XII.2. Serendipia: buena suerte en la mala suerte
En la medicina sucede con frecuencia que un hallazgo importante ocurre por accidente, pero para que esto sea así hay que mantener una actitud abierta y tener conocimiento sobre la materia.
Hoy en día, cuando los fármacos antiparkinsónicos ya no dan resultado, suelen implantarse electrodos profundos en el cerebro para estimularlo eléctricamente mediante un marcapasos, de manera que la función de una pequeña área cerebral queda desactivada temporalmente. Resulta impresionante ver cómo los temblores violentos cesan de pronto cuando el propio paciente acciona el estimulador. La historia que llevó al uso de esos electrodos profundos es un clásico ejemplo de serendipia. En la medicina sucede con frecuencia que se produzca un hallazgo sin buscarlo, aunque por supuesto se haga con gran conocimiento de causa. En 1952 iban a realizar una operación cerebral muy drástica a un paciente de párkinson en la que pensaban acabar con los temblores excepcionalmente violentos seccionando el pedúnculo cerebral, lo que dejaría al paciente paralizado. Durante la operación, el cirujano Cooper seccionó accidentalmente una arteria. Cortaron la hemorragia y detuvieron la operación para mayor seguridad. Para sorpresa de todo el mundo, después de la intervención fallida los temblores habían cesado sin que el paciente hubiese sufrido parálisis alguna. Posteriormente, Cooper procedió a cauterizar expresamente aquella arteria, desconectando así una pequeña área cerebral. De ese modo consiguió minimizar los temblores en un 65% de los pacientes de párkinson y la rigidez muscular de un 75% de ellos. Después sobrevino un período en el que, basándose en suposiciones teóricas, se fueron desconectando diversas áreas cerebrales. De ahí se observó que la región debajo del tálamo, el núcleo subtalámico (figura 22), era el que daba mejores resultados. Ahí es donde en la actualidad se siguen implantando la mayoría de los electrodos en los pacientes de párkinson. La ventaja de esos electrodos es que la desconexión de las áreas cerebrales es reversible, de manera que permite observar el punto exacto donde el efecto es mayor y permite corregir la forma en que se estimula el electrodo. Así, pese a que el proceso mismo de la enfermedad no se ralentiza, el paciente sí experimenta una mejoría, tanto para andar como en la lentitud de los movimientos, la rigidez muscular y en los temblores. En el mundo hay unas treinta y cinco mil personas que llevan electrodos profundos implantados en el cerebro. Como en todas las terapias eficaces, existe la posibilidad de que, en una segunda instancia, se produzcan efectos adversos. Los pacientes de párkinson que llevan implantados electrodos profundos pueden ver afectadas las relaciones con sus parejas o con su entorno laboral. A pesar de que la mayor parte de los pacientes se muestran muy satisfechos con la calidad de sus vidas, los familiares admiten que a veces los ven más irritables y lábiles. En el 9% de los casos surgen complicaciones psiquiátricas, como un aumento de la impulsividad a la hora de tomar decisiones o accesos de llanto. La estimulación de los electrodos puede agravar una depresión e incluso a veces inducir al suicidio. Hemos visto pacientes con un electrodo de profundidad implantado en el lugar correcto en el núcleo subtalámico (figura 22) y que se han suicidado. Hace diez años la neurología no se interesaba por esta relación. En una única ocasión el uso de los electrodos ha provocado síntomas de demencia a causa de una hemorragia o daños cerebrales. Pero a veces estas manifestaciones cesan cuando el estimulador se ajusta de forma distinta. También se han descrito algunos casos de psicosis, desinhibición sexual y ludopatía. Un paciente que antes de la operación era el típico holandés ahorrador, después parecía incapaz de pasar de largo al ver una máquina tragaperras. Sólo al cabo de los años, cuando tenía una montaña de deudas, su pareja quería el divorcio y él había intentado suicidarse, el problema captó la atención de los médicos. Con todo, la ludopatía también puede desencadenarse con el tratamiento clásico para el párkinson mediante la administración de L-dopa. Efectivamente, el sistema dopamínergico (figura 15) tiene un papel central en la problemática de la adicción. Un efecto secundario excepcional se presentó en un paciente que desarrolló una manía y se dedicó a comprar casas por España y por Turquía sin tener los medios para pagarlas. El hombre se negaba en redondo a que le desconectasen el electrodo. La estimulación mediante los electrodos profundos puede provocar también trastornos en el pensamiento, la memoria y en la fluidez del habla. La mayoría de los efectos secundarios de orden psiquiátrico de la electroestimulación cerebral profunda son de carácter temporal, tienen tratamiento e incluso pueden prevenirse. Además, nos enseñan algo acerca de la función de las estructuras y los circuitos cerebrales en algunos síntomas psiquiátricos, como la importancia del sistema dopamínergico en las adicciones. El éxito de la electroestimulación cerebral profunda en la enfermedad de Parkinson ha animado a aplicarla en el tratamiento de otros síntomas neurológicos y psiquiátricos, como el dolor crónico, las cefaleas de racimo, la depresión, la angustia, los espasmos musculares, la automutilación y trastornos obsesivo-compulsivos. De momento las posibilidades parecen inagotables. Qué lejos de imaginárselo estaba Cooper cuando en 1952 causó accidentalmente una hemorragia cerebral.