Viaje de ida
Trabajo.
Hay que tener en cuenta la importancia del trabajo para la salubridad de la expedición. Nadie duda de que el trabajo es esencial. Afortunadamente, el nivel científico y mecánico de motivación y competencia será suficientemente elevado para garantizar que los miembros de la compañía no tendrán problemas en este sentido. Las tareas de archivo, el análisis de los datos, la lectura y la reflexión pueden ocupar las horas —o los años— disponibles.
Relajación.
Con una compañía tan cultivada, no tendremos que tratar con autómatas. En consecuencia, hay que prestar alguna atención a los problemas del relajamiento. Desde luego, cabe esperar que los alojamientos no estarán atestados como lo estaban, por ejemplo, a bordo del submarino alemán U-977 que navegó desde la costa de Noruega hasta Buenos Aires durante la II Guerra Mundial. Con una tripulación de treinta y dos hombres, el submarino permaneció sumergido durante sesenta y seis días; y esto ocurrió antes de que se perfeccionaran los modernos artilugios. El aislamiento resultaba imposible y el aburrimiento se intensificaba. En los buques de superficie el problema no era tan agudo. En el Atlantis, una práctica normal era el "permiso a bordo", el cual significaba aislamiento y reposo en la enfermería. Se concedían ocho días a toda la tripulación, en tandas de doce.
Es de esperar que se llevarán a cabo experimentos más amplios con ciudades orbitales o plataformas espaciales, así como con naves-cohete, antes de emprender viajes más largos.
Disciplina.
La disciplina es una materia acerca de la cual disponemos de conocimientos más heterogéneos. Como de costumbre, tenemos la desventaja de la falta de testimonios que ofrezcan una imagen suficientemente concreta de los hombres que fueron objeto de medidas punitivas o de aquellos que las impusieron. El éxito de las medidas disciplinarias implantadas en el U-977 es muy elocuente. Cuando la moral era más baja, un miembro de la tripulación robó unas raciones de chocolate, un delito muy grave teniendo en cuenta la escasez de víveres. Asimismo, un oficial se negó a obedecer unas órdenes, lo cual podía conducir a la desintegración total. En ambos casos, el comandante hizo prevalecer su autoridad y castigó severamente a los culpables, exponiéndose a una reacción desfavorable del resto de la tripulación. Pero la crisis se superó, e incluso sirvió para reafirmar los objetivos comunes. En realidad, sabemos muy poco acerca de las motivaciones de cada personalidad y de las reacciones que podrían producir las violaciones significativas de la disciplina durante el difícil viaje.