1

Domingo, 29 de julio, 2001

Una semana después

Para Robert, la semana siguiente al episodio en Union Lake se convertiría en una película a la que le faltan partes. Ni siquiera habían hallado el cuerpo sin vida de su hijo, aunque sólo fuera para encerrarlo en una caja de madera bien lustrada, ponerle una tapa encima y depositarlo bajo tierra.

La idea de que el hallazgo del cuerpo de Ben pudiera mitigar su dolor era horrible; Robert ni siquiera lo había considerado en esos términos. Eran las partes faltantes de la película. Las partes que era mejor no ver; como cerrar los ojos en el cine en el momento en que el asesino arremete contra una víctima indefensa con un cuchillo de carnicero. Sólo en sueños le era vedada la capacidad de cerrar el ojo de su mente. En ellos veía a Ben, flotando en agua turbia, con sus miembros extendidos y su cabello flameando. Veía sus ojos abiertos pero inmóviles, en un rostro preso de una palidez mortecina y envuelto en algas. La imagen lo acosaba recurrentemente; y conforme transcurrieron los días, empezó a creer que sería cuestión de tiempo hasta que el Ben de su sueño sacudiera la cabeza y le clavara una mirada llena de vida y reproches.

Pero tal cosa no ocurrió, al menos no durante la primera semana. Y en cierto sentido fue peor. El sueño se repitió, inalterable. Robert deseó que el Ben de sus sueños abriera los ojos —le gritara si era posible—, porque al menos eso le haría olvidar la razón por la que flotaba en Union Lake de aquella forma, noche tras noche.

Estaba muerto.

Robert no sabía si había algas en las profundidades de Union Lake, y lo cierto es que tampoco se molestó en averiguarlo. Supuso que las algas eran su aporte personal para darle verosimilitud a la imagen. No se permitió pensar que aquella visión de su hijo ahogado era real; que alguna clase de poder sobrenatural lo estaba conectando con Ben. Por momentos la idea resultaba sumamente atractiva, pero se negó a aceptarla. Tenía una familia, una vida y un hijo muerto por el que tenía que conservar los pies sobre la tierra. Sobre todo por esto último.

Dos buzos profesionales trabajaron durante cuatro días sin lograr absolutamente nada. Desde que Larry Holmes saliera del conducto de toma auxiliar con la gorra azul de Ben en su mano izquierda, no hallaron ningún otro rastro del niño. Ni una zapatilla, ni un cabello, nada. Robert sabía que las posibilidades de que Ben hubiera alcanzado la salida de la tubería en el otro extremo eran sumamente reducidas. Aun logrando semejante hazaña, llegar a la superficie del lago emergiendo a esa profundidad sería todavía menos probable. Creer que dos cosas semejantes pudieran ocurrir simultáneamente era como pretender ganar dos veces seguidas a la lotería. Y nadie ganaba dos veces seguidas a la lotería.

La conjetura más pesimista indicaba que si Ben había muerto ahogado dentro de la tubería, entonces los buzos encontrarían el cuerpo allí dentro, o en las inmediaciones de la toma. Pero no había ocurrido ni lo uno ni lo otro, y la verdad es que no había una explicación demasiado satisfactoria para eso. Union Lake no poseía corrientes fuertes; dos días de trabajo deberían haber sido suficientes para dar con el cuerpo.

Las tareas se habían prolongado durante cuatro.

Una semana después, Ben seguía siendo considerado un niño desaparecido; uno más en la lista de aquellos que se saben perdidos para siempre. Su fotografía se actualizaría en los archivos según como se vería su rostro con el paso del tiempo: una técnica de manipulación fotográfica sumamente llamativa, pero que rara vez daba buenos resultados. Las posibilidades de recibir información, o incluso recuperar a un niño desaparecido, son inversamente proporcionales al tiempo transcurrido. Las primeras veinticuatro horas resultan fundamentales. Las primeras veinticuatro horas del décimo año son tan importantes como el nombre de la primera novia de nuestro bisabuelo.

Durante los días en que la búsqueda tuvo lugar, Robert se permitió presenciar la labor de los buzos. En algunas ocasiones, Mike lo acompañó en la orilla del lago, otras veces fue Andrea, pero la mayor parte del tiempo lo pasó solo. Sentado contra un árbol, esperaba la negativa de los buzos al hacer su aparición en la superficie. Lo hacía con dolor, alimentando la llama que simbolizaba la posibilidad de encontrar a Ben con vida. Una llama peligrosa e imposible de extinguir por completo, y que no haría más que iluminar y retrasar la curación de una herida que llevaría de por vida.

A sus cuarenta y tres años, nunca había padecido la muerte de un ser querido cercano; contaba con sus padres y su hermana. Podía levantar el teléfono y hablar con ellos si le apetecía. Pero un hijo era diferente. Se suponía que Ben tenía que ver la décima temporada de Friends, tener novias, su primer coche, ir a la universidad. La pérdida de un padre, quien quizás pasa la mayor parte del día maldiciendo su artritis, es completamente diferente. La vida es un ciclo, y cuando se cierra se escucha un clic. Puede ser inmensamente doloroso, pero es éste quien se encarga de indicar que el ciclo se ha cerrado y que las cosas son como Dios las organizó para nosotros. Robert descubriría que en el caso de un hijo, ese clic reparador no llega nunca, no importa cuánto agucemos el oído o nos digamos a nosotros mismos que lo hemos escuchado.

Cuando la búsqueda cesó, las esperanzas se extinguieron por completo. Dos buzos habían trabajado incansablemente, e incluso una unidad especial se había presentado con equipamiento sofisticado. El sistema incluía un dispositivo basado en ondas de choque y rebote, similar al que se utiliza para detectar cardúmenes. Sólo que éste era un dispositivo sumamente preciso, según había comentado el operario que hablaba con una sonrisa orgullosa, como si él mismo lo hubiera inventado. Harrison le dijo a Robert que destinaría recursos para hacer lo que estuviera a su alcance, pero resultó evidente la impotencia con que pronunció estas palabras.

Alguna vez, Robert había ayudado a Harrison y aquello había iniciado una amistad entre los dos hombres. Ahora Robert había perdido a su hijo de diez años y no había nada que Harrison pudiera hacer al respecto.

Un ciclo que no se cierra.

No importa cuánto empeño se destine a entenderlo. Cualquier línea de pensamiento lleva a un punto abierto. Así lo sentía Robert y no podía pensar en ello de una manera más clara.

Un gran ¿POR QUÉ? Inmenso, erguido solitario en medio de su cabeza, como un letrero de McDonald’s en una carretera desierta.

Cuando un atisbo de entendimiento asomaba en algún momento; cuando la idea de que nada de aquello podía ser posible y por lo tanto no estaba sucediendo…, la realidad lo golpeaba con fuerza…, el golpe de una mano implacable, y otra vez:

¿POR QUÉ?

A las visitas a Union Lake siguieron dos días angustiosos en su casa. La familia entera estaba sumida en una profunda depresión; desarticulada como un engranaje al que le falta una pieza fundamental. Robert no sentía deseos de ir a la redacción, pero comprendió que quedarse en casa no sólo no lo ayudaba, sino que era peor. Mike fue uno de los que insistió en que retomar sus obligaciones en el periódico le sería de gran ayuda. Ocupar la mente en algo. Ponerse en movimiento. Hacerlo poco a poco y sin prisa.

Aquéllas fueron las palabras de Mike. Y estaba en lo cierto.

Benjamín
cubierta.xhtml
sinopsis.xhtml
titulo.xhtml
info.xhtml
dedicatoria.xhtml
primera.xhtml
capit1.xhtml
Section0001.xhtml
Section0002.xhtml
Section0003.xhtml
Section0004.xhtml
Section0005.xhtml
Section0006.xhtml
Section0007.xhtml
Section0008.xhtml
capit2.xhtml
Section0009.xhtml
Section0010.xhtml
Section0011.xhtml
Section0012.xhtml
Section0013.xhtml
Section0014.xhtml
Section0015.xhtml
Section0016.xhtml
Section0017.xhtml
Section0018.xhtml
Section0019.xhtml
Section0020.xhtml
Section0021.xhtml
Section0022.xhtml
Section0023.xhtml
capit3.xhtml
Section0024.xhtml
Section0025.xhtml
Section0026.xhtml
Section0027.xhtml
Section0028.xhtml
Section0029.xhtml
Section0030.xhtml
Section0031.xhtml
Section0032.xhtml
Section0033.xhtml
Section0034.xhtml
segunda.xhtml
capit4.xhtml
Section0035.xhtml
Section0036.xhtml
Section0037.xhtml
Section0038.xhtml
Section0039.xhtml
Section0040.xhtml
Section0041.xhtml
Section0042.xhtml
Section0043.xhtml
Section0044.xhtml
Section0045.xhtml
capit5.xhtml
Section0046.xhtml
Section0047.xhtml
Section0048.xhtml
Section0049.xhtml
Section0050.xhtml
Section0051.xhtml
Section0052.xhtml
Section0053.xhtml
Section0054.xhtml
Section0055.xhtml
Section0056.xhtml
capit6.xhtml
Section0057.xhtml
Section0058.xhtml
Section0059.xhtml
Section0060.xhtml
Section0061.xhtml
Section0062.xhtml
Section0063.xhtml
Section0064.xhtml
Section0065.xhtml
capit7.xhtml
Section0066.xhtml
Section0067.xhtml
Section0068.xhtml
Section0069.xhtml
Section0070.xhtml
Section0071.xhtml
Section0072.xhtml
Section0073.xhtml
Section0074.xhtml
Section0075.xhtml
Section0076.xhtml
Section0077.xhtml
capit8.xhtml
Section0078.xhtml
Section0079.xhtml
Section0080.xhtml
Section0081.xhtml
Section0082.xhtml
Section0083.xhtml
Section0084.xhtml
Section0085.xhtml
Section0086.xhtml
Section0087.xhtml
capit9.xhtml
Section0088.xhtml
Section0089.xhtml
Section0090.xhtml
Section0091.xhtml
Section0092.xhtml
Section0093.xhtml
Section0094.xhtml
capit10.xhtml
Section0095.xhtml
Section0096.xhtml
Section0097.xhtml
Section0098.xhtml
Section0099.xhtml
Section0100.xhtml
Section0101.xhtml
Section0102.xhtml
Section0103.xhtml
capit11.xhtml
Section0104.xhtml
Section0105.xhtml
Section0106.xhtml
Section0107.xhtml
Section0108.xhtml
Section0109.xhtml
Section0110.xhtml
Section0111.xhtml
tercera.xhtml
capit12.xhtml
Section0112.xhtml
Section0113.xhtml
Section0114.xhtml
Section0115.xhtml
Section0116.xhtml
Section0117.xhtml
Section0118.xhtml
capit13.xhtml
Section0119.xhtml
Section0120.xhtml
Section0121.xhtml
Section0122.xhtml
Section0123.xhtml
Section0124.xhtml
Section0125.xhtml
Section0126.xhtml
epilogo.xhtml
autor.xhtml