Giacomo

Ginevra y yo nos saludamos ya todos los días cuando nos vemos en el colegio y, a veces, también a la salida, si ella no lleva mucha prisa. Ayer, además, se ha producido una novedad: me ha llamado por mi nombre.

La frase exacta ha sido la siguiente: «Giacomo, ¿tienes un bolígrafo de sobra? El mío no escribe».

Estábamos haciendo un examen de italiano y, dicho así, puede parecer una cosa sin importancia. Solo me ha pedido un bolígrafo y para dirigirse a mí me ha llamado por mi nombre, ¿cómo iba a hacerlo, si no?

En el colegio, sin embargo, todos nos llamamos por el apellido; solo nos llamamos por el nombre cuando somos realmente amigos. Y esto significa que no ha sido una cosa sin importancia.

He pensado que tendría que haberle contestado llamándola yo también por su nombre, algo que no he hecho jamás. No he sido capaz, pero en los próximos días juro que lo intentaré, de una forma u otra.

También he pensado que quiero grabarle un mix con las canciones que más me gustan, casi todas de antes de que yo naciera. Cosas que escuchaban mis padres, tipo los Rolling Stones, Led Zeppelin, Dire Straits. Las grabaré en una memoria USB y ya encontraré luego la forma de dársela. Cierto, no será fácil hacerlo sin que me vea nadie, pero ya pensaré en eso en el momento oportuno.

Tengo que admitirlo: creo que me gusta Ginevra con locura.

* * *

Esta noche Scott me ha llevado al lago, al que tiene el agua tan transparente que parece una piscina, y ha dicho que podíamos bañarnos. Me he tirado de cabeza —ahora que lo pienso, estaba totalmente vestido— y me he deslizado como un pez varios metros por debajo de esa agua azul y límpida. Tengo que aclarar algo enseguida: yo no sé tirarme de cabeza y aunque sé nadar más o menos bien, las piscinas hondas me dan miedo, como tantas otras cosas, por otro lado.

En el lago del parque ha sido distinto. Me sentía seguro y he nadado mucho, también debajo del agua, con los ojos abiertos, y viéndolo todo tan bien como si llevase gafas de bucear. Scott también se ha tirado al agua y ha nadado conmigo; hemos jugado juntos y ha sido todo muy divertido. Cuando hemos salido del agua estábamos secos, lo que, visto desde este lado, puede parecer imposible, pero en esos momentos me ha parecido perfectamente natural.

¿Scott?

Dime, jefe.

—Estamos en un sueño, ¿verdad?

Yo diría que sí, jefe.

—Te lo pregunto porque a veces me parece todo muy real.

Scott se ha sentado delante de mí y me ha mirado ladeando la cabeza, esperando a que le preguntase lo que quería preguntarle.

—Si hago, o digo, una cosa aquí, ¿puede producir efectos en el... mundo real?

Me ha parecido que Scott se sonreía antes de contestarme.

Casi todo lo que ocurre en el mundo real depende de lo que haces y dices en esta parte, jefe. Y viceversa. Muchos no lo saben, pero así es.

Era una frase un poco enigmática y no estoy seguro de haber entendido bien lo que Scott quería decir. He intentado concentrarme, pero cuanto más intentaba aferrar el significado de esa frase —y lo que tenía que ver conmigo, con Ginevra— más se me escapaba.

Luego todo se ha vuelto nebuloso y al final me he despertado.