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No la encontré en Málaga. Próspero y Marco Polo no contaron gran cosa de Teresa. Tampoco del Juan. Decían vaguedades y cambiaban de tema. Pero algo era seguro: no se habían ido juntos.
El Juan al monte, la Tere a Bogotá.
Eso me dijeron en la calle.
Eso me dijeron en su casa.
—¿No te avisó? —dijo la madre de Teresa, esculcando mi cara con sus dedos, reconociéndome—. Ay, muchacho.
Oviedo me dijo la verdad:
—Teresa se fue con un chofer, marica.