
Estaban preparados para salir cuando vieron el móvil de Paula olvidado en la mesa del salón. Alejandro insistió en que se pasaran por casa de Pilar para devolvérselo antes de comenzar su despedida de soltero. Era la excusa que necesitaba para darle el último beso de novia a la que por fin se convertiría al día siguiente en su esposa.
El cuadro que se encontraron al llegar fue aterrador.
Tres mujeres en la misma salita de estar: una, dormida profundamente; las otras dos, tiernamente abrazadas, flotando en un charco de sangre.