6
Renata lloraba bajo el agua.
Aparté la cortina y cerré la llave.
Le pregunté por qué y recibí una respuesta que ya conocía:
—Déjame, lloro de dicha.
Volví a la cama.
—Ni cabra ni coneja —dijo Renata, toda desnuda, sin lágrimas—.
Ya sé qué quiero ser.
—¿Qué?
—Tu perra.