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Mike tamborileaba con los dedos sobre el volante del Saab. Llevaba unos cuarenta minutos de guardia cuando comenzó a preguntarse si en la comisaría no existiría una salida trasera que Allison pudiera haber utilizado. Era probable. De cualquier modo, la espera no hizo más que acrecentar su impaciencia y convencerlo de que lo que hacía era una estupidez digna de un adolescente. Si quería hablar con Allison Gordon e invitarla a cenar, no tenía más que buscar su teléfono en la guía, llamarla, y hacerlo directamente. Aguardar a cincuenta metros de su trabajo escondido en su coche era para los detectives de Nueva York, o para los cobardes.
Y él ni era un detective ni estaba en Nueva York.
Seguramente ni siquiera se acercaría a hablar con Allison en cuanto la viera salir. Se limitaría a observarla desde allí, jugando a Michael Douglas en Las calles de San Francisco y maldiciendo por haber perdido una hora de su tiempo.
—¡Hola!
Mike se sobresaltó al escuchar una voz procedente de la derecha. No la reconoció, y al volverse comprobó que el rostro más allá del cristal pertenecía a la oficial Dufresne. Su corazón palpitaba con fuerza; no había visto llegar a la mujer. Se las arregló para oprimir el botón correspondiente y bajar la ventanilla con una sonrisa.
—Hola, Dawson. —Patty Dufresne le tendió la mano.
—Hola.
—¿Busca a alguien?
—No, en realidad no.
—¿No?
—Acabo de traer a una persona. Vive allí. —Mike señaló una casa al azar—. Supongo que me he distraído un buen rato.
Dufresne sonrió.
—Será mejor que me vaya —agregó Mike, fingiendo fijar su atención en el reloj digital del salpicadero del Saab—. Debo atender unos asuntos y definitivamente no podré hacerlo desde aquí.
—Que tenga un buen día, Dawson.
Mike le dio las gracias y puso en marcha el coche. Patty Dufresne retrocedió un paso cuando el vehículo se puso en movimiento. Mike aceleró y al cabo de unos segundos vio por el espejo retrovisor que la mujer se quedó observándolo antes de regresar a la comisaría. Supo que ella no había creído una sola palabra de lo que le había dicho. Probablemente la casa que había señalado estaba deshabitada desde hacía tiempo. Había sido un estúpido.
Patty Dufresne, por su parte, no sabía si la casa que Mike había señalado estaba deshabitada o no…, pero era policía, y sí se había preguntado por qué alguien apagaría el motor de su coche cuando simplemente ha dejado a una persona.
Al regresar a casa, Mike se sintió frustrado. Pasó una hora en el estudio procurando concentrarse en una novela, pero Buick 8 no le proporcionó la distracción necesaria para alejarlo de los acontecimientos en la puerta de la comisaría y su comportamiento digno de American Pie.
Pensaba en eso cuando el timbre del teléfono lo sobresaltó. Mientras se dirigía a la sala, recordó la llamada de Robert de la noche anterior y su relato de la discusión con Danna. Se culpó por no haberlo llamado ese día para ver cómo estaba. Supuso que sería él quien llamaba.
¿Quién si no?