XVI.2. La ventaja evolutiva de la religión
La religión es un formidable medio para tener quieta a la gente.
NAPOLEÓN BONAPARTE (1769-1821)
Con la evolución del hombre moderno surgieron cinco comportamientos característicos, comunes a todas las culturas, que son: la lengua, la fabricación de armas, la música, el arte y la religión. De todos esos rasgos se han hallado antecedentes en el reino animal, salvo de la religión. La ventaja evolutiva que ésta posee para el ser humano es evidente.
1) En primer lugar la religión mantiene unida a la comunidad. Gracias a ella los judíos han sobrevivido como grupo, pese a la diáspora, la Inquisición y el Holocausto. Por esa razón la religión es un instrumento formidable para los líderes. Como Séneca dijo: «La religión es algo verdadero para pobres, falso para sabios y útil para dirigentes». Las religiones emplean una serie de instrumentos para cohesionar el grupo:
1 a) Uno de los mecanismos universales para mantener unido a un grupo es el mensaje de que casarse con un no creyente, un infiel (es decir, alguien que profesa otra creencia), es pecado. En los Países Bajos hay un refrán que dice: «Dos religiones sobre la misma almohada, el diablo duerme en medio». Se trata de un principio que encontramos en todas la religiones, con sus correspondientes castigos y admoniciones. La educación separada para cada religión fomenta la actitud de rechazo hacia los demás, pues ya se sabe que lo que no es conocido mal puede ser querido.
1 b) Con el fin de mantener la unión del grupo, la religión impone muchas normas sociales al individuo en nombre de Dios, a veces con amenazas explícitas en el caso de que no se cumplan. Por ejemplo, uno de los diez mandamientos se ve reforzado con la amenaza de la maldición hasta la cuarta generación. La blasfemia está severamente castigada en el Antiguo Testamento y en Pakistán aún puede costar la pena de muerte. Las amenazas también han contribuido a que las iglesias acumularan poder y riqueza. En la Edad Media se pagaban enormes sumas por las «indulgencias» que le garantizaban a uno reducir los días que había de pasar en el purgatorio. Como se decía durante la Reforma: «En cuanto suena el dinero, el alma sube corriendo al cielo». Al principio del siglo pasado a las autoridades eclesiásticas católicas aún se les condonaban algunos días en el purgatorio en función del rango que ostentasen. Incluso hoy en día siguen funcionando las amenazas y el miedo. En Estados Unidos, un pastor de Colorado introdujo las «Hell Houses» o casas del infierno, adonde enviaban a los niños cristianos para meterles miedo sobre lo que les esperaba a su muerte si no obedecían los preceptos de la fe.
1 c) La fe quiere que sus adeptos sean reconocidos como miembros de la comunidad. Eso se consigue mediante símbolos externos, como hábitos negros, kipás, crucifijos, el chador o un burka, mediante características físicas como la circuncisión de los niños, y mediante el conocimiento de las sagradas escrituras, oraciones y rituales. Es preciso ver y oír quién pertenece a la comunidad para beneficiarse de su protección. Por eso resulta tan absurdo intentar prohibir esos símbolos como, por ejemplo, que las mujeres se cubran la cabeza con un pañuelo. Los contactos sociales dentro de la comunidad comportan aún hoy grandes ventajas y suponen un factor muy importante en las iglesias norteamericanas. El sentimiento de pertenencia ha sido reforzado durante siglos gracias a la devoción que la comunidad profesa a las reliquias. No importa que existan carretadas de ceniza de Buda repartida por los templos de China y de Japón, tampoco importa que se conserven tantos fragmentos de la cruz de Jesús que, según Erasmo, podría construirse una flota entera de barcos. Eso mantiene unida a la comunidad. Lo mismo puede decirse de las veinte iglesias que aseguran tener el prepucio de Cristo, quien, siguiendo la tradición judía, habría sido circuncidado a los ocho días de nacer. Según algunos teólogos, el prepucio volvió a su cuerpo durante la resurrección. Pero en el siglo XVII el teólogo Leo Allatius consideró que el praeputium Domini ascendió a los cielos separadamente tras la muerte de Cristo y se convirtió en los anillos de Saturno.
1 d) La mayoría de las religiones tienen reglas orientadas a favorecer la procreación. Por ejemplo, condenar los anticonceptivos. La fe debe engrandecerse teniendo muchos hijos a los que adoctrinar después. Así se amplía y fortalece la comunidad.
2) Los mandatos y las prohibiciones de la fe no sólo ofrecían la ventaja de proteger al grupo; los contactos y los preceptos sociales, como por ejemplo la comida kósher, también poseían elementos que beneficiaban la salud. Según varios estudios, la religiosidad trae aparejados algunos indicadores que demuestran una mejor salud mental, como un mayor grado de satisfacción con la propia vida, mejor disposición de ánimo y sensación de felicidad, menos depresión, menos pensamientos suicidas y menos adicciones. Sin embargo, no se ha establecido una causalidad de esas correlaciones y los nexos no son unívocos. Por otra parte, los datos favorables sobre la depresión sólo se refieren a mujeres. Los hombres que van regularmente a la iglesia muestran incluso una tendencia algo mayor a sufrir depresiones. Un estudio israelí mostró, contraviniendo por completo la hipótesis de los investigadores, que llevar un estilo de vida religioso a lo largo de treinta y cinco años duplicaba el riesgo de padecer demencia. Además, hay estudios que han demostrado la correlación positiva entre rezar y padecer problemas psiquiátricos.
3) Tener convicciones religiosas ofrece ayuda y consuelo en tiempos difíciles, mientras que el ateo debe superar los problemas por sí mismo. Al fin y al cabo, el creyente siempre puede pensar que Dios debe de tener alguna razón para hacer caer sobre él esa desgracia. Puede estar poniéndolo a prueba o castigándolo, pero en cualquier caso hay una razón para ello. «Como los hombres obran con vistas a algún propósito creen que Dios también busca un fin», dijo Spinoza. En su opinión, la creencia en un dios personal procede de nuestra impresión de que todas las cosas útiles que nos rodean han sido creadas para nuestro bienestar por un soberano que rige sobre la naturaleza. En consecuencia, todas las calamidades, como terremotos, accidentes, erupciones volcánicas, epidemias e inundaciones, se explicarían como un castigo de ese mismo soberano. Así pues, la religión para Spinoza supondría el intento desesperado de alejar la ira de Dios.
4) Dios da una respuesta a todo lo que no sabemos o no comprendemos; por otra parte, contar con una religión da una sensación de optimismo («Vamos con alegría, Señor, cantando vamos con alegría, Señor, los que marchamos por la vida, sembrando tu paz y amor»). La religión nos da la seguridad de que, aunque la vida se ponga difícil, todo será mejor después, en el más allá. Curiosamente, entre las ventajas de la religión se menciona siempre que «da sentido» a la vida, como si fuese imposible encontrar ese sentido sin la ayuda de Dios.
5) Además, la fe reduciría parte del temor a la muerte al creer que existe una vida más allá. La creencia en la otra vida se remonta a más de cien mil años. Eso se deduce de lo que se ponía en la tumba del difunto para el más allá: agua y alimentos, herramientas y utensilios de caza, y juguetes para los niños. Asimismo, en las tumbas del hombre de cromañón y del hombre asiático moderno había abundancia de joyas: también había que acicalarse en la otra vida. Sin embargo, la fe no disminuye el temor a la muerte. Las personas moderadamente religiosas la temen más que aquellas que creen mucho o muy poco, y es lógico si tenemos en cuenta el uso que la religión hace del miedo como aglutinante. Muchos experimentan ciertas dudas sobre la vida después de la muerte. Dawkins se pregunta certeramente: «Si uno cree de veras en la vida después de la muerte, cómo es que no reacciona como el abad de Ampleforth que, cuando Basil Hume le dijo que estaba moribundo, le repuso: ¡Felicidades, hombre! Es una noticia maravillosa. Me encantaría poder acompañarte.
6) Siempre ha tenido gran importancia matar a otros grupos en nombre del propio dios. «El Señor es fuerte guerrero» (Éxodo 15, 3). La ventaja evolutiva de combinar la agresividad con el reconocimiento del propio grupo a través de la religión y discriminar a los demás es evidente. Los humanos se han desarrollado durante millones de años en un entorno donde apenas había suficiente comida para su propio grupo. Por tanto, cualquier «otro» grupo con el que se cruzaran por la sabana constituía una amenaza para su supervivencia y, por tanto, debía ser eliminado. Unas pocas generaciones con calefacción central no consiguen barrer los millones de años de ventajas evolutivas fruto de combinar la cohesión del propio grupo y la agresión contra los demás. Una gran parte de nuestra población sigue teniendo problemas con la xenofobia. El mundo entero está lleno de focos de conflicto entre facciones religiosas distintas. Desde tiempos inmemoriales «la paz de Dios» ha sido impuesta a los demás en todo el mundo a base de crímenes. Y tardará mucho en dejar de ser así.
Hay que renunciar, pues, a algunas cosas, pero formar parte del grupo comporta muchas ventajas. Uno goza de protección frente a otros grupos, lo que le garantiza más probabilidades de sobrevivir. Con todo, el daño que las religiones causan a los propios miembros de la comunidad, y sobre todo a los que piensan de forma diferente, es inmenso. El político británico Evan Luard ha demostrado que las guerras han ido cambiando su cariz desde la Edad Media y que su número y su duración han ido disminuyendo progresivamente. Así pues, todavía hay lugar para cierto optimismo. Dado que en el mundo desarrollado del futuro la religión como elemento aglutinante del grupo y la agresividad para aniquilar a los demás dejarán de tener ventajas evolutivas para una sociedad de la información con una economía globalizada, dentro de algunos cientos de miles de años ambas dejarán de tener importancia. De ese modo, la «libertad» y la «humanidad» serán posibles al fin, libres del corsé de reglas religiosas trasnochadas, también para los inconformistas y no creyentes.