VI.9. La anorexia nerviosa es una enfermedad cerebral

Se desconoce el proceso de la enfermedad, pero debe de desarrollarse en el hipotálamo.

En el Parlamento francés se debatió un proyecto de ley que penalizaba la incitación a la anorexia con tres años de prisión y una multa de cincuenta mil euros. Esa ley estaba dirigida no sólo a las modelos extremadamente delgadas del mundo de la moda, sino también a las páginas web «pro-ana», que, según el ministro francés, propagaban el «mensaje de la muerte». El sector de la moda francés firmó una declaración en favor del uso debido de imágenes de top-models y en contra de la incitación a la delgadez extrema. La unión de médicos británicos también ha establecido una relación entre las modelos anormalmente delgadas y la aparición de trastornos de la alimentación. Y en los Países Bajos, según la prensa, a una chica de dieciséis años con anorexia que apenas pesaba veintiún kilos la sacaron del colegio. Repentinamente parece como si la gente creyera en el mito de que la anorexia se contrae sólo de verla. Una enfermedad contagiosa, como en otro tiempo se creía también, de forma completamente errónea, de la homosexualidad (IV.4). En ambos casos no hay ninguna prueba que lo demuestre. Una campaña de información en Inglaterra que ha costado millones es dinero perdido. Naturalmente, porque gracias a un trastorno de la alimentación se puede conseguir un trabajo como modelo, como percha perfecta, pero, al contrario, las modelos anoréxicas no causan una epidemia de trastornos alimentarios. El hecho de que una mujer ciega desde los nueve meses de edad desarrollara la clásica anorexia nerviosa a los dieciocho no corrobora precisamente la idea del peligro de ver a las modelos delgadas. Además, a diferencia de lo que todo el mundo parece creer, no se ha producido un aumento de la anorexia, aunque sí hay más mujeres que han confesado sus trastornos alimentarios desde que lo hicieran la princesa Diana de Gales, la princesa Victoria de Suecia, Jane Fonda y otras famosas.

Nadie negará que la anorexia es una enfermedad peligrosa. Un 5% de las pacientes que la sufren mueren por su culpa. La enfermedad afecta en un 93% a las mujeres. Al parecer, el cerebro diferenciado en el sentido femenino (IV.1) corre mayor riesgo de padecerla. En Suecia se ha desarrollado una terapia cognitiva mediante la cual las pacientes con anorexia aprenden de nuevo a comer: se trata del método del Mandometer. Es obvio que esta terapia no aporta ninguna información sobre la cuestión de cómo se origina la enfermedad.

Todos los síntomas apuntan a que se trata de una enfermedad del hipotálamo. Paralelamente a los trastornos de la alimentación y a la pérdida de peso, se detiene la menstruación, descienden los niveles de las hormonas sexuales, disminuye la libido, se reduce el funcionamiento de la tiroides, aumenta la actividad de la glándula suprarrenal y se producen trastornos en el balance hídrico y en los ritmos de sueño y vigilia. Si la mujer pierde mucho peso, se le corta el ciclo menstrual. Se trata de un mecanismo de protección con una gran ventaja evolutiva. Si la mujer no dispone de suficiente alimento, no debe quedarse embarazada. Sin embargo, en el 20% de las mujeres que sufren ese trastorno alimentario, la menstruación se detiene antes de que se produzca la pérdida de peso, lo que apunta a la existencia de una patología primaria en el hipotálamo. Una serie de síntomas permanecen incluso después de que se recupere el peso perdido, como los trastornos de la glándula tiroides y la función de la glándula suprarrenal. También la preocupación extrema por las calorías y por la exacta composición de los alimentos y todos los aspectos relacionados con la comida pueden prolongarse mucho tiempo después de la normalización del peso. Por ejemplo, después de que una paciente hubiera superado la fase más grave de la enfermedad, empezó a escribir recetas de cocina para una revista. La persistencia de estos síntomas también indica que existe un proceso patológico del cerebro y que los síntomas de la anorexia no son solamente consecuencia de una pérdida de peso. En la mayoría de los casos, aun cuando las pacientes de anorexia vuelven a comer con normalidad, cabe preguntarse si la enfermedad realmente ha pasado.

Un último argumento a favor de la localización del proceso patológico en el hipotálamo es que todos los síntomas de la anorexia nerviosa pueden desencadenarse cuando hay un quiste, un tumor o cualquier otro defecto en el hipotálamo. A veces, durante la autopsia de una paciente de anorexia se ha encontrado por casualidad una lesión en el hipotálamo. Otra paciente que llevaba mucho tiempo bajo tratamiento psiquiátrico para la anorexia nerviosa empezó a experimentar otros síntomas neurológicos. Le hicieron más exploraciones y hallaron que tenía un tumor en el hipotálamo. Es evidente que estas escasas observaciones no significan que todas las pacientes de anorexia nerviosa tengan un tumor en el hipotálamo, pero sí que una patología hipotalámica primaria es la causante de todos los síntomas de la anorexia y podrían explicar todo el cuadro clínico de la enfermedad. En una resonancia magnética funcional realizada a una paciente en un estadio avanzado de la anorexia se aprecia un encogimiento del cerebro, lo que hace esperar una amplia serie de trastornos conductuales y cognitivos.

No sabemos qué clase de proceso patológico es, aunque sí está claro que además del sexo femenino hay otros factores genéticos que aumentan el riesgo de padecer la enfermedad. Ya se conocen algunos de los genes implicados en el proceso. Un acontecimiento muy estresante, un life-event, puede ser directamente la causa de la enfermedad. Pero los factores que han hecho que esa persona sea tan vulnerable a la enfermedad han ejercido su efecto mucho antes, probablemente durante el desarrollo del cerebro en el útero materno. El ayuno de las pacientes de anorexia se debe probablemente a su dependencia de las sustancias opioides que el cerebro libera ante la escasez de alimento y que activan el centro de recompensa bajo el cuerpo estriado (figura 15). Con todo, la enfermedad original de la que se derivan todos estos factores sigue siendo un misterio. Mi teoría favorita es que se trata de un proceso autoinmune. Ciertamente, se han hallado anticuerpos en la sangre de pacientes de anorexia dirigidos contra neurotransmisores que funcionan en el hipotálamo en la regulación de la alimentación y el metabolismo. Sólo se puede descubrir la naturaleza de la patología si se estudia bajo el microscopio el cerebro de una paciente fallecida de anorexia. Pero la autopsia necesaria despierta gran rechazo tanto por parte de los terapeutas como de las pacientes y expacientes. Una de estas últimas se negaba en redondo a creer que una enfermedad cerebral pudiese ser la causa de la anorexia en vista de que ella se había curado. Nunca he llegado a entender la lógica de su afirmación. Afortunadamente, hay muchas enfermedades que desaparecen por sí solas. Otra no quería oír hablar de enfermedad cerebral, porque «se trata de cómo vive uno la vida». Como si eso no tuviera que ver con el cerebro.

Somos nuestro cerebro
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