Diferenciación sexual del cerebro
Hay pocas dudas de que nuestra identidad de género y nuestra orientación sexual queda programada en el útero para el resto de nuestra vida. Nuestros órganos genitales se diferencian en los primeros meses del embarazo y la diferenciación en el cerebro tiene lugar durante la segunda mitad de la gestación. Dado que los dos procesos ocurren en momentos distintos del embarazo, en aquellos casos excepcionales en que el niño tenga un sexo indefinido a causa de la anatomía de sus órganos sexuales, no puede deducirse si el cerebro se ha desarrollado en un sentido femenino o masculino. En esos casos se ha decidido a veces con extrema ligereza operar de inmediato y dar al bebé el sexo femenino para aclarar las cosas a los padres y al niño. Sin embargo, las asociaciones de pacientes nos han hecho ver cuán a menudo esa decisión ha originado problemas con la identidad de género. En caso de duda sobre la diferenciación sexual del cerebro, cabe la posibilidad de dar al neonato un sexo provisional. Puede posponerse la intervención definitiva hasta conocer la identidad de género a través del comportamiento del niño. Algunas operaciones pueden ser incluso reversibles.
Dado que nuestra identidad de género queda fijada en una fase muy precoz de nuestro desarrollo tampoco es necesario esperar hasta bien entrada la adultez para proceder a un cambio de sexo si la persona está plenamente convencida de querer el cambio. Al contrario, un temprano cambio de sexo tiene múltiples ventajas. En primer lugar, es mucho mejor cambiar de sexo antes de terminar los estudios, iniciar una relación y buscar un trabajo. Además, es más fácil hacer una mujer atractiva de un joven antes de que éste se convierta en un hombretón de metro noventa, ancho de espaldas y con voz recia.
La idea de que tenemos total libertad para elegir lo que queramos es incorrecta y ha causado mucho sufrimiento. En otros tiempos prevalecía la idea de que nuestra orientación sexual era una cuestión de «elección». Y en consecuencia podía «castigarse» la homosexualidad, que, según todas las religiones, es la elección equivocada. Siguiendo la misma línea, la medicina consideraba la homosexualidad una enfermedad. Nuestra orientación sexual no se elige, sino que está programada en el útero. Por consiguiente, la homosexualidad no es la elección «equivocada», como propagan las religiones. Y, en consecuencia, es absurdo intentar transformar a los hombres homosexuales en padres de familia heterosexuales, algo que se sigue intentando a día de hoy en Estados Unidos y en Inglaterra.
La pederastia se programa también en un estadio precoz del desarrollo cerebral. Se puede minimizar los daños a los niños enseñando a esas personas a controlar mejor sus impulsos. Las terapias cognitivas y los antiandrógenos pueden resultar a veces de ayuda. La creación de una red social que acoge a los convictos después de cumplir sus penas en prisión reduce mucho el riesgo de reincidencia. Inversamente, el acoso y el aislamiento de los pederastas pueden tener consecuencias funestas.