por qué habían puesto precisamente allí la reproducción del cuadro?
elaborado en vernis mou por artista de poderes visionarios, su malignidad, en apariencia discreta, contaminaba insidiosamente la pieza, embebía su atmósfera de una suave y ponzoñosa inquietud
qué significado atribuir a aquella alegoría de la parca sembrando la cizaña colgada en la pared de tu cuarto, a tres metros escasos de la cabecera del lecho en el que, después de tu inexplicable caída, permanecías en un estado febril y confuso, tratando en vano de aquietar los nervios?
procura no mirarla, dijo, la enfermera vendrá dentro de unos minutos y te pondrá una inyección, verás cómo luego dormirás como un ángel
pero cómo apartar la vista de ella, de su negro sombrero de alas anchas, faz velada, capa con vuelos de mortaja, extremidades filiformes, zuecos lentos, macizos, de ponderosa gravitación?, te miraba, os miraba a través de las greñas, con ojos emboscados en la espesura dotados de fulgor e incandescencia, pupilas escrutadoras y voraces, duchas en el arte de vislumbrar por entre la maraña de velos los componentes de la escena y sus actores ofuscados, presencia glacial y avasalladora inmediatez del perigallo de mujer enmarcado en la habitación, sin indicación alguna tocante al autor y fecha de su trabajo
habías pedido al médico y enfermeras que lo retirasen?, te parecía recordarlo así pero, al revés, insististe en que lo dejaran, dijo, asegurabas que su imagen te distraía y apaciguaba, después del trauma necesitabas fijar la atención en algo y sus velos de viuda, miembros desmadejados, regazo preñado de muñecos y fealdad chirriante de espantapájaros te procuraban diversión y solaz, fueron días difíciles en los que apenas podías moverte, tu enfermedad amenazaba con extenderse, los calmantes te mantenían exteriormente amodorrado, en una fase de secreta y fecunda receptividad y entre delirios, caos onírico y aeronías sonámbulas, repetías frases a primera vista inconexas, increpabas amorosamente al poeta, le reprochabas el enigma insoluble del Cántico, asumías giros de su lenguaje quebrado y tenso, recorrías la geografía alucinada de sus versos, sus espacios insulares y extáticos, presa de temores y arrebatos mesiánicos, oscilando entre la anchura y lobreguez de su noche espiritual