Línea Hibiya (procedente de Naka-meguro)

Tren B711T

El equipo formado por Toru Toyoda y Katsuya Takahashi colocó los paquetes con gas sarín en el tren de la línea Hibiya dirección norte, procedente de Naka-meguro y destino a Tobu-dobutsu-koen, el parque zoológico de Tobu. Toyoda fue el autor material del atentado; Takahashi, el conductor.

Toyoda nació en 1968 en la prefectura de Hyogo, cerca de la ciudad de Kobe. Tenía veintisiete años en el momento del atentado. Era uno más de los numerosos miembros de la llamada «superélite» formada en diversas ramas científicas y convertida al culto de Aum. Estudió física aplicada en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Tokio, donde se graduó con honores. Continuó sus estudios de posgrado en un prestigioso laboratorio y, antes de concluir su doctorado, lo dejó todo para jurar votos.

En la jerarquía de la secta, Toyoda estaba adscrito a la brigada química dependiente del ministerio de ciencia y tecnología.

Durante el juicio que se siguió contra él se le pudo ver en el banquillo de los acusados con el pelo cortado a cepillo, vestido con una camiseta blanca y una chaqueta negra. Sus pómulos marcados acentuaban los rasgos de su cara delgada y con su mirada fulminaba a todos los presentes. Era el gesto severo de un estudiante joven, serio, desafiante, vivo reflejo de un entregado «buscador de la verdad». Un tipo de persona que no descansa nunca una vez se ha fijado un objetivo, que le gusta llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias. Aunque también podría ser una de esas personas capaces de entregar su vida a una causa. Daba la impresión de ser agudo e inteligente, pero en apariencia sólo estaba interesado en objetivos claros y cuantificables.

Practicante durante muchos años del kick boxing Shaolin, mantenía la espalda completamente derecha, la barbilla gacha, la cara al frente, los ojos siempre entornados, como si durante todo el juicio no se hubiera dedicado a otra cosa más que a meditar el proceso. No se inmutó ni un solo momento. Sólo abría los ojos cuando se producía en la sala algún movimiento poco habitual y ni siquiera entonces su mirada llegaba a cruzarse con la de nadie. Con su porte parecía demostrar que se sometía a la más estricta de las disciplinas, que en realidad no había dejado de practicarla en ningún momento.

El contraste no podía ser más notorio entre Toyoda y el ufano y malcriado Kenichi Hirose, sentado junto a él. No había forma de saber qué pensaba o sentía Toyoda. Parecía capaz de bloquear cualquier titubeo o emoción gracias a su enorme fuerza de voluntad.

El 18 de marzo, Toyoda recibió órdenes de su superior en el ministerio de ciencia y tecnología, Hideo Murai, de perpetrar el atentado. Hasta ese momento había trabajado en el programa de desarrollo de armas de luz y ya tenía las manos manchadas a causa de varias actividades ilegales. A pesar de sus antecedentes, el plan de atacar el metro de Tokio con gas sarín le pilló por sorpresa. Dado su profundo conocimiento de química, gracias también a su participación en la fabricación del sarín en Satyam número 7 (uno de los refugios de Aum), podía imaginar las trágicas consecuencias del plan. Se dio cuenta de que lo único que querían de él era que participase en una matanza indiscriminada.

Como es natural, a Toyoda le angustiaron las posibles consecuencias del atentado. Para una persona corriente con sentimientos corrientes, sólo imaginar algo tan abominable resultaría insoportable, pero Toyoda no podía contradecir una orden emanada directamente de su maestro. Se sentía como si estuviera en un coche a una velocidad de vértigo a punto de precipitarse a un abismo. Carecía del coraje y del juicio necesarios para rechazar o evitar la destrucción que se avecinaba. Lo único que podía hacer, y eso es exactamente lo mismo que hizo Hirose, era aferrarse con todas sus fuerzas a las «enseñanzas» para, de esa manera, disipar todas sus dudas. En suma, anular sus sentimientos. En lugar de saltar de un coche en marcha por voluntad propia y afrontar las consecuencias, le resultó mucho más fácil obedecer. Toyoda templó sus nervios. Una vez decidido, las cosas se desarrollaron sin impedimentos.

Dejó el ajid de Aum en Shibuya a las 6:30 de la mañana. Se subió al coche que conducía Takahashi y se dirigió a la estación de Naka-meguro para tomar la línea Hibiya. De camino, compró un ejemplar del diario Hochi-Shimbun y lo utilizó para envolver los paquetes que contenían el gas sarín.

Le habían asignado el tren B771T con salida a las 7:59 en dirección a Tobu-dobutsu-koen. Se subió al primer vagón y se sentó en el asiento más próximo a la puerta. Como todos los días a esa hora de la mañana, el tren iba lleno de pasajeros que se dirigían al trabajo. Es probable que para todas las personas que estaban en el tren aquella mañana del 20 de marzo de 1995, aquél no fuera más que otro día cualquiera en sus vidas. Toyoda colocó la mochila a sus pies; sacó con naturalidad los paquetes de gas sarín envueltos en papel de periódico y los dejó en el suelo. En total, no estuvo en el tren más de dos minutos. Cuando el convoy se detuvo en Ebisu, la siguiente estación, perforó los paquetes varias veces con la punta del paraguas sin vacilar, se levantó y salió. Se apresuró hacia la salida donde le esperaba Takahashi en el coche. Todo salió de acuerdo con el plan, como si trazara una línea recta sobre un papel en blanco.

De regreso al ajid de Shibuya, Takahashi empezó a mostrar síntomas de envenenamiento por sarín. Fue el único error de cálculo en la operación. El líquido que impregnó la punta del paraguas y la ropa de Toyoda empezaba a hacer efecto. Por fortuna para él, Shibuya no estaba lejos y el daño no fue grave.

La punta de su paraguas perforó los paquetes de plástico y derramó novecientos mililitros de gas en el suelo. Cuando el tren llegó a Roppongi, dos estaciones más tarde, los pasajeros del primer vagón comenzaron a sentirse «raros». Poco antes de llegar a la siguiente estación, la de Kamiyacho, cundió el pánico. La gente se afanaba por abrir las ventanas del vagón, pero eso no fue suficiente para evitar los graves daños causados por el gas. Muchos pasajeros se derrumbaron en el andén de la estación de Kamiyacho. Tuvieron que llevarlos en ambulancia al hospital. Milagrosamente sólo murió una persona, si bien quinientas treinta y dos resultaron heridas de distinta consideración. El tren B711T continuó su trayecto hasta Kasumigaseki con el primer vagón vacío. Allí evacuaron al resto de los pasajeros y el tren quedó fuera de servicio.[9]

Underground
cubierta.xhtml
sinopsis.xhtml
titulo.xhtml
info.xhtml
mapa.xhtml
Primeraparte.xhtml
Prologo_0002_0001.htm
Linea_Chiyoda_Tren_A725K_0002_0002.xhtml
Section0001.xhtml
Section0002.xhtml
Section0003.xhtml
Section0004.xhtml
Section0005.xhtml
Section0006.xhtml
Section0007.xhtml
Section0008.xhtml
Section0009.xhtml
Section0010.xhtml
Linea_Marunouchi_destino_a_Ogikubo_0002_0013.xhtml
Section0011.xhtml
Section0012.xhtml
Section0013.xhtml
Section0014.xhtml
Section0015.xhtml
Section0016.xhtml
Section0017.xhtml
Section0018.xhtml
Linea_Marunouchi_destino_a_Ikebukuro_Tren_B801__A801__B901_0002_0022.xhtml
Section0019.xhtml
Section0020.xhtml
Section0021.xhtml
Linea_Hibiya_procedente_de_Nakameguro_Tren_B711T_0002_0026.xhtml
Section0022.xhtml
Section0023.xhtml
Section0024.xhtml
Section0025.xhtml
Section0026.xhtml
Section0027.xhtml
Section0028.xhtml
Section0029.xhtml
Linea_Hibiya_procedente_de_Kitasenju_destino_a_Nakameguro_Tren_A720S_0002_0035.xhtml
Section0030.xhtml
Linea_Hibiya_Tren_A738S_0002_0037.xhtml
Section0031.xhtml
Section0032.xhtml
Section0033.xhtml
Section0034.xhtml
Section0035.xhtml
Section0036.xhtml
Section0037.xhtml
Section0038.xhtml
Section0039.xhtml
Section0040.xhtml
Section0041.xhtml
Section0042.xhtml
Section0043.xhtml
Section0044.xhtml
Section0045.xhtml
Section0046.xhtml
Section0047.xhtml
Section0048.xhtml
Tren_A738S_procedente_de_Takenozuka_0002_0056.xhtml
Section0049.xhtml
Section0050.xhtml
Section0051.xhtml
Section0052.xhtml
Section0053.xhtml
Section0054.xhtml
Section0055.xhtml
Section0056.xhtml
Section0057.xhtml
Section0058.xhtml
Section0059.xhtml
Section0060.xhtml
Section0061.xhtml
Section0062.xhtml
Section0063.xhtml
Epilogo_0002_0072.xhtml
Section0064.xhtml
Segunda_parte_El_lugar_que_nos_prometieron_0003_0000.xhtml
Section0065.xhtml
Prologo_0003_0001.xhtml
Section0066.xhtml
Section0067.xhtml
Section0068.xhtml
Section0069.xhtml
Section0070.xhtml
Section0071.xhtml
Section0072.xhtml
Section0073.xhtml
Epilogo_0003_0010.xhtml
autor.xhtml
notas.xhtml