«Tenía un negocio importante entre manos. ¿Por qué había de pasar algo así precisamente ese día?»

YOSHIO ONUMA (62)

El señor Onuma regenta una tienda al por mayor de quimonos en Kakibaracho, en Nihonbashi. Tiene el pelo blanco y lleva gafas. A primera vista da la impresión de ser un hombre afable. No parece uno de esos tipos que hacen negocios quitándose a sus competidores de en medio. Podría pasar perfectamente por un profesor de historia de un instituto cualquiera.

Nació en Hikone, en la prefectura de Shiga. Gracias a la mediación de la escuela donde estudió, entró a trabajar en una tienda al por mayor de quimonos. Al parecer, Oumi, su provincia natal, formaba parte de una especie de ruta del quimono que conectaba distintos lugares del país y que al final le llevó a Tokio. En la tienda donde trabajó en la capital había treinta empleados, la mayoría de ellos originarios de la prefectura de Shiga. Después de más de tres décadas se independizó para montar su propio negocio.

Hay pocas mujeres que vistan actualmente con quimono, por lo que toda la industria relacionada con estas prendas padece una profunda crisis. «Este negocio ya no marcha», se lamenta con un suspiro. Las perspectivas no son muy optimistas. Todos sus colegas han cambiado de ocupación. Quizás es su forma de hablar, pero da la impresión de no estar demasiado animado.

Durante la entrevista se quejó amargamente de que, además de estar ya bastante fastidiado, encima se había convertido en víctima del sarín… Cierto, quienes viven de su propio negocio no tienen a nadie que los sustituya por muy mal que se encuentren.

Nuestro sector aguantó más o menos en la época de la burbuja. El punto álgido, de hecho, se alcanzó durante la crisis del petróleo. Por aquel entonces se extendió el rumor de que ya no se iban a hacer más quimonos. No tenía ningún fundamento, pero cundió el pánico. Las tiendas acapararon todo el género que encontraron y todo el mundo se lanzó a hacer pedidos. El rumor se originó en la región de Kansai. Vino mucha gente de allí para comprar. Desde entonces el trabajo está muy difícil.

Me puse a trabajar por mi cuenta con cincuenta años. Estaba a cargo de la administración de la empresa, pero se produjo una reestructuración y nos echaron a todos. Monté mi propio negocio con otros cinco compañeros que se encontraron en la misma situación. Lo fueron dejando sucesivamente y, al final, me quedé solo. El negocio no daba para tanta gente. No creo que vuelva la moda de los quimonos, la verdad. Es algo que deseamos todos, pero es más un sueño que otra cosa. Cada vez hay menos ocasiones en la vida cotidiana de vestir quimono. Además, quedan pocas mujeres que sepan vestirse.

Vivo en Shinkoiwa con mi mujer y una hija. Nuestra casa está a diez minutos a pie desde la estación. En total tenemos tres hijos, pero los otros dos se han independizado. La que queda en casa también trabaja; sin embargo, todavía no puedo permitirme el lujo de retirarme. De momento, al menos, disfruto de cierta holgura.

Tomo la línea Shobu de la JR hasta la estación de Akihabara. Allí hago transbordo a la línea Hibiya para ir hasta Ningyomachi. Normalmente trato de llegar a las nueve, pero aquel 20 de marzo salí una hora antes de lo normal. ¿Por qué? Porque por primera vez en mucho tiempo un cliente me hizo un pedido de tela con tintura especial. Lo tenía preparado y quería entregárselo ese mismo día, antes de cerrar el año fiscal. Mi cliente empieza a trabajar muy temprano. Se lo quería llevar antes de las diez de la mañana para que confirmase que todo estaba bien. El tintorero estaba en Nerima. Mi plan era pasar primero por la oficina, recoger al tintorero en Nerima e ir juntos a Itabashi.

En condiciones normales no me tomo la molestia de ir a ver a los clientes con el tintorero, pero era la primera vez que recibía un pedido de ese cliente y pensé que sería bueno de cara al futuro. Por eso salí de casa una hora antes de lo normal. Se trataba de un pedido importante y quizá podrían llegar más. Tenía que estar todo a gusto del cliente.

Cuando llego a la línea Hibiya siempre me subo en el primer vagón. El tren iba lleno, como de costumbre. Nada más salir de la estación de Akihabara, el convoy se detuvo. Anunciaron por megafonía que se había producido una explosión en Tsukiji. Dijeron que también había sucedido algo en Hatchobori. En cualquier caso, estuvimos mucho tiempo parados, calculo que entre diez y quince minutos. No podíamos continuar porque los trenes precedentes también estaban bloqueados.

Me impacienté. Tenía un negocio importante entre manos. ¿Por qué había de pasar algo así precisamente ese día? Poco después se produjo otro anuncio: «En cuanto desciendan los viajeros del tren detenido en la estación de Kodenmacho continuaremos. Este tren no presta servicio a partir de ahí. Rogamos a todos los pasajeros que se apeen». Por fin empezó a moverse. Tenía intención de caminar desde Kodenmacho hasta Suitengu-mae y desde allí tomar la línea Hanzomon, a pesar de que en ese trayecto podía tardar mucho; cada vez me impacientaba más. Tenía que apresurarme como fuera.

Cuando el tren llegó a la estación, reinaba una gran confusión. Los pasajeros del tren anterior seguían allí. Había un joven que alborotaba. Estaba junto a la pared. Lo vi por la ventanilla y me pregunté qué pasaba. Era una escena muy poco habitual. No paraba de gritar. Después me di cuenta de que sufría mucho. Otro hombre que parecía un compañero suyo —en realidad no estoy seguro de que lo fuera— trataba de calmarlo.

Como ya le he explicado antes, yo estaba en el primer vagón. La salida en Kodenmacho se encuentra por la parte de atrás. No me quedaba más remedio que recorrer todo el andén. Junto a un pilar, aproximadamente a la altura del tercer vagón por la parte delantera, había algo de este tamaño cubierto con papel de periódico. (Muestra con las manos algo superior a un folio.) El suelo y el papel estaban empapados. Pasé junto a aquella cosa y percibí un olor. Estoy seguro de que olía a algo como medicamento. Me lo han preguntado muchas veces, pero hasta entonces nunca había olido nada parecido. Me resulta difícil describirlo con palabras. No le puedo decir que se pareciera a algo conocido. En cualquier caso, no me preocupé. Simplemente era un olor que emanaba de aquel paquete.

Junto al torniquete de salida había gran cantidad de gente. Avanzábamos a duras penas. Mi única obsesión era salir de allí lo antes posible. Quizá por eso no me percaté de nada más. Tenía mucha prisa. No sé qué fue del joven que alborotaba. No volví a verlo. Subí las escaleras y llegué a la calle. Hablé con una persona que subía junto a mí: «¿Qué estará pasando?», le pregunté. Noté como si fuera a perder la conciencia. Estaba mareado. Fue algo pasajero y enseguida me recuperé. Encendí un cigarrillo y caminé junto a aquel desconocido.

Había mucha gente que se dirigía a Suitengu-mae. Caminábamos todos juntos. Desde Kodenmacho son más de diez minutos y el trayecto no me resultó especialmente penoso. Podía caminar sin problemas. Sin embargo, llegué a la tienda, abrí la puerta y, al entrar, descubrí que todo estaba muy oscuro. Era un día espléndido, no sabía a qué se debía esa oscuridad repentina. Parecía que llevase gafas de sol. Me fui al lavabo, hice unas gárgaras. No tengo costumbre de hacerlo, pero me sentía mal por aquel extraño olor.

De todos modos tenía que ir a recoger al tintorero. Como la línea Hanzomon funcionaba, se me ocurrió ir hasta Otemachi y de allí cambiar a la línea Marunouchi hasta Ikebukuro para volver a cambiar a la línea Seibu. Acostumbro a leer el periódico en el metro, pero me resultaba difícil hacerlo sumido en esa oscuridad. No quiero decir que no pudiera, simplemente que no veía bien. Pensé: «¡Qué raro!». Aparte de eso no noté nada más. Fui a la tintorería, recogí el pedido y me dirigí con el tintorero a Itabashi. Fuimos en su coche. Como estaba preocupado por lo que había presenciado un rato antes, le pedí que encendiese la radio. Las noticias ya hablaban del atentado. Me enteré de todos los detalles, pero ya que había llegado hasta allí, quería terminar mi trabajo. Ya tendría tiempo después de ir al hospital.

El cliente se preocupó mucho por mi estado. Insistió en que fuera enseguida al médico. No hablamos prácticamente nada del negocio. Le hice caso y me dirigí al hospital. Pasamos por Kinshicho y allí tomé el metro para ir al hospital de Bokuto. Nada más llegar, el doctor me examinó y concluyó que debía ingresar de inmediato. Estuve dos noches. No me dolía la cabeza ni nada. Dormía bien por la noche. Nunca había estado enfermo hasta ese momento. Mi tensión era normal. Ahora, sin embargo, se me entumece de vez en cuando la pierna izquierda. No sé si se debe al sarín, lo único de lo que estoy seguro es de que antes no me pasaba. También me lloran los ojos. Es posible que se deba a la edad, aunque nadie es capaz de determinar la causa exacta.

¿Algún daño psicológico? Bueno, me irrita mucho la situación del negocio, pero supongo que ése es otro problema. (Risas.) Si una persona que trabaja por su cuenta como yo ingresa tres días en el hospital, cuando sale se encuentra con un montón de cosas por hacer. Nadie puede hacerlas en su ausencia… Por si fuera poco, casi estábamos a fin de mes. Un verdadero desastre, vamos. Si al menos hubiera contado con cierto margen, la cosa no habría sido tan grave, pero estaba al límite de mis posibilidades. Quizá soy una persona poco afortunada o que no ha sabido hacer bien las cosas. (Risas.) Al menos el negocio de aquel día salió adelante. Es lo único que salió bien.

Siento una rabia inmensa hacia la gente de Aum y lo que más me molesta es que ahora traten de hacerse los inocentes. Estoy tan enfadado que no puedo expresarlo con palabras.

Underground
cubierta.xhtml
sinopsis.xhtml
titulo.xhtml
info.xhtml
mapa.xhtml
Primeraparte.xhtml
Prologo_0002_0001.htm
Linea_Chiyoda_Tren_A725K_0002_0002.xhtml
Section0001.xhtml
Section0002.xhtml
Section0003.xhtml
Section0004.xhtml
Section0005.xhtml
Section0006.xhtml
Section0007.xhtml
Section0008.xhtml
Section0009.xhtml
Section0010.xhtml
Linea_Marunouchi_destino_a_Ogikubo_0002_0013.xhtml
Section0011.xhtml
Section0012.xhtml
Section0013.xhtml
Section0014.xhtml
Section0015.xhtml
Section0016.xhtml
Section0017.xhtml
Section0018.xhtml
Linea_Marunouchi_destino_a_Ikebukuro_Tren_B801__A801__B901_0002_0022.xhtml
Section0019.xhtml
Section0020.xhtml
Section0021.xhtml
Linea_Hibiya_procedente_de_Nakameguro_Tren_B711T_0002_0026.xhtml
Section0022.xhtml
Section0023.xhtml
Section0024.xhtml
Section0025.xhtml
Section0026.xhtml
Section0027.xhtml
Section0028.xhtml
Section0029.xhtml
Linea_Hibiya_procedente_de_Kitasenju_destino_a_Nakameguro_Tren_A720S_0002_0035.xhtml
Section0030.xhtml
Linea_Hibiya_Tren_A738S_0002_0037.xhtml
Section0031.xhtml
Section0032.xhtml
Section0033.xhtml
Section0034.xhtml
Section0035.xhtml
Section0036.xhtml
Section0037.xhtml
Section0038.xhtml
Section0039.xhtml
Section0040.xhtml
Section0041.xhtml
Section0042.xhtml
Section0043.xhtml
Section0044.xhtml
Section0045.xhtml
Section0046.xhtml
Section0047.xhtml
Section0048.xhtml
Tren_A738S_procedente_de_Takenozuka_0002_0056.xhtml
Section0049.xhtml
Section0050.xhtml
Section0051.xhtml
Section0052.xhtml
Section0053.xhtml
Section0054.xhtml
Section0055.xhtml
Section0056.xhtml
Section0057.xhtml
Section0058.xhtml
Section0059.xhtml
Section0060.xhtml
Section0061.xhtml
Section0062.xhtml
Section0063.xhtml
Epilogo_0002_0072.xhtml
Section0064.xhtml
Segunda_parte_El_lugar_que_nos_prometieron_0003_0000.xhtml
Section0065.xhtml
Prologo_0003_0001.xhtml
Section0066.xhtml
Section0067.xhtml
Section0068.xhtml
Section0069.xhtml
Section0070.xhtml
Section0071.xhtml
Section0072.xhtml
Section0073.xhtml
Epilogo_0003_0010.xhtml
autor.xhtml
notas.xhtml