Introducción

Cuando se crean, las almas pasan por un riguroso control de calidad, donde se analizan sus cualidades y defectos y se les asigna su trayectoria terrestre. Así sucedió con la de Marcos.

Tiene, por una parte —anotó el Espíritu Secretario— bondad natural, grandes deseos de ayudar al prójimo, habilidad manual, perfeccionismo…

—Por otra parte —anotó el Espíritu Fiscal— incapacidad organizativa, gran incomprensión de la vida real, tendencia a aislarse en su mundo, en su trabajo…

—Será feliz —dijo el Espíritu Secretario—. Vivirá su propia vida, sin que le afecten los acontecimientos externos; se refugiará en sus inventos, en sus pequeñas máquinas. Será capaz de abstraerse horas y días con sus problemas. No le tentarán ni el dinero ni los placeres.

—Será desgraciado —afirmó el Espíritu Fiscal—. Será incapaz de controlarse; le engañarán, le dominará quien se lo proponga. Siempre supeditado a otros, siempre mandado por otros, siempre dirigido por otros. Podrá trabajar con igual dedicación tanto para el bien como para el mal.

—En suma —condensó el Espíritu Decisor— que tenemos, como tantas veces nos ocurre con los humanos, un alma simple, ingenua, elemental. Creerá a cualquiera que le seduzca, sin profundizar. Servirá a cualquiera que se le imponga mínimamente. Obedecerá a cualquier amo. Y luego nosotros tendremos que juzgarla según su conducta… Seamos razonables. No la expongamos a demasiados peligros.

El Espíritu Secretario abrió el gran libro en-el-que-todo-se-escribe, encabezando un nuevo folio.

—¿Época? ¿Lugar? —preguntó, tras anotar el nombre.

—Veamos… —calibró el Espíritu Decisor—. Necesita un trabajo sin demasiados problemas, donde no deba tomar decisiones propias. Y un mundo sencillo, organizado, sólido.

Los Espíritus recorrieron las coordenadas espacio-tiempo, escrutando civilizaciones muy diversas: la China de los Ming, la Europa del Cromañón, la Florencia del Renacimiento, las tribus laponas, la cultura del Machu-Pichu, la Alemania de Weimar, la España de la Reconquista, la Roma de los Césares…

—Aquí —dijo súbitamente el Espíritu Decisor— la Roma Imperial. El Imperio goza de la Paz Octaviana, las instituciones son sólidas, las clases sociales establecidas, y se admira lo práctico: la administración, las obras públicas, el artesanado, el ejército.

—Creo que es una buena idea —dijo el Espíritu Secretario, anotando—. Más oportunidades no podemos darle.

—Siempre queda uno satisfecho cuando facilita las cosas —dijo el Espíritu Decisor, con discreta modestia.

Y sin embargo…