Capítulo 53
Salgo del baño y Laura está esperándome con los brazos cruzados.
-No preguntes - Digo sonriente. Se a donde va a ir a parar.
-Con la cara que sacas, no hace falta que pregunte nada… -El timbre suena y las dos miramos en dirección a la puerta.
-¿Quién podrá ser? - Susurro mirando a Laura -No tengo ni idea… Voy a ver.
Camina decidida hasta la puerta. De tres largos pasos consigo atajarla.
-¿Pero que haces? - Algún día, su impulsividad nos saldrá cara.
-Cotillear… - Se gira hacia mí y ríe. Pongo mis ojos en blanco y tengo que volver a perseguirla.
-Laura… - Susurro para apagar mi grito, pero no hace caso.
Llega hasta la puerta y pone su ojo en la mirilla.
Hace señales para que yo también mire. Mis ojos se abren sorprendidos al descubrir de quien se trata.
-¡Es Erika! - Digo extrañada. Laura me mira con cara de sorpresa.
-¿Esta es la perrita de César, no? - Asiento confirmándolo.
No me da tiempo ni a pestañear, cuando Laura abre la puerta y me encuentro con Erika de frente.
-Vaya… así que ya has conseguido también meterte en su casa… ¿Qué será lo siguiente? - Pregunta con su falsa sonrisa.
Laura sale de detrás de la puerta para dejarse ver.
-Hola - Dice agradablemente - ¿Quién eres?
-No creo que a ti te importe eso - Escupe Erika con tono de desprecio.
-Yo creo que sí - Responde Laura tranquila - ¿Eres la que venía a unirse a la orgía? - La cara de Erika cambia, y rápidamente dirige su mirada a mí. Busca confirmación para lo que acaba de oír.
Con mucho disimulo, piso el pie de Laura con el mío para que se calle. Me temo que esto va a acabar mal…
-Yo no vengo a unirme a ninguna orgía - Dice Erika furiosa.
-Uff que susto me habías dado - Suelta Laura - Ya me extrañaba a mí… César dejó bien claro que no quería tetas “made in China”. Las prefiere naturales como estas. - Sujeta sus pechos y los mueve violentamente. - El plástico no le va, y tu pareces estar envuelta en el.
No puedo creerme lo que acaba de hacer. Giro mi cara hacia ella y hago un gesto de desaprobación.
-Muy graciosa… - Responde Erika aún más cabreada - Veo que César todavía no ha llegado…
-Ha ido a comprar juguetitos - Dice de nuevo Laura y vuelvo a pisar su pie - Que pena… traía noticias sobre algo que le interesa. - Sonríe triunfante -
Pero viendo que no hay vida inteligente en la casa a quien poder dejar el recado, tendré que llamarle después - Se gira y se marcha haciendo ruido con sus tacones. Camina totalmente recta.
-Ten cuidado reina, esa tensión acumulada, puede hacer que se te explote algún globo - Golpeo su hombro con mi puño.
-¡Auch…! - Dice pasando su mano por el brazo.
-¿Eres tonta? - Le digo cabreada. Pero segundos después, no puedo aguantar más y rio a carcajadas. Laura rompe a reír conmigo.
-¿Viste eso? -Dice con lágrimas en sus ojos - Casi es capaz de gesticular por el enfado, aun teniendo un camión cisterna de botox inyectado en su cara - Estallamos en carcajadas de nuevo.
-No seas tan cruel - Digo con esfuerzo, apenas puedo respirar.
-Erika no puede reír como nosotras… si lo hace, se descose - Otro golpe de risas.
-¡Paraaaaa! - Mi barriga duele.
- ¿Viste esas bolsas que tenía debajo de sus ojos?. Pues no eran bolsas… son sus tetas, y como sigan recortando su piel… ¡Dentro de poco va a tener barba…! - Pataleo en el sillón casi sin aire.
-Tengo la impresión de que alguien ha salido malparada… - Laura y yo miramos rápidamente hacia la puerta.
César acaba de llegar, estábamos tan perdidas en nuestras bromas, que no hemos oído como abría la puerta. Suelta su maletín en el suelo y se descalza.
-Hola - Digo un poco preocupada. Por lo poco que ha tardado, es posible que se haya cruzado con Erika.
-Lo siento. No había juguetes… - Dice mientras nos mira con media sonrisa y una ceja levantada.
No hay duda. Se ha encontrado con ella mientras subía.
Laura golpea un cojín con su puño tratando de calmarse. Nuestras carcajadas ya son mudas debido a la poca fuerza que nos queda. Pasados unos segundos. Secamos nuestras lágrimas en un intento de serenarnos.
-¿Cómo ha ido el día? - Pregunto sofocada.
-Creo que no tan bien como el tuyo… - Viene hasta mí y deja un beso detrás de mi oreja -
Laura me sonríe pícaramente cuando César no mira.
Media hora después, y tras contarle lo ocurrido, Laura tiene que marcharse. Hoy tiene turno de tarde y si no se da prisa, no llegará.
Cuando la puerta se cierra, César viene hacia mí. Me atrapa entre sus brazos y besa mi cuello.
-¿Cómo estás hoy? - Pregunta casi ronroneando, mientras pasa su lengua por mi clavícula.
-Estoy bastante mejor - Contesto mientras disfruto de sus besos.
-No he podido pensar en otra cosa que no seas tú en todo el día… - Noto sus dientes morder tiernamente la piel de mi hombro.
Pone sus manos en mi trasero y aprieta sus caderas contra mí. Puedo notar perfectamente que es cierto lo que dice.
-César… - Estoy empezando a perderme - Creo que hoy no podrá ser… -Para de besarme y me mira extrañado.
-¿Te sientes mal? - Me observa con detenimiento, intentando buscar la causa de mis palabras.
-No… ahora mismo no puedo estar mejor la verdad, pero me bajó el periodo hace un rato…
-Nooooo… - Deja caer su cabeza en mi hombro - Noooooo - Dramatiza.
-César, no seas crio - Me rio.
-Nooooo… - Vuelve a decir.
-César por favor - Rio más fuerte tratando de levantar su cabeza de mi hombro pero me presiona más fuerte.
-No tiene gracia… Ahora sí estoy llorando de verdad. Déjame. - Bromea.
Si el supiera la odisea que he vivido en las últimas horas… no estaría bromeando ahora.
El día pasa tan rápido como el de ayer. Nos abrazamos y besamos como adolescentes en el sofá. Se queja de su mala suerte un par de veces más, pero finalmente se mentaliza de que no podrá ser.
Cenamos unos Hot Dogs que prepara. Mientras los comemos, me explica que la salchicha Frankfurt que hay en el interior, es la mejor de todas, y que se la traen directamente de Alemania. No puedo evitar reír mentalmente, pensando en que diría Laura si estuviera aquí…
Después de pasar un buen rato mirando programas absurdos en la televisión, y charlando sobre nuestras cosas, decidimos que es hora de ir a dormir.
***
La noche pasa horrible. He tenido que levantarme varias veces a vomitar y apenas hemos dormido ninguno de los dos. Estoy empezando a preocuparme al no sentir mejoría, y parece que César también.
-Recuerda que esta tarde pasará Alex a por ti sobre las cinco. La cita con la Doctora Nova es a las seis. Yo te esperaré en el hospital. - Me besa cuando se marcha.
Casi llega tarde por esperar que venga Laura.
No ha querido dejarme sola ni un minuto.
La pobre trae cara de cansancio. Salió tarde del trabajo, y se ha tenido que levantar temprano.
No me gusta generar molestias de este tipo.
Hoy tampoco podré ir a fisgonear a la habitación de los libros. El álbum ocupa mucho espacio en mi cabeza desde que lo encontré.
Intuyo que obtendré respuestas a muchas de mis preguntas en él…pero por el momento, tendré que esperar.
Para colmo de mis males, el día no es tan agradable como el de ayer. Mi estómago no sujeta nada, por lo que mi azúcar está por los suelos. Laura insiste en llamar a César en varias ocasiones, pero consigo detenerla hasta que llega la hora.
-Buenas tardes Alex - Digo cuando abro la puerta. - Te estábamos esperando - Entro a la habitación a por mis cosas, y espero un par de minutos más sentada en la cama, quiero darles espacio.
Cuando creo que ya se habrán echado una buena dosis de miraditas cómplices, salgo de nuevo, y sorprendo a Alex sonriendo. No puedo evitar hacerlo yo también. Cuando me descubre, se tensa. - Mierda… si no tengo cuidado, sabrá que lo sé. - Me digo.
Salimos a la calle y caminamos hasta el coche, antes de cruzar, miro a ambos lados, y por un segundo, juraría que he visto la cara de Mario, vuelvo a mirar en la misma dirección, pero ya no hay nadie, ha desaparecido. Estoy empezando a obsesionarme… o eso, o que con lo que sea que me está pasando, ya veo cosas donde no las hay.
De todas maneras, no me quedo tranquila.
-Alex… - Se gira hacia mí.
-Dime Natalia - Responde.
-¿Y sí te digo que me ha parecido ver a Mario en esa dirección? - Susurro.
Antes de que pueda hablar, toma mi brazo rápidamente y camina conmigo de regreso al hotel.
-Vamos Laura - Dice para que venga ella también.
Casi corremos. Laura nos mira extrañada pero obedece.
-¿Qué ocurre? - Pregunta.
-Quedaos aquí hasta que yo os lo diga - Está muy serio.
Sale a toda prisa cuando se asegura de que estamos dentro. Le veo correr y le perdemos de vista cuando vuelve la esquina. Unos minutos más tarde, regresa caminando por la acerca.
Viene hablando con alguien por teléfono.
-De acuerdo, no te alejes de nosotros más de diez metros. - Cuelga.
-¿Que pasa? - Le digo preocupada. - ¿Era él?
-No he visto nada. De todas formas, otro coche nos acompañará hasta el hospital.
No quiero arriesgarme. - Caminamos de nuevo hasta el coche, esta vez más deprisa.
Vuelvo a mirar a la zona donde me pareció verle. Pero no hay nada. Seguramente mi cabeza me ha jugado una mala pasada…