XIX.4. El dolor en la demencia

La demencia es una enfermedad humillante que a menudo se acompaña de depresión y, sobre todo al principio del proceso, de angustia. Razones de sobra para convencernos a muchos de nosotros de que no queremos recorrer ese tramo del camino. Junto a una comisión de la NVVE (Nederlandse Vereniging voor Vrijwillige Euthanasie, Asociación Holandesa para la Eutanasia Voluntaria) hemos llegado a la conclusión que en el marco de la ley actual sea posible elegir la eutanasia durante el proceso de demencia, si aún se está a tiempo (XIX.5). Efectivamente, la demencia puede causar un enorme sufrimiento y no sólo por el miedo a la decadencia. El profesor Erik Scherder, neuropsicólogo de VU, ha sido uno de los pocos en señalar que la propia enfermedad cerebral que constituye la base de la demencia dificulta también el diagnóstico del dolor y su tratamiento. El tratamiento inadecuado del dolor en los enfermos dementes es un problema muy frecuente y preocupante, que va en aumento a medida que se agrava la enfermedad. A veces, como sucede en el caso de la demencia vascular, el propio proceso patológico genera un dolor «central». Se dan además muchos dolores crónicos causados por ejemplo por la artrosis y, dado que la demencia es una enfermedad de envejecimiento, es lógico pensar que muchos pacientes con demencia sufren dolores crónicos. Sin embargo, a juzgar por el uso de analgésicos, se obtiene un resultado inverso. Dada la misma dolencia, por ejemplo, una fractura de cadera, a los pacientes con demencia se les administra menos calmantes que a los demás.

La idea de que los pacientes con demencia no experimentan dolor es errónea. El tratamiento inadecuado se debe a que el médico tiene problemas para valorar el grado de dolor del enfermo. Las personas con el cerebro sano son capaces de describir la intensidad del dolor que sienten, además también puede valorarse midiendo la presión sanguínea y la frecuencia cardíaca. Se trata de una reacción del sistema nervioso autónomo. Pero en la enfermedad de Alzheimer este sistema está afectado, de manera que tanto la presión sanguínea como la frecuencia cardíaca de esos pacientes no se alteran cuando existe un dolor moderado y sólo se percibe una alteración de esos valores cuando el dolor es muy agudo. Sin embargo, existen métodos para valorar el grado de dolor, no sólo en los pacientes con un grado de demencia que aún les permite comunicarse, sino también en los que se hallan en una fase aguda de la enfermedad y ya han perdido esa facultad. Existen escalas de dolor para la práctica clínica con las que el primer grupo puede indicar la intensidad del dolor. Con el segundo grupo es preciso trabajar con escalas de observación, igual que sucede con los niños muy pequeños.

Los estímulos dolorosos siguen dos vías. La sensación de dolor pasa por la parte lateral de la médula espinal hasta alcanzar esa zona de la corteza cerebral, donde es procesada. Se trata del sistema lateral. El hecho de que esa parte de la corteza cerebral se vea poco afectada durante la enfermedad de Alzheimer hace que los estímulos dolorosos sean recibidos y procesados con normalidad. El segundo sistema transporta los estímulos dolorosos a través de la parte medial de la médula espinal hasta la corteza cingulada, el sistema de alarma. Esa área está muy deteriorada en los pacientes de alzhéimer. Se trata del sistema medial del dolor que da una respuesta emocional a la sensación dolorosa. En vista de que el sistema lateral funciona correctamente, los pacientes de alzhéimer experimentan dolor, pero como el sistema medial está afectado no comprenden lo que les pasa. Por eso reaccionan de un modo que nosotros no asociamos con el dolor. Fruncen el ceño, se muestran agitados o angustiados.

El grado de dolor en los pacientes con demencia depende además del origen de la demencia. Los enfermos con una demencia vascular experimentan más dolor a causa de la interrupción del sistema de las fibras nerviosas en el cerebro, mientras que los pacientes con demencia frontotemporal sienten menos dolor emocional.

No sería mi elección, pero hay personas que deciden recorrer el camino de la demencia. En su caso debe valorarse de forma precisa y profesional el grado de dolor que sienten y tratarlo adecuadamente porque la idea de que el dolor santifica jamás se ha demostrado científicamente.

Somos nuestro cerebro
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