremos un jefe de seguridad tan bueno como tú mismo. —Hesha volvió a mirar al mortal—. Y relájate, Thompson. Acabas de pasar una prueba. Habrá otras, pero si en cualquier momento cambias de idea, puedes dejarlo. No hay obligación de "graduarse". Ahora —dijo en su tono habitual— informa, por favor.
Media hora más tarde, Hesha y Thompson estaban sentados ante una consola en forma de herradura, observando las grabaciones del día. En blanco y negro, en color y en sensor térmico, las distintas perspectivas desde el sistema de seguridad de la casa rodeaban la imagen principal. Fuera, un fuerte viento provocaba una confusión de ramas y maleza en movimiento. Los planos del interior eran más tranquilos. El Áspid se movía de una pantalla a otra, saliendo de la cocina para ir a la escalera principal y su habitación del piso de arriba. Elizabeth estaba sentada en el centro de otra estancia, inmóvil salvo por un brazo y las largas pinzas que sostenía. Sus precisos movimientos no eran apresurados ni inseguros, y por lo demás hubiese parecido una estatua.
—Elizabeth Dimitros —murmuró Hesha— es, a todos los efectos prácticos, una huérfana. ¿Has leído su expediente?
—Por supuesto.
—Bien. Necesita una familia, Thompson, así que vamos a darle una. —Hizo una pausa, mirando a los ojos a su posible heredero—. Pretendo que llegue a verme como una figura paterna. Me gustaría que usases el talento que tienes para ponerte en el papel de un hermano mayor o un tío, lo que prefieras. Considéralo tu primera misión en el nuevo camino que acabas de emprender. No actúes: limítate a poner en juego las partes de tu personalidad que te resulten más útiles. No mientas directamente si puedes evitarlo. Menos es más, Thompson, ¿comprendido?
—Sí, señor.
—Excelente. Prepara el coche. Haré una pequeña visita a nuestra invitada y me reuniré contigo en el garaje dentro de veinte minutos.