15
Ben se había tendido de costado. No podía dormirse.
Encendía la linterna a intervalos irregulares, proyectando el círculo luminoso hacia el otro extremo del desván. Éste, oscuro y silencioso, con sus tabiques de madera y las paredes grises, adquiría un carácter siniestro.
Hacía rato que había advertido la presencia de una caja de cartón en la parte baja del desván. Se preguntó vagamente qué podía hacer una caja como aquélla allí arriba, pero no debía importarle demasiado, porque no se molestó en acercarse.
Pensaba en Rosalía. Entendía perfectamente lo que le había dicho…, la amenaza que representaba Félix Hernández para ella y su hijo. Su rostro se había transformado de un modo atroz.
¡MÁTALOS!
La caja de cartón. ¿Qué contenía?
Tenía las rodillas flexionadas contra el pecho, los miembros contraídos y la espalda endurecida. A pesar del calor que hacía allí arriba, temblaba.
Cuando el cansancio estaba a punto de vencerlo, meciéndolo entre el sueño y la vigilia como lo haría una brisa con la copa de un árbol, sintió que algo se movía a su izquierda.
Algo, o alguien…