Capítulo 44

Natalia:

Tocan a la puerta. Sé de quien se trata y abro sin dudar.

-¡Hola preciosa! - Me abraza levantándome del suelo y me besa - Moría por verte hoy. Se me hizo eterno el día… ¿Cómo fue el tuyo?

-Bastante aburrido… -Le digo resoplando mientras respondo a su tierno beso-

¡Pero tengo un chisme emocionante! - Me suelta.

-Umm… ¿Un chisme?. Cuenta - Cruza sus brazos, arquea una ceja y me mira sonriendo.

-¿Recuerdas que ayer Alex no pudo venir con nosotros porque había quedado con alguien?

-Aham… - Asiente.

-¿Recuerdas que te comenté que Laura tenía una cita?

-Aham… - Sus ojos se abren.

-¡Siiii! - Grito eufórica. -¡Estaban juntos!

-¡No me lo puedo creer! - Ríe a carcajadas - Que cabrón, que callado se lo tenía. A ver si hablo con él…

-No, no le digas nada. Laura no me ha confirmado nada aún, pero sé a ciencia cierta que es verdad lo que te digo. Conozco demasiado bien a esa loca… Vamos a esperar a ver que pasa…

-Haremos lo que dices-Vuelve a reír - Alex y Laura… - Niega con la cabeza - Quien lo iba a decir…

Los días pasan, y cada vez es más aburrido estar aquí metida. El hotel se me viene encima.

Incluso he caído enferma. Algo debió sentarme mal, porque he tenido vómitos, y mi garganta ha estado inflamada. César tuvo que recetarme varios medicamentos, y gracias a ellos, ya me encuentro mejor.

Entre los disgustos que llevo y la falta de sol, debo de estar baja en defensas.

Lo único que quiero es estar con César.

Últimamente a él le pasa lo mismo, solo quiere estar conmigo. Hemos estado durmiendo juntos las dos últimas semanas, prácticamente no sale de mi habitación, ni de mis sábanas… Solo nos separamos cuando tiene que ir a trabajar.

Algunos días, tengo prácticamente que obligarle.

Dice que apartarse de mí, es como si le amputaran uno de sus miembros. Me siento increíblemente bien cuando dice cosas así…

Trato de mantener mis sentimientos a raya, pero es imposible con él. Cada día me gana más…

Todas las mañanas, cuando me despierto… y le veo plácidamente dormido a mi lado, mi corazón salta de alegría… No puedo hacer nada contra esto. “Voy cuesta abajo y sin frenos…” Como decía mi pobre abuela. No hay manera de pararlo.

Llamo a mi padre a diario, cada día está mejor.

Pronto le darán el alta, y podrá volver a casa.

Entiende que no puedo ir, y me siento mal por mentirle… Estoy harta de poner excusas y me muero por verle. Tendré que hablar con César, necesito visitarle como sea.

Erika últimamente se pasa por el hotel, más de lo que me gustaría. Me he cruzado con ella varias veces, siempre viene cuando él no está.

Me parece extraño…

pero no voy a decírselo, no quiero que piense que estoy celosa, o la veo como una rival… Él es quien ha decidido ayudarla, y sabe lo que está haciendo… además, imagino que tiene permiso para pasearse por aquí a sus anchas… Si ya de por sí, está viviendo en su casa… ¿Por qué iba a importarle que viniera?.

Laura me tiene descontenta, desde la última vez que hablamos, no me ha vuelto a coger el teléfono. Después de ver mis perdidas, siempre me manda un mensaje.

“Estoy ocupada, te llamo en cuanto pueda”, pero pasan los días y no lo hace.

Todo es muy extraño, ella jamás me ha ocultado una cita. ¿Por qué se esconde de esta?

Como no he salido de aquí, todavía no he tenido ocasión de ver a Alex, -¿Le habrá contado Laura nuestra conversación?-. Intuyo que pronto lo sabré.

Llevo varias horas en el escondite secreto de César. Él llama así a su gimnasio personal. Está instalado en una de las habitaciones del hotel.

Hasta hace un par de días, desconocía que existía. Ahora entiendo por qué su cuerpo está tan cuidado… Todavía no he usado todos los aparatos. Tiene demasiados. No es que sea lo que más me apetezca hacer… pero al menos es algo nuevo, y puedo despejar la mente…

Paro de moverme, al ver a través del espejo que tengo en frente, la puerta abrirse lentamente…

-¿Nataaa? - Laura aparece tras ella.

-¡Lauuu! - Digo entusiasmada. Corro hasta ella y la abrazo. -¿Cómo sabías que estaba aquí?

-Me lo ha dicho Manuel. -Sonríe.

-¿Por qué no me has llamado? - La riño por el suspenso en el que me ha tenido estos días.

-He estado muy ocupada… - Me dice, pero no me lo trago.

-Lau… A mí no me engañas. - Resopla y baja la mirada.

-No quería que me presionaras… ya sabes… con lo de mi cita del otro día… - Dice sincera.

-¿Pero por qué diablos tanto secretismo? ¿No confías en mí? - Me mira apenada.

-Claro que confío tonta, pero Alex no quería que esto saliera a la luz todavía.

Es pronto…

-¡Así que mis sospechas son ciertas! - Grito alegre.

-En parte sí, pero no sabemos que pasará. Nos hemos visto en tres ocasiones…

Nos estamos conociendo. Es una persona muy reservada… pero sobre todo tímida.

Creo que es la primera vez que sale con una chica… - Dice susurrando

-Sabes que no le diría nada… - Respondo molesta.

-¡Él lo sabría!. Sabría que te lo he contado. -

Baja la voz - Es capaz de leer cualquier gesto facial. Estuvo unos años trabajando en la policía científica, y era a él a quien llamaban para realizar los interrogatorios complicados…

-Vaya… - Digo asombrada - A partir de ahora, tendré que mirar para otro lado cuando hable con él.- Rio.

-Créeme si te digo, que lo voy a tener difícil si quiero esconderle algo. - Pone sus ojos en blanco.

Las dos reímos a carcajadas. Me imagino a Laura intentando escabullirse como siempre, poniendo excusas, y a Alex cazándoselas todas.

-¿Y cómo que has venido sin avisar? - Pregunto.

-Estaba por aquí cerca, y me parecía mal irme sin saludarte. Y de paso…

-No me digas más - No la dejo terminar. - Y de paso, ver si estaba Alex por aquí. - Volvemos a reír.

-No puedo decirte que no… Es tan misterioso que me tiene atrapada - Soltamos grititos de quinceañeras - No me atrevo a llamarle, ni a escribirle hasta que él no lo hace, no quiero que piense que soy pesada o que le acoso. Necesita tiempo para adaptarse a las nuevas situaciones…

Es todo lo contrario a mí…

-Ya sabes lo que dicen. - Levanto repetidas veces mis cejas - “Los polos opuestos se atraen…”

-¡Y de que manera! - Suelta de pronto. No puedo evitar hacer la siguiente pregunta.

-¿Os habéis acostado? - Se atraganta con su propia saliva y tose.

-¡No!. ¿Si te cuento algo, prometes no dramatizar? - Dice mientras se repone de la tos.

-Palabrita del niño Jesús - Reímos. Esa frase, nos la hacían decir nuestras madres cuando éramos pequeñas, para asegurarse de que no mentíamos.

-Creo que es virgen…- Susurra de nuevo. Mis ojos se abren de par en par.

-¿Pero cómo va a ser virgen si tiene casi treinta años…? - Estoy totalmente sorprendida.

-Te acabo de decir que es tímido… y que nunca ha tenido…

-¿Quién es tímido? - César acaba de entrar casi sorprendiéndonos.

Laura y yo gritamos por la impresión. Aún trae el uniforme verde del hospital puesto. Está para comérselo. Como siempre, a Laura no se le escapa detalle.

-Creo que me estoy poniendo enferma - Dice la muy loca abanicándose. - Necesito un médico urgentemente… - César niega con la cabeza mientras Laura, sigue haciendo el espectáculo. - Doctor… me siento mal…

-Pues siéntate bien - Suelta César a modo de chiste malo. Los tres reímos.

-Me duele aquí… - Insiste.

-Pues siéntate allí.- César señala una de las sillas vacías. Estallamos en carcajadas.

-Esos chistes son viejísimos - Le digo limpiando mis lágrimas.

-Pero como puedes comprobar, siguen haciendo la misma gracia - Viene hasta mí. - ¿Cómo estás? - Pone sus manos en mis mejillas y me mira intensamente. Sabe que me avergüenza que me bese en público y se contiene.

-Muy bien Doctor. A mí también me duele aquí - Rio.

-Pues vayámonos allí - Levanta las cejas y señala el lugar donde se encuentra nuestra habitación.

Me pongo roja al instante.

-Bueno… me estáis echando -Dice Laura mientras se pone en pie. -Me largo de aquí, que me dais envidia… Por cierto Nata… ¿Cuándo crees que podrás ir a ver a tu padre? -Me pregunta.

-No lo sé… tengo que hablarlo con César. Pero me gustaría ir esta semana. ¿Por qué?

-Es posible que quiera ir yo también, así aprovecho el viaje - Me guiña un ojo -

Llámame cuando lo sepas de seguro. - Se marcha.

-Lo haré. - Digo mientras veo como cierra la puerta.

César aprovecha para besarme.

-Y ahora que tú y yo nos hemos quedado solos…

- Mueve sus cejas de nuevo, haciéndome reír.

Ya sé lo que busca…

Me abraza por la cintura, pegándome a él.

-Tu uniforme huele a hospital… Deberías quitártelo - Le digo pícaramente.

Justo en ese momento, algo vibra en su bolsillo y en mi cadera a la vez. Se aparta de mí y saca su teléfono. Lo tenía en modo silencio para que no le interrumpieran en el trabajo.

-Otra vez este número alemán - Dice extrañado -. Es la cuarta vez que me llama hoy, y no he podido atenderle. Tardo un segundo cariño. -

Descuelga.

-Tranquilo - Susurro.

-Hallo?, hier Engel.- Me encanta verle hablar en ese idioma, es tan sexy… - Ja, ich bin…- Escucha durante unos segundos y su mirada se queda fija en un punto. - Was?- Silencio - Sind Sie sicher?- Está poniendose demasiado pálido.

Algo horrible le están contando… - Danke…- Quita lentamente el teléfono de su oreja. Lo está apretando con tanta fuerza que las puntas de sus dedos están blancas.

-César… ¿Va todo bien? - Le pregunto preocupada.

Me mira, y su rostro está totalmente desencajado. Esto empieza a asustarme. Una de sus manos sujeta su estómago, cada vez está más palido. Gotas de sudor empiezan a formarse en su frente. Entra rápidamente en el baño y cierra la puerta, Oigo como vomita. Me quedo paralizada, no se que hacer…