Agradecimientos

Es difícil expresar con palabras lo que siente una escritora que lleva tantos años soñando con este momento. La historia que tenéis entre las manos surgió gracias a una lectora que pronto se convirtió en una inseparable amiga y hermana: Nazaret. Es a ella a la que tengo que agradecer en primer lugar porque me animó a escribir esta historia y a que luchara por ella.

En segundo lugar, debo dar las gracias a Ángel, que me soporta cada vez que se me ocurre una idea y se la cuento emocionada y él, por supuesto, me escucha dejando de lado todo lo demás.

En tercer lugar quiero dar las gracias a mis niñas tentadoras y placenteras (las primeras en leerme) porque, desde un primer momento, confiaron en mí y me dieron la oportunidad. Con ellas cada día comparto risas en el grupo de whatsapp. Ellas siempre están ahí para apoyarme, otorgarme palabras de ánimo y también alguna regañina (Alicia, Cristina, Katy, Elena, Elena, Lorena, Gema, Thania, Maju, Lluïsa, Neus, Mamen, Isi, Rocío, Itziar, Norma, Lydia…). A mi Bea, que se ha convertido en una gran amiga a pesar de la distancia. Y a mi Eli, por la misma razón. Por supuesto, hay muchísimas más: mis niñas madrileñas, las niñas alicantinas loquitas, las de Valencia, las de las islas, las del norte, las del sur, las de los grupos de whatsapp con las que nos echamos unas risas (a Patry, que me la como, y a Lorena, y a Pili, y a Mercedes, y a Minny, y a Maika… ¡Uf, a todas!)… Todas ellas repartidas por España y también fuera (de México, de Argentina, de Chile…), siempre dándome alegrías. No me olvido de ninguna de vosotras, que lo sepáis, lo que pasa es que es difícil poner todos y cada uno de vuestros nombres en estas páginas, pero desde luego están grabados en mi corazón, os lo aseguro, al igual que lo estáis vosotras. Os recuerdo cada vez que os leo en mi facebook, ya sea por privado, en mi perfil o en mi grupo. Sois el motor de mi creatividad, porque quiero ofreceros siempre lo mejor. Por eso, deseo que, leyendo las palabras de esta dedicatoria, tengáis la seguridad de que he pensado en vosotras y no en conjunto, sino en cada una.

Por último, agradecer a mis padres que me dieron la vida para poder dedicarla a lo que más me apasiona: escribir. A mis amigas de ahora y siempre, María José (que me dijo que llegaría lejos) y Esther (que también me lo dice y encima me lee aunque no le gusten mucho este tipo de historias, pero sí las mías, jaja).

Mis más profundo agradecimiento a María Jesús Romero y Neo Coslado, mis agentes, que lucharon conmigo por hacer realidad este sueño. A mis compañeras de agencia y a mis compañeros/as y jefe de la escuela Route66. Y, por supuesto, a mi editora Ana Liarás y a todo el equipo de Grijalbo que lo han dado todo por la historia que tienes en tus manos.

Y a ti, que te has decidido a acercarte a ella.

Gracias infinitas a todos. Gracias por estar y por caminar conmigo.