Capítulo 56

Busco mi bolso desesperadamente. Estoy tan nerviosa, que había pasado tres veces delante de el, y no le había visto. Saco el móvil y marco el número de Alex. Mis manos tiemblan.

-Hola Natalia - Responde al primer tono.

-¡Alex! César esta descontrolado… necesito que lo encuentres, acaba de salir de casa con dos botellas de whisky en las manos y las llaves del coche. - Mi voz se quiebra.

-¿Hace cuánto? - Su tono es preocupado.

-Ahora mismo… ha salido ahora mismo. Alex tienes que encontrarle…- Lloro.

-¿Qué lo ha desbordado? - Mi corazón se encoge.

-He sido yo, Alex. He encontrado un álbum familiar, y dentro había un recorte de prensa con la noticia de lo que le pasó a su familia… Lo ha descubierto y está muy alterado. Por favor encuéntrale…

-Entiendo. Salgo a buscarle - Cuelga.

Las horas pasan y no puedo parar de pensar en lo que ha pasado. Cada vez me siento más culpable - ¿Por qué tuve que hacerlo? - Lloro amargamente en el sofá

- Me había entregado toda su confianza, y yo se la he pisoteado - Desearía tener una máquina del tiempo y dar marcha atrás… - Por favor… que no le pase nada, no podría soportarlo…

Son las tres de la mañana. Camino nerviosa por el salón, cuando oigo que alguien intenta abrir la puerta. No me da tiempo a reaccionar, cuando se abre, y la imagen que hay tras ella me rompe por dentro.

Alex trae a César colgado prácticamente de su cuello, apenas se tiene en pie.

Una de sus cejas está partida.

-Déjame ir - Protesta César, pero Alex lo arrastra al interior. -No quiero estar aquí, le haré daño - Apenas puede pronunciar bien.

- ¡Que ha ocurrido! ¿Ha tenido un accidente? - Le pregunto preocupada.

Sabiendo que se llevó las llaves del coche, y las dos botellas de alcohol con él, es la única posibilidad que encuentra mi cerebro.

-No. Por suerte me dio tiempo a sujetarle antes de que saliera del hotel, aún no me había ido a casa. - Dice Alex - Ha estado todo el tiempo conmigo en el restaurante.

-¿Y ese golpe en la ceja? - Pregunto alarmada.

- Tuve que reducirle…

-¿Tú le has golpeado? - Mi expresión es de total sorpresa.

-O lo hacía, o arruinaba su vida. - Coloca mejor a César para que no se caiga. - Intentó salir a la fuerza del hotel para coger su coche.

-Madre mía…

-Ayúdame a entrarle en casa - Dice Alex. - Camino hacia ellos y tomo el brazo libre de César. Lo paso por encima de mis hombros para que tenga otro punto de apoyo.

-Mi padre nos daba una paliza detrás de otra… - Dice César mirándome con dificultad. Le cuesta mantener su cabeza erguida -¿Sabes lo que vi, cuando venía de jugar y abrí la puerta?…

-Cállate - Le ordena Alex.

-No pienso callarme. ¡Que lo sepa de una puta vez! ¿No es eso lo que buscaba?

-Vuelve de nuevo su atención a mí. Alex tiene que ayudarle a mantener el equilibrio. - Mi padre estaba apuñalando el cuerpo inerte de mi madre, totalmente fuera de control. Había sangre por todas partes. Hanni todavía se movía - Varias lágrimas caen de sus ojos y traga saliva con dificultad - En su último aliento, la palabra “Huye” salió de sus labios ensangrentados. Pero yo estaba tan paralizado… que no pude moverme. No sabía a donde ir… mi única protección eran ellas… - Llora, y yo con él. No puedo evitar hacerlo viéndole así.

-César… déjalo ya - Alex trata de llevarlo a la habitación, pero se niega.

-¿Sabes que me dijo mi padre cuando descubrió que estaba allí? - Se queda mirando fijamente a la pared durante un par de segundos, sé lo está reviviendo.

- Dijo… “Ellas solo son basura. Pero tú, eres igual que yo, y mi sangre corre por tus venas.

Te dejo vivir porque acabas de aprender, como hay que tratar a una mujer” y me dejó allí solo.

Estuve tres días cerrado en esa cocina con ellas.- Llora más fuerte. - Hasta que el sábado llegó la asistenta que limpiaba los fines de semana… - Está roto de dolor y apenas puede terminar la frase.

Una de sus rodillas toca el suelo. Rápidamente Alex y yo tiramos de él hacia arriba.

-Lo siento. Yo… - No tengo palabras para lo que acabo de oír.

Jamás he querido hacerle daño, y parece que es lo único que consigo.

-Ahora que sabes que soy como él… - Solloza - que estoy más jodido de lo que imaginabas, y que mi padre es un asesino… ¿Cuándo tardarás en huir de mí?

-Bajo la mirada. Esa idea me lleva rondado todo el día en la cabeza, pero por otra razón totalmente diferente… No quiero que cada vez que me mire, recuerde su pasado.

-César yo… -Ahora es Alex quien no me deja acabar la frase.

-Natalia, no te molestes. Mañana no se acordará de nada. Vamos a llevarlo a la cama.

Poco a poco caminamos con él hasta la habitación. Con cuidado le echamos boca abajo sobre la cama. Alex sale de la habitación, y yo me quedo un momento más con él.

-Estaré en el salón si necesitas algo, me quedaré aquí hasta que despierte. No sabemos como reaccionará cuando lo haga.

-De acuerdo. - Yo también prefiero que sea así.

Me siento en uno de los laterales y le observo con detenimiento. Tiene sus ojos cerrados, y sus pestañas están húmedas por las lágrimas. Su ceja se ve hinchada

y todavía sangra, por lo que decido ir al baño a por unas gasas, y algo con que desinfectar la herida.

Cuando tengo todo lo necesario, regreso a la habitación, y con cuidado comienzo a limpiar su ceja. Hace un pequeño gesto de dolor cuando paso la gasa por ella, y abre los ojos. Se queda mirándome fijamente.

-¿Por qué lo has hecho? - Dice mientras otra lágrima corre por su tabique nasal.

-César… yo… Lo siento mucho. - Mis lágrimas también caen.

-¡Confiaba en ti! - Grita e intenta ponerse en pie, pero vuelve a caer sobre la cama.

Alex aparece rápidamente en la puerta de la habitación.

-Tranquilo, todo está bien - Le digo. Asiente y vuelve al salón.

Pongo de nuevo la gasa sobre su ceja y con un rápido movimiento, toma mi muñeca. Tira de ella hasta que casi estoy tumbada en la cama - Mi corazón está acelerado, no sé que va a hacerme - Con su otro brazo rodea mi cintura. Me coloca pegada a él, de espaldas a su pecho.

-Eres la única persona capaz de ocasionarme un daño tan inmenso… - Pone su cara en mi cabeza y huele mi pelo -Y a la vez, el único remedio que existe para él. - Me estrecha contra su cuerpo.

Unos minutos después, su respiración pausada me indica que se ha dormido.

Intento levantarme despacio, pero sus brazos me sujetan más fuerte. Tras un largo rato, el cansancio puede conmigo, y yo también me duermo.

***

A la mañana siguiente, abro mis ojos, y busco a César a mi lado. No está en la cama. Hay un vaso y varios sobres de azúcar en la mesilla. En uno de los ellos hay algo escrito.

“Tómalo antes de ponerte en pie”

Es la letra de César. Preparo la mezcla, la tomo y espero un par de minutos. Me levanto con cuidado y camino hasta el salón. No hay nadie en la casa.

Siento preocupación al instante, y necesito saber que César está bien. Busco mi teléfono y marco el número de Alex.

-Hola Natalia.

-Hola Alex… acabo de despertar y no hay nadie en casa. ¿Ha ocurrido algo?.

Estoy preocupada. - Hablo deprisa.

-No, tranquila. Llevé a César al trabajo mientras dormías. Extrañamente se despertó mejor de lo que imaginé y con ánimo de ir al hospital.

-¿Eso puede ser así? - Pregunto extrañada.

-Pues parece que sí. A mi también me ha sorprendido si te soy sincero. Es la primera vez que después de una crisis, se recupera tan rápido.

-Vaya… - Estoy sorprendida por lo que acabo de oír. Pero sobre todo, porque Alex se ha abierto a mí y me ha confiado algo así, cuando es la persona más reservada que conozco.

-Natalia… - Le oigo decir al otro lado del teléfono. - Eres la única persona que consigue hacerle sentir vivo, y con ganas de luchar. Es un gran tipo y

merece algo bueno por una vez. Si de verdad sientes algo por él, ten paciencia… deja que sea él quien vaya abriéndose a ti. Solo necesita asegurarse de que ha apoyado completamente el pie, antes de dar otro paso.

Creeme que se de lo que hablo…- Silencio.

-Gracias… - Digo sobrecogida. Todavía no me creo que Alex, me haya contado todas estas cosas.

Cuando cuelgo. No puedo parar de pensar.

Siento confusión. Ya no sé si me presencia le hace bien, o mal… Es todo tan complicado…