Pidansat de Mairobert

Confesión de una joven

Nacido en Champagne, Mathieu François Pidansat de Mairobert (1727–1779) llegó joven a París, sumándose enseguida como invitado al círculo de Mme. Doublet, que reúne a periodistas, académicos y literatos interesados en la vida política y las bellas artes; de su salón salían las gacetas y noticieros más divertidos, con información sobre libros, teatros, reuniones literarias, vodeviles, canciones, anécdotas de la corte y la ciudad…, en un tono satírico y maledicente que los hacían únicos. Recién llegado de provincias, Mairobert desprecia la toga y las finanzas debido a la atracción que siente por la «noticia». A la muerte de Louis Petit Bachaumont, cofundador de la tertulia y «noticiero», Pidansat reúne todos sus artículos en unas Mémoires secrets pour servir à l’histoire de la république des lettres en France […] ou Journal d’un observateur (Memorias secretas para servir a la historia de la república de las letras en Francia […] o Diario de un observador, 1777) que se harán célebres enseguida.

Pidansat redacta entonces L’Observateur anglais, une correspondance secrète entre milord All’Eye et milord All’Ear (El Observador inglés, una correspondencia secreta entre milord All’Eye y milord All’Ear), que tendrá su continuación en 1779 en L’Espion anglais. Ambas gacetas quieren ser reflejo de la sociedad francesa y abarcar las materias más importantes: religión, finanzas, comercio, filosofía, artes, espectáculos, etcétera; con atención especial a una de las atracciones que más obsesionó a Mairobert: el mundo de las actrices y de las cortesanas. Este periodismo clandestino que propaga una visión de la realidad, basada unas veces en hechos ciertos, otras en rumores, no tardará en ser objeto de la atención de la policía, para quien Mairobert era «la peor lengua de París», según uno de sus inspectores; se le cree autor de versos satíricos contra el rey y Mme. de Pompadour, y de libelos contra el primer ministro Maupeou, contra la principal amante del rey, Mme. du Barry, etcétera. El espíritu crítico de su labor periodística dará con los huesos de Mairobert en la Bastilla durante un año; no sirvió para que abandonase su diagnóstico de la «descomposición de la vieja sociedad francesa» anticipando el «cataclismo final», según Octave Uzanne, que en 1885 reunió una antología de los artículos de L’Espion anglais bajo el título de Les Mœurs secrètes du XVIIIe siècle (Las costumbres secretas del siglo XVIII).

Mairobert ve llegar ese cataclismo, es consciente de que va a producirse, y también del papel que han de desempeñar el periodismo y la difusión de las noticias en el acontecimiento; su afición por el mundo de las cortesanas le permitió levantar el velo sobre uno de los tabúes de la época: la vida de actrices como Françoise Raucourt y su secta de las anandrinas en la Confesión de una joven, o los rumores que circulaban sobre la amante del rey en Anecdotes sur Mme. la Comtesse du Barry (Anécdotas sobre la señora condesa de Barry), cuya trayectoria de la miseria al lecho real es en cierto modo parecida a la que describe la Confesión.

Pero cuando los momentos críticos del Antiguo Régimen van a concretarse en un vuelco histórico, Mairobert, que ya ostentaba cargos como secretario del rey y del duque de Chartres y censor real, se suicida el 30 de marzo de 1779; el Parlamento de París le había implicado en el caso del marqués de Brunoy, entre cuyas relaciones homosexuales habría figurado Mairobert, citado a declarar aparentemente como acreedor.

Confesión de una joven, que se publicó en L’Espion anglais (póstuma, Londres, 1784) como correspondencia entre milord All’Eye (Todo ojos) y milord All’Ear (Todo oídos), tiene más de relato, de crónica novelada que de cuento, en su descripción de una realidad oculta bajo muchos velos por la sociedad francesa; crónica literaria y crónica escandalosa, la Confesión de una joven pertenece a un género nuevo que tiene sus raíces en una modalidad literaria propia del siglo XVIII, el periodismo, y obliga a la novela a dar un paso: desde la lírica irrealidad de los primeros ilustrados en un Antiguo Régimen encerrado en sí mismo, a la realidad de calles y callejas donde pululan los desposeídos. La oculta realidad de la homosexualidad femenina, que Safo describe de manera científica, queda al descubierto en todo su pormenor, y supone para la protagonista el principal peldaño de su ascenso social desde la nada de su nacimiento, remedo de los nacimientos de la picaresca.