EGOCENTRISMO DEMOCRÁTICO
La mejor solución: responder a los deseos de las masas eligiendo al cargo supremo a la persona más apta para representarlas: un hombre capaz de escuchar la voz del pueblo, conocer sus aspiraciones y anhelos, identificarse plenamente con él. De decir: yo soy el pueblo, y dialogar con él, consigo, en el espejo; de eliminar todo asomo de contradicción entre ambos gracias a la exclusión de cualquier tipo de instancias intermedias; de asumir su yo infinito, multitudinario, y asegurar sin complejos su progreso y felicidad.
En consecuencia: comer, tragar, beber, engordar, extender los límites corporales al último agujero del cinturón y luego romperlo: ¡una gran victoria de las masas! Acumular los pliegues de grasa en la sotabarba, estómago, nalgas, muslos, abdomen, caderas: ¡nuevas conquistas populares! Desenvolverse cada vez más, ganar en volumen y circunferencia, perder de vista la parte inferior de la ingle a causa del diámetro increíble del cuerpo: ¡otros tantos éxitos de la plebe, motivo gozoso de fiestas y regocijos! Dilatarse como un globo aerostático, establecer nuevos planes de desarrollo y expansión, rebasar metas tenidas por imposibles, escuchar las aclamaciones del gentío, los gritos de Macho, Padrote, Caudillo, Comandante en Jefe, Guía Supremo, Benefactor. Emitir eructos entre las barbas, descifrar la voluntad soberana en las propias ventosidades y borborigmos. Pesarse regularmente en público y comprobar que el pilón adjunto al brazo mayor de la romana sube al tope en medio de los aplausos y las ovaciones de la multitud enfebrecida.