Capítulo 3

Es jueves y ya estoy lista para acudir a la consulta del Doctor Engel, no tengo ganas de arreglarme, un pantalón de chándal negro, unas zapatillas de deporte blancas y una camiseta de manga corta roja, son mi atuendo. No puedo recogerme el cabello y tengo que dejar suelta mi tupida y lisa melena castaña. Necesito un buen corte, lo tengo demasiado largo para mi gusto. No me maquillo por no mirarme en el espejo, no soporto verme así.

Mario viene conmigo. Gracias a Dios no recuerda nada de lo sucedido anoche. Está algo malhumorado debido a su resaca, pero hasta ahora es soportable.

Llegamos a la consulta. Entrego mi citación y una enfermera muy amable me señala una sala. Hay unas doce personas allí. Me pide que espere y en breve me llamarán. Tomo asiento.

Diez minutos mas tarde…

-Natalia Montero - Rápidamente trato de ponerme en pie. Mario sigue sentado por lo que deduzco que no entrará conmigo.

-Si, soy yo - Le digo a la enfermera.

-Sígueme Natalia, en cuanto salga la persona que hay dentro, pasas tú - Me dice señalando una habitación.

Entro y es una pequeña sala de espera, está pintada en blanco. Hay una ventana sin cortinas frente a la puerta. Desde ella se ve otro gran edificio que no conozco, y a mi derecha hay una mesa y una silla vacía. La mesa está cargada de folios y ficheros. En el centro hay un ordenador encendido que parpadea.

Mientras observo todo lo que me rodea, oigo una voz que conozco. Siento calor en mis mejillas y una especie de regocijo se apodera de mí. Es la del Doctor Engel, y se que está despidiéndose de alguien. La puerta se abre y de ella sale una mujer preciosa, de unos treinta años. Rubia, alta, delgada… lo tiene todo.

Lleva un vestido negro que se ajusta a todas sus curvas, y unos zapatos de tacón rojos que realzan sus esculturales piernas. Veo al Doctor salir tras ella para acompañarla hasta la puerta.

Se que no me ha visto, estoy casi en un rincón, pero yo si veo como sonríen entre ellos. Se dan un beso muy familiar en la comisura de sus labios y quedan para más tarde.

Debe ser su pareja. Ahora el calor está en mi estómago, no puedo evitar sentir celos de ella, como me gustaría estar en su lugar, pero rápidamente desestimo la idea. Alguien como él, jamás podría fijarse en una persona tan patética como yo…

-Vaya, Natalia, no había visto que estabas aquí - Me dice el Doctor cuando se percata de mi presencia.

-Hola - Sonrío amablemente, estoy tan nerviosa y abrumada que mi sonrisa no llega a mis ojos.

-Pasa. Vamos a ver como sigues - Se aparta de la puerta para cederme el paso y entro en la consulta. Lo primero que llama mi atención es el aroma. Inhalo profundamente. Huele a el… a fresco y limpio, es una fragancia discreta y atractiva con fondo cítrico y un pequeño toque de madera. Estoy segura de que acaba de convertirse en mi perfume favorito.

Me fijo en el cuarto. Es muy parecido al anterior, solo que un poco más grande.

La mesa es blanca y las sillas de color azul. Me ofrece la que más cerca está de mí, y la señala haciendo un gesto con la cabeza para que me siente. El se acomoda al otro lado y observa la dificultad con la que me siento yo.

Sus ojos se posan en los míos. Noto como mis mejillas se calientan al instante y mi respiración se acelera ligeramente. Desliza su mirada y repasa el contorno de mi mandíbula con ella. Se que está valorando mi moretón. A continuación, se fija en mis labios y lentamente baja su mirada hasta mi cuello. Trago saliva y durante unos segundos, noto bombear la sangre allí donde sus ojos están fijos.

Más calor se apodera de todo mi cuerpo y tengo que humedecerme los labios.

De pronto su expresión cambia, frunce el ceño y un escalofrío recorre mi columna. Mis extremidades parecen estar entumidas y mi boca se seca. Se lo que ha descubierto. Una de mis manos, en un acto reflejo, trata de cubrir las nuevas marcas en mi garganta, pero ya es demasiado tarde. Ni siquiera las recordaba hasta ese mismo momento.

- ¿Vas a decirme como te has hecho esto? - Veo fuego en sus ojos y tiene un gesto muy serio.

-Pues veras… no… no se… creo que… creo que debo… si eso es… debo haberme rascado, ¿sabes?, a veces me pasa… y luego… me quedan estas marcas… - Mierda, estoy perdida.

-¡Mas bien te “han” rascado! - Me grita y hace que salte de mi silla.

-No… no se que estás queriendo decir Doctor…

no… creo que te estás equivocando…- Intento suavizar las cosas, pero la seguridad en su mirada me lo pone realmente difícil.

-¿Cuánto tiempo vas a seguir escondiendo esto Natalia? - Ya no hay dudas, lo sabe.

-Yo… - Siento como mis ojos se llenan de lagrimas.

-¿Vas a esperar que acabe con tu vida?. - Intento articular palabras pero ya no tengo voz, lo único que puedo hacer es llorar y llorar como una niña pequeña.

Intento ponerme en pie para irme de allí, pero el lo impide sujetándome del brazo. Se levanta, viene hasta mí y se agacha para estar a mi altura. Sin decir nada, pone su cabeza cerca de la mía y desliza su brazo por encima de mis hombros. Nos quedamos unos segundos así mientras sigo sollozando.

Aunque estoy destrozada psicológicamente en ese momento y soy toda lágrimas, no se me escapa la sensación tan agradable que siento teniéndolo cerca. Es, ante todo, tranquilizadora. ¿Cuánto tiempo hacía que alguien no me sostenía así cuando lo paso mal?

-Natalia, quiero ayudarte ¿Me dejas?

Millones de veces he necesitado oír esa frase.

Su voz cerca de mi oído me transmite total sinceridad.

-Está pasando una mala racha -Le digo intentando disculparle - Y no se lo pongo nada fácil, soy muy torpe y se pone nervioso. Se que me quiere Doctor, lo está pasando mal y tengo que ayudarle, no puedo apartarme de el ahora.

-No puedes excusar su comportamiento, si es cierto lo que dices, debería apoyarse en ti y no derribarte a puñetazos como está haciendo - Su acento alemán hace que preste más atención a sus palabras.

-Estoy segura que eso va a cambiar en cuanto las cosas vayan por mejor camino - Le digo.

-Natalia - Agarra mi cara con sus manos y me obliga a mirarle directamente a los ojos - Piensa por un momento… - Me dice - Piensa en tu mejor amiga, ¿como se llama?

-Laura - Digo sin dudar.

-Bien, imagina que Laura, tu mejor amiga, te asegura que su novio la quiere, pero llega a casa con varias fracturas y golpes por todas part…

-¡Sería horrible! - Contesto sin dejar que termine.

-Vale, espera que no hemos acabado - Dice con media sonrisa - Imagina que no ha sido un accidente… si no que alguien, le ha pegado una tremenda paliza, y ese alguien, es su pareja. La persona que debería amarla y respetarla, pero sobre todo, cuidarla.

-No podría soportarlo…-.Lágrimas vuelven a mis ojos.

-Ahora viene la mejor parte Natalia. ¿Qué le dirías a Laura?

-Que se aparte de el, que pida ayuda - Mientras digo esa frase, miro fijamente a la pared, miles de pensamientos cruzan mi mente.

-Bien, aquí quería llegar yo - Dice de nuevo sonriendo - ¿Y si Laura tratara de convencerte de que es culpa suya, porque es torpe… y su pareja está pasando mala racha?

- ¡No tiene derecho a tratarla así¡ - Grito, se que me lo estoy diciendo a mi misma.

-Nadie tiene derecho a tratar a una persona de ese modo. Nadie, ¿me oyes? - aprieta mis pómulos con sus manos y mi mirada vuelve a sus grandes y expresivos ojos azules.

-Nadie…- Digo casi para mis adentros.

-No puedes pasar una noche mas con el, no puedes arriesgarte. Estar bajo el mismo techo que una persona así, es como estar viviendo con tu asesino. No sabes cuando se le volverá a cruzar el cable. Puede ser hoy, mañana, o dentro de unas semanas, pero finalmente, acabará contigo. - Mis ojos se abren sorprendidos, nunca lo había visto de esa forma.

-Ya no te pido que me dejes Natalia, directamente te prometo que voy a ayudarte.

No voy a permitir que te ocurra nada, ¿De acuerdo?

Lo único que puedo hacer, es asentir mientras algo en mi interior se está removiendo. Siento que mi pecho se expande y por fin aire fresco entra en mis pulmones. ¿Es quizá esperanza lo que siento?. Por primera vez, pienso que puede haber luz en el camino y que no estoy tan sola como creía. Sus sabias palabras han hecho que recapacite. Tiene razón. Nadie tiene derecho a hacer algo así.

Vuelvo a la conversación. -El está ahí fuera - Le digo en forma de susurro.

Tengo tanto miedo que temo que Mario me oiga.

-Pues habrá que darle esquinazo como sea - Contesta mientras frunce el ceño - ¿Como lo hacemos? - Estoy tan nerviosa que no se me ocurre ninguna manera de salir de la sala sin que nos vea. Saltar por la ventana es la única posibilidad y no creo que funcione ya que estamos en un tercero.

Se golpea el labio con el índice mientras piensa.

-Mi turno acaba contigo… eres mi última paciente - Me dice, algo brilla en su mirada y arquea una ceja - El no lo sabe. Saldremos y diremos que vamos a hacerte unas radiografías.

- ¿Y… donde voy?, ¿Qué hago después? - Le respondo con principios de ansiedad.

-Ya se nos ocurrirá por el camino, creo que tengo la respuesta, pero lo primero ahora es salir de aquí sin el. Confía en mí - Cierro los ojos con fuerza y me dejo llevar por sus palabras. Lo voy ha hacer, pero aún así la incertidumbre y el miedo me mata.

-Estoy tan aterrada que no se si podrá salir bien - Le digo mientras noto como mi barbilla tiembla. Recojo rápidamente mis cosas y me pongo en pie.

-Tranquila, no te ocurrirá nada. Te lo he prometido -. Y con esa última frase no deja que lo piense más. Me agarra del brazo y empieza a tirar de mi para sacarme de la habitación. En la antesala nos paramos. Me coge por los hombros y me mira fijamente. - Actúa con normalidad - Me dice - Se que ahora mismo es difícil lo que te pido, pero tienes que tener claro que esto no es un juego de niños. Lo que está en juego es tu vida si sigues con el. ¿Preparada para salvarla?

- Gotas de sudor bajan por mi espalda. No se lo que estoy haciendo pero confío ciegamente en el. No tengo nada que perder.

-Camina a mi lado y ve donde yo vaya - Asiento porque es lo único que puedo hacer.

Cuando me ve salir, Mario se acerca, su mirada me dice que está cansado de esperar y que quiere irse a casa. El tono de su siguiente frase lo confirma.

-¿Has acabado ya? - Mi espalda se pone rígida, siento el corazón en cada centímetro de mi cuerpo y mucho calor en la cabeza. Creo que empiezo a marearme.

-No - Se adelanta el Doctor Engel al ver que tardo en contestar - La señorita Natalia necesita un par de placas radiográficas para ver si están consolidando correctamente sus fracturas, quédese aquí un momento por favor, no tardaremos - Aire, aire, necesito aire, estoy conteniendo el aliento y no recuerdo como se respira.

Siento el roce de sus dedos en mi codo - Vamos señorita Natalia, no hagamos esperar a los radiólogos. -. Reacciono y recuerdo lo que me ha dicho antes.

Camino a su lado en silencio. El pasillo es interminable, empiezo a plantearme si es correcto lo que estoy haciendo, mi corazón parece una locomotora.

Unas puertas verdes se divisan al fondo, cuando nos acercamos, puedo ver que hay un cartel enorme, en el que pone “Solo personal autorizado”, pasamos a través de el sin ningún problema.

Por el camino una chica vestida de azul saluda al Doctor.

-Buenas tardes caballero - Le dice con confianza -, ¿Cómo está Erika? - Se humedece los labios mientras espera la respuesta. Se que intenta coquetear con el.

-Muy bien Beatriz. Hace unos minutos salió del edificio. Llegó esta mañana y va a pasar unos días en casa. Sabrá que has preguntado por ella.

- Esboza una pequeña sonrisa y seguimos la marcha.

No se quien es Erika, pero intuyo que es la chica de antes. Vuelve el calor a mi estómago y no me gusta nada esa nueva sensación. - ¿Estoy celosa? - Me digo - ¿Qué está pasando conmigo? - por unos segundos consigo olvidar de que estoy huyendo, pero el olvido dura poco.

-Ya estamos llegando a la salida - Pone su mano en mi espalda y aligera el paso.

Es como si el también tuviera ganas de salir. No puedo evitar pensar que se está molestando demasiado y que le puedo buscar algún problema.

-Doctor Engel, no quisiera ponerle en un aprieto… yo no quisiera que por mi culpa tuviera… - Mis remordimientos empiezan a jugar conmigo

-Llámame César. Mi nombre es César Engel.

- ¿César? - No imaginaba ese nombre. En mi cabeza esperaba algo más extranjero.

Incluso creía que Engel era su nombre y resulta ser su apellido.

-Así es - Sonríe y como si supiera el porqué de mi sorpresa, continúa. -Mi madre era española y mi padre alemán.

-Am… yo tenía un tío que vivía en Alemania…- Es lo único que sale de mi boca mientras mi mente procesa la información que acabo de recibir.

Sus padres deben haber muerto, al menos de su madre habla en pasado.

Pasamos la última puerta y el sol de julio nos da de lleno. Ambos nos ponemos nuestras manos a modo de visera sobre los ojos. Seguimos caminamos hacia lo que parece el parking privado del hospital.

Aprieta un mando del que cuelgan unas llaves y las luces de un Audi Q7 negro parpadean. Le miro y en ese momento, una sonrisa traviesa se dibuja en su boca.

Se que está orgulloso de su posesión.

Se adelanta a mí y abre la puerta del copiloto para que suba.

-Adelante señorita - Los asientos están tapizados en piel gris, el salpicadero es del mismo color, los reposabrazos de las puertas son de madera y toda la instrumentación es totalmente digital. Me siento con cuidado. Este coche no se parece en nada al Renault Safrane dorado que comparto con Mario. Cierra mi puerta y camina hasta la suya. Es tan atractivo que no puedo evitar seguirle con la mirada. Sus pasos son firmes e inspira seguridad en si mismo. Definitivamente las chicas deben caer rendidas a sus pies.

Se acomoda y cierra la puerta, - Ponte el cinturón - Me dice mientras se abrocha el suyo.

Mete la llave en el contacto y gira, se que lo ha arrancado porque nos movemos, pero no hace ningún ruido.

-¿Dónde vamos? - Pregunto tan asustada como perdida.

-Lejos de ese loco - Contesta con seriedad. - Tenemos que ir a un lugar que él no conozca.

-Todos los lugares a los que puedo ir, los conoce… - Respondo con lágrimas en los ojos.

-No te preocupes, contaba con ello. - Dice mientras acaricia mi hombro. - De momento, voy a llevarte a un sitio para que puedas estar tranquila y pensar con claridad. Mañana a primera hora volveré a por ti e iremos a poner la denuncia.

Adjuntarás en ella el parte de lesiones que te rellenaré. Deberíamos hacerlo ya, pero quiero que asimiles un poco todo esto, estas bastante alterada. Ya que no vas a correr ningún peligro hoy, podemos permitirnos unas cuantas horas más de demora. - Saca su móvil y envía a alguien un mensaje.

-Vale - Contesto rápidamente mientras busco en mi bolso, mi móvil está vibrando.

Mis ojos se abren y el corazón me golpea sin piedad en el pecho al ver el nombre de Mario en la pantalla. - ¡Es el!, ¡Dios mío es él!, ¿Qué hago?, ¿Qué le digo?.

- Mis manos tiemblan y siento la boca seca. El estómago me da vueltas.

-Cálmate - Me dice. - Hoy tendrás varias llamadas de él, créeme… pero sobre todo recuerda que ahora no puede hacerte daño. - Me quedo mirando el teléfono hasta que deja de sonar.

-No se si estoy haciendo lo correcto - Digo mientras miro fijamente las luces del salpicadero -No se que estoy haciendo… va a ser peor… mucho peor, creo que debería volver a casa - Mi voz suena totalmente sincera.

-Ni se te ocurra volver a pensar eso. - Me mira un par de segundos - Esto que estás haciendo ahora mismo es quererte a ti misma y darte una oportunidad. Te la mereces. - Veo rabia en sus ojos. Mi móvil llama de nuevo nuestra atención, vuelve a sonar.

-Mierda… Mierda y mierda… no se si voy a ser capaz de aguantar esto - Pongo la mano en mi frente mientras niego con la cabeza.

-Mi madre siempre me decía, que el ser humano es capaz de aguantar siete veces más de lo que cree, solo es cuestión de mantener la cabeza fría. -Me mira - Deberías avisar a la gente que quieres sobre lo que ha ocurrido para que no se preocupen.

Seguramente él, les va a llamar y les preocupará. Después, apaga el teléfono.

Matando al perro, se acabó la rabia.

-Tienes razón - Cuando voy a marcar el número de Laura, el móvil vuelve a vibrar en mis manos, esta vez es un mensaje, lo abro y leo: - “¿A que coño estás jugando?. Coge el puto teléfono o me las pagarás”. Un frío recorre mi espalda. Mis manos y barbilla tiemblan sin control. Alarga su brazo y me lo quita de las manos para leer lo que pone.

Vuelve a sonar, esta vez en su mano y descuelga.

Una ola de calor abrasador sube desde mis pies hasta mi cabeza. Me pongo las manos en el pecho intentando evitar que el corazón se me salga de la caja torácica.

-¿Donde coño estas desgraciada?. ¿Como te atreves a dejarme aquí tirado?. Tu no sabes con quien estás jugando todavía, ¡HIJA DE PUTA! - Puedo oírle a través del auricular, está gritando como un loco.

-¿Cómo te atreves tu a ponerle la mano encima?.

- Imagino la cara de Mario al oír una voz de hombre recriminándole por lo que ha hecho - ¿Te crees muy hombre?, ¿Te sientes poderoso por agredir a una mujer? - Oh… Mierda, mierda y más mierda… no me puedo creer que esté pasando esto. - Ella ya ha tomado la decisión de no volver contigo. Te aconsejo que a partir de ahora, dejes de tocar los huevos, o quien va a descubrir realmente con quien está jugando, vas a ser tu. Y créeme, no va a gustarte… - Dice con rabia y tono autoritario.

- Tu tu tu tu tu… - Mario debe haber colgado.

Extrañamente me siento aliviada de ver que alguien me defiende y se preocupa por mí.

- Bien. Creo que lo ha entendido - Me entrega el móvil mientras sonríe y me guiña un ojo. Yo le devuelvo la sonrisa tímidamente. Segundos después caigo en la cuenta de algo importante.

-¡Sabrá que has sido tu quien ha respondido!, ¡Tu acento es inconfundible! - La ansiedad vuelve a apoderarse de mí.

-No te preocupes por eso, se defenderme Natalia.

-¡Pero puede ir a tu consulta¡. Oh Dios mío… te estoy buscando problemas…

-Chis. No vayas por ahí que vas mal. No me estás buscando nada, en todo caso, lo estoy provocando yo. Créeme que nada me gustaría más que tener unas palabras con ese ser despreciable.

- Pero no sabes de lo que es capaz… no le conoces.

-Ya ha demostrado que es un cobarde, y con eso me vale. Solo se atreve con mujeres porque sabe que no se la devuelven. Tranquilízate - Pongo los ojos en blanco y no digo nada más.