Capítulo 75

Cuatro meses después…

Natalia:

Han pasado varios meses desde que salí del hospital, y están siendo los mas increíbles de mí vida. No hay nada mejor que disfrutar de tu embarazo junto a la persona que amas. Desde que le conté a César lo de mi supuesto sueño, está mucho más tranquilo. Sus miedos se han esfumado por arte de magia, y no para de decir que sus hijos serán los mejores en todo. Ahora peca de confiado…

Yo ya estoy prácticamente recuperada. Mi cabeza duele a veces, pero es soportable.

Hace poco que nos hemos mudado. César compró una preciosa casa en una población cercana a Madrid. Tarda un poco más en llegar al trabajo, pero dice que no le importa, porque la tranquilidad de vivir en esta zona, le compensa. La verdad es que el lugar es precioso, y su gente adorable. Me recuerda al pueblo de mis padres. Justo lo que buscábamos para criar a nuestros hijos. Madrid es demasiado estresante.

Mi barriga es desmesurada. Acabo de cumplir mi octavo mes, pero ya me han asegurado que no llegaré al noveno. Los bebés están perfectamente colocados. Me gustaría que nacieran con un parto natural, pero es posible que en el último momento tengan que hacerme una cesárea, porque uno de ellos tiene el cordón umbilical demasiado cerca de su cuello. Llevo dos semanas en reposo absoluto, y me aburro como una ostra. Cuento los minutos para que llegue César.

La puerta se abre y aparece tras ella. Mi corazón salta dentro de mi pecho. Cada día estoy más enamorada de él. Me tiene ganada por completo.

-Hola cariño - Me sonríe. Rápidamente dirige su mirada a mi gran curvatura - ¿Cómo se han portado hoy? - Viene hasta mí y pone sus manos sobre mi vientre.

Deja varios besos en el. -Hola… Hola renacuajillos. - Dice entre beso y beso - ¡Papá ha llegado! - Como si supieran lo que les está diciendo, comienzan a moverse dentro de mi barriga.

Es increíble, pero cada vez que lo hace, pasa lo mismo. No se si será por el tono de su voz, pero siempre consigue ese efecto sobre ellos.

Los dos reímos. No nos cansamos de comprobarlo. Acaricio su cabello mientras sigue hablándoles. Es tan tierno…

-Déjales en paz… seguro que estaban dormidos y les has despertado - Sonríe ampliamente. Hay felicidad en su mirada. - Luego te quejarás cuando lloren por la noche y te hagan lo mismo.

-Estoy deseándolo… Besa un par de veces más mi barriga y me abraza. - Tengo unas ganas enormes de ver sus caritas.

-Yo también cariño…

El resto del día transcurre tranquilo, aunque me siento extraña. Cuando llega la hora de dormir, César me trae un par de almohadas más para ponerlas en mi espalda. Me duele la zona lumbar.

Estoy segura de que es por pasar tanto tiempo en la cama. A medida que pasa la noche, el dolor aumenta. Intento aguantar todo lo que puedo para no asustarlo, pero a las cuatro de la mañana ya no puedo más.

El dolor es casi insoportable.

-César… - Susurro para no sobresaltarle.

-Mmmm… -Sigue dormido.

-César… - Lo intento de nuevo. El dolor vuelve y un pequeño quejido sale de mi boca.

-¡Que…! ¡Que! - Se despierta desorientado - ¿Estás bien? - Enciende la luz de la mesita.

-Si… - Pero mi espalda duele más.

-¿¡Ya vienen!? - Pestañea varias veces para enfocar su vista sobre mí.

-Creo que sí. - Cierro fuertemente mis ojos y dejo salir el aire por mi nariz.

Otra vez está doliendo.

-¡MIERDA!, ¡MIERDA! - Se levanta de la cama y corretea por toda la habitación buscando algo que ponerse. Pelea con un pantalón a la pata coja.

Está tan nervioso que no se da cuenta de que está metiendo la pierna por donde no es.

-César, haz el favor de calmarte…

-¡Estas de parto! ¿Cómo coño quieres que me relaje? - Pongo mis ojos en blanco y resoplo.

Por fin consigue vestirse y me ayuda a prepararme. Insiste en comprobar mi dilatación al notar que mis contracciones son demasiado seguidas, pero no le dejo, quiero irme cuanto antes al hospital. La cosa se esta poniendo fea por segundos. Me riñe por no haberle avisado antes.

Un líquido caliente corre por mis piernas y los dos miramos al suelo.

-¡Joder! - Ahora tendré que volver a cambiarme de pantalón. Me quejo.

-¡Una mierda te vas a cambiar! - Pasa su mano por mi cintura y caminamos hasta la calle.

Me cuesta un mundo llegar hasta el coche.

Cuando por fin lo consigo, decido sentarme en el asiento trasero, necesito espacio. Con algunas posturas sienta alivio.

Pone la bolsa de viaje en el asiento delantero.

Arranca y se le cala dos veces.

-¡Céntrate! - Grito desde atrás.

Se gira hacia mi con sus cejas fruncidas.

-¿Crees que no lo intento? ¡Estoy demasiado nervioso!- Vuelve a arrancar y por fin nos movemos.

-¡Por el amor de Dios, César!. ¡Eres médico!

-¡AHORA MISMO SOLO SOY UN FLAN! - Grita - ¡Tenías que haberme avisado antes!.

-¡Y yo que sé! - Digo cabreada - ¡Como he parido tantas veces, soy una experta!

- Veo como niega con su cabeza. -¡DIOSSSSS! - El dolor es demasiado fuerte.

César gira su cabeza para ver que ocurre - ¡MIRA A LA PUTA CARRETERA! - Clamo en medio de una gran contracción.

-¡JODER, JODER, JODER! - Oigo como golpea el volante. Los dos estamos demasiado nerviosos ya - ¿Me quieres recordar porqué cojones nos vinimos a vivir tan lejos del hospital? - Está empezando a arrepentirse.

-¡OH DIOS MIOOOO! - Vuelvo a gritar y siento que frena ligeramente y al segundo vuelve a acelerar. Ya no sabe si parar o seguir conduciendo.

-Dime que sientes. - Trata de calmarse -¿Tienes presión en la zona? ¿Sientes ganas de apretar?

-¡MUUUUCHASS! - Digo ya apretando.

-¡MIERDA, JODER, MIERDA! - Frena y mal aparca en una cuneta. Baja rápidamente del coche, abre la puerta trasera y entra conmigo. - Déjame ver. Hace algunas comprobaciones … - Heilige Scheiße -Susurra en alemán y su cara se descompone.

-¿Qué ocurre? - Aprieto fuertemente mis ojos por el dolor y respiro rápidamente.

Siento una enorme presión.

-Cariño, escúchame. - Tira de mi mano para sacarla de mi boca. Estoy mordiendo mis nudillos para no gritar - No llegamos al hospital ni de coña… Vamos a tener que hacerlo aquí…

-¡QUE!. No… ¡Vámonos de aquí! ¡VAMONOS! - Gimoteo Saca su teléfono y marca un número.

Está hablando con emergencias.

-La ambulancia está en camino - Me dice cuando cuelga - Pero lo peor nos toca a nosotros…

-¡Aquí no César! - Lloro - ¡No puedo tenerlos aquiiii! ¡Que son dossss! ¡Tendrán problemas con el cordónnnn! - Otra contracción. Mi necesidad de apretar es tan grande que cambio de idea, ya me da igual donde sea, mi cuerpo necesita expulsarlos.

-Espera cariño - Dice nervioso - Espera a que te avise - Se coloca entre mis piernas. Tras unos segundos interminables en los que me muero por empujar y tengo que contenerme… me da la orden. - ¡AHORA! - Empujo con todas mis fuerzas y siento una gran bola avanzar hacia abajo.

-Diossss - Me quejo.

-¡Veo su cabeza¡ ¡Lo estás haciendo muy bien cariño! - Está emocionado - ¡VAMOSSS, OTRA VEZ! - Vuelvo a apretar y la presión es mayor. Duele a horrores pero no puedo parar - ¡YA CASI ESTÁ!¡VAMOS MI VIDA, UN POCO MÁS! - Grito fuertemente al sentir como su pequeño cuerpo se aparta del mío - ¡OH DIOS MIO! - La voz de César es ahogada. Oigo llorar a mi bebé - ¡OH DIOS MIOOO!… ¡ES PERFECTO!. ¡Cariño, es un varón! - No quisimos saber sus sexos hasta el último momento. Le pone sobre mi barriga y rápidamente busco su carita, necesito verle.

-¡DIOS MIO, MI HIJO! - Grito emocionada. He conseguido parirle - Tenías razón -Mi voz es sofocada - Es el niño mas guapo del mundo. Se parece a su papá. - César tapa al pequeño con una toalla que saca de la bolsa de viaje, y me besa mientras abrazo su diminuto cuerpecito para darle calor.

-Eres una campeona… ¡ES PERFECTO!. Es perfecto, mírale… - Acaricia su pequeña cara.

Veo sus manos tiemblar tanto cuando lo hace, que siento pena. Lo está pasando realmente mal aunque no me lo diga. Es mucha responsabilidad para él y no se lo estoy poniendo fácil.

No me da tiempo a nada más. Las contracciones vuelven y las ganas de empujar con ellas. Vuelve a colocarse donde estaba antes.

-¡Diosss como dueleee! - César hace mas comprobaciones.

-Natalia - Su tono de voz me preocupa y le busco rápidamente con la mirada. - El siguiente viene de nalgas… ¿Sabes lo que quiere decir? -

Asiento mientras aprieto mis dientes - Será algo más complicado, pero si haces lo que te pido.

Todo saldrá igual de bien. ¿Entendido? - Subo y bajo mi cabeza confirmando. No puedo hablar.

Siento una de sus manos moverse en mi interior - Cuando vuelva la contracción aprieta, y cuando te diga que pares, tienes que parar aunque sea lo último que hagas… - Está nervioso - Creo que trae una vuelta de cordón en su cuello, si no paras, podría estrangularse.

-¡NOOOO! - Grito. - ¡Haz lo que sea, haré lo que pidasss! - El dolor es insoportable. La contracción está aquí.

-¡APRIETA CARIÑO! - Aprieto. Siento que mi cabeza va a explotar. El cuerpo de mi segundo bebé está bajando - ¡PARA! - Lo intento pero es increíblemente difícil - ¡PARAAA NATALIA!! - Grita y por fin lo consigo. Duele tanto que creo que me voy a desmayar. César seca con su manga varias gotas de sudor que corren por su frente. Está muy acalorado. Maniobra rápidamente con sus manos entre mis piernas. La contracción es demasiado larga. Cuando creo que no puedo contenerme más, le oigo.- ¡YA ESTÁ!. - Su pecho sube y baja rápidamente -¡VAMOS MI VIDA!.- Empujo con todas mis fuerzas - ¡VAMOS, VAMOS, VAMOS!. - Me anima - ¡SUS PIES ESTÁN AQUÍ YA! - Grito - ¡SU CUERPO ESTA FUERA CARIÑO! ¡UN ÚLTIMO EMPUJÓN PARA SACAR SU CABEZA! - Hago lo que me pide, y con un gran esfuerzo, consigo parir a mi segundo hijo. -¡UNA NIÑA!, ¡ES UNA NIÑA! - No puede contenerse más y llora al mismo tiempo que ella. - Es una preciosa niña… - La pone sobre mi cuerpo. - Es la niña más bonita del mundo… - Seca sus lágrimas - Soy tan feliz…- Solloza.

- Estoy orgulloso de ti. Has sido muy valiente.

Eres increíble… - Lloramos los cuatro. Es una imagen demasiado cómica, pero no me importa.

Tengo a mis dos pequeños sobre mi pecho. Soy tan feliz… César arropa con otra toalla a nuestra hija y nos abraza a los tres. Unos minutos después, vemos unas luces rojas llegar.

- Ya está aquí la ambulancia, cariño - Dice César y se levanta.

Llegamos por fin al hospital. Todo ha salido perfecto. Sus compañeros nos dan la enhorabuena y coinciden en que César es un gran profesional. Ahora ocupa el puesto de traumatólogo, pero ha trabajado antes en medicina interna, y aunque no es lo normal, no es el primer parto que atiende de urgencia, pero sí ha sido la primera vez que se ha enfrentado a uno gemelar con riesgo, y por lo que pude ver, se tenía bien estudiada la jugada…

Aunque todavía me dura el susto, ha sido la experiencia mas maravillosa que he tenido en mi vida. César esta radiante y feliz como nunca.

Maneja a los bebés mejor que yo. A mí me da miedo, tengo la impresión de que se me van a caer por lo pequeños que son. Pero adoro tenerles en brazos.

-Hanna Maria y César - Digo en alto y César me mira - Quiero que se llamen así.

-Me gusta. Aunque no se si es buena idea que se llame como yo - Dice sonriente - Cuando nos grites, no te haremos caso ninguno pensando que riñes al otro.

-Es fácil. No hagáis nada malo y así no tendré que enfadarme… - Los dos reímos.

Los días pasan y por fin podemos volver a casa con ellos. Es la primera noche en sus cunas y parece que notan el cambio. Cada vez que conseguimos dormirles, al tratar de meterles en sus camitas, se despiertan y vuelven a llorar. A las cinco de la mañana decido prepararles un biberón, tengo la impresión de que solo con el pecho se han quedado con hambre. Voy hasta la cocina y cuando regreso, hay tres preciosos ángeles dormidos en mi cama. Me quedo observándoles durante varios minutos. Si la felicidad existe, debe ser algo muy parecido a como me siento en este momento…

Una sola decisión cambió mi vida completamente. Le debo mucho a MI ANGEL, pero FUI YO quien permitió que me ayudara.

FUI YO quien decidió que todo había acabado con mi maltratador, y FUI YO quien aún bajo amenazas, se mantuvo firme y no cedió. Como leí una vez en un cartel “El único que puede darle patadas a una mujer, es su hijo antes de nacer”. Y en mi caso han sido dos…

Una mujer maltratada, no es alguien que disfrute de los golpes de su maltratador. No es una masoquista, ni una persona a quien despreciar por seguir al lado de esa persona sabiendo lo que le está haciendo. Es alguien sometido a amenazas diarias, y convencido de que serán llevadas a cabo si no hace lo que le piden. Para muchos, es muy fácil juzgar, e incluso insultar a quien está sufriendo abusos.

En la mayoría de los casos, incluso la familia y amigos cercanos piensan igual, poniéndoselo más difícil… Nadie comprende porqué justifica a su agresor y siempre busca excusas para librarle de culpa…

Pero la triste realidad es que la persona maltratada, está convencida de que la víctima es el otro. Así de crudo es… Sufren una especie de “Síndrome de Estocolmo doméstico”. Sienten lástima, amor y miedo a la vez. El agresor, se ha encargado de destruir emocionalmente a su pareja, para poder manipular su autoestima y hacerle creer que no es nada sin él, y que merece lo que le está ocurriendo…

Nunca es tarde para decir basta. Yo esperé demasiado. Debí haberme retirado antes de su lado, pero estaba totalmente ciega… Creía que solo podría encontrar estabilidad a su lado, y que nadie me querría como él. ¿Quién iba a fijarse en alguien tan penosa como yo?…

Un maltratador jamás cambia… Miento. Si cambia. ¡A PEOR!. Nunca a mejor.

Si estás sufriendo lo que yo sufrí, hazte esta pregunta… ¿Quieres seguir viviendo así el resto de tu vida?… si la respuesta es “NO”… busca ayuda rápidamente. Cada día que pasas con él, es un gran riesgo. Necesitas ser consciente de que estas durmiendo con tu futuro asesino.

Sálvate, solo tu puedes hacerlo…

FIN…