CAPÍTULO 34
Irina llevaba a Katherina casi en volandas, ya había guardado el cuchillo, pues esa pequeña humana nada podía hacer contra ella.
Baldur se pondría muy contento. Eso era lo que le había pedido y ella lo había logrado. Jamás pensó que fuera tan fácil.
Se acercó por detrás de la pelea. Baldur no estaba entre los luchadores. Lo miraba todo desde una pequeña distancia. Estaba esperando a que Kaesios se debilitara lo suficiente. Pero era difícil. Onuris y Hersir le cuidaban las espaldas y los tres estaban acabando con la mayor parte de sus hombres. Si la cosa seguía así durante mucho tiempo, él perdería la batalla.
Su rabia crecía por momentos.
Irina apareció a su espalda, y traía un maravilloso presente. Jamás pensó que pudiera hacerlo, la pobre era bastante limitada, pero con la ayuda del mago, su mejor baza estaba a su lado. Unos segundos después aparecía Lyris.
Bien, la suerte se había vuelto de su lado. La lluvia seguía cayendo, tapando los olores de la batalla.
Baldur sonrió a Irina al mismo tiempo que le arrebataba a la humana de las manos.
— ¡Kaesios! Es nuestro turno.
Él alzó el rostro al oír su nombre y la sangre se le bajó a los pies.
—Mierda... —Murmuró Hersir
Onuris se acercó a su hijo y le puso la mano en el hombro.
La batalla se había detenido. Todos estaban esperando el desenlace.
Cornelius se puso en pie, el golpe que le había propinado el oscuro le había lanzado lejos varios metros. Le sangraba la nariz y la boca, tenía el labio partido y Dios sabría qué más. Pero se puso en pie y miró aquello que había detenido la batalla.
Baldur sujetaba a Katherina por la cintura y tras él... Lyris...
El corazón de Cornelius comenzó a latir con fuerza. Sin darse cuenta estaba caminando y sus pasos lo llevaban hacia la mujer que lo miraba con esos ojos tan maravillosos.
Aidan le sujetó. Él intentó zafarse, pero el vampiro lo agarró con más fuerza.
—No hagas nada, mortal. Está en juego sus vidas. Mantente sereno y actúa cuando te lo ordene Kaesios.
Miró al oscuro a la cara. Sus facciones mostraban preocupación. Cornelius asintió con la cabeza.
—No haré nada. Lo juro.
Entonces lo soltó.
Kaesios estaba paralizado, no podía reaccionar. Su mujer no podía estar ahí, ella estaba segura junto a Lyris, de pronto la vio. Tras Baldur, la sacerdotisa se encontraba rodeada de vampiros.
Todo estaba perdido.
Si ella moría, él moriría.
Su padre le apretó el hombro.
—Fuerza Kaesios, eres un guerrero, piensa y actúa como tal.
Suspiró para sus adentros. Su vida mortal había girado en torno a la guerra, la muerte y la sangre. En su vida como inmortal, también. Ahora su mente debía alejarse de sus sentimientos, ser lo que era, un Oscuro, cruel y malvado.
— ¿Te escondes detrás de una mujer? Eso es nuevo, Baldur.
Él no se dejó pinchar, la pulla no le hizo ningún efecto, entre sus brazos estaba su carta ganadora.
—Es bueno sorprenderte, de vez en cuando.
Lyris observaba. Tenía que encontrar la manera de evitar la muerte de Katherina, pero estaba rodeada. Baldur la tenía bien custodiada y Cornelius no podía ayudarla.
Había visto su cara. Su mirada horrorizada al verla allí, en peligro. Había visto el miedo, lo había sentido como propio. Él la amaba, ella lo sabía. Pero su amor no era lo primordial, había cosas más importantes que hacer. Debía eliminar al mago, él podría limitar sus poderes. Se concentró en Cornelius.
“— ¿Me oyes?”
Los ojos del hombre se abrieron debido a la sorpresa, podía oír el sonido de la voz de Lyris en su cabeza.
“Sí— contestó con su mente.
—No puedo moverme, no puedo hacer nada mientras siga con vida el mago.
— ¿Quién es el mago?
—Lucas, el de la túnica gris, debes eliminarlo y yo haré mi parte.
—Lyris, no debes ponerte en peligro.
—Cornelius, eres el mejor hombre que he conocido. Tú me has hecho sentir mujer, feliz, completa. Pero ese tiempo terminó. Ahora mi camino es otro y no se cruza con el tuyo. Debes dejarme marchar, debes ser fuerte y superarlo, debes vivir y ser feliz.
—Lyris... yo...
—No, sobran las palabras. Nadie mejor que yo sabe que hay dentro de ti y es correspondido, te lo juro. Pero yo perdí ese camino, hace mucho tiempo. Ahora tengo otro deber y debes ayudarme. ¿Lo harás?
Los ojos del hombre se estaban nublando debido a las lágrimas, que se mezclaban con las gotas de lluvia. ¿Se estaba despidiendo? ¿Eso es lo que estaba haciendo? O solamente lo liberaba de ese amor que los hacía desgraciados a los dos...
—Haré lo que me pidas, como siempre...
—Elimina a Lucas”
El guerrero se giró sobre sí mismo y se acercó hasta sus hombres. Les dio las órdenes pertinentes y volvió a su puesto.
“—No sobreviviré sin ti, Lyris —le confesó.”
Ella sonrió, él lo vio a pesar de la distancia. La dulce sonrisa de Lyris iluminó su rostro.
“Encontrarás quién te ame como te mereces, solo mira a tu alrededor”
Él obedeció y se dio de bruces con la mirada de Dana, que no le perdía la vista. ¿Acaso ella era la mujer que ocuparía su corazón?
“—Sí, mi querido, ella es, ahora es tu turno de ser feliz”
La flecha voló a toda velocidad en cuanto Cornelius levantó el brazo. Dana le miró fijamente. No sabía que estaba tramando.
En frente, el mago cayó al suelo, muerto.
Lyris expandió todos sus poderes y todos los vampiros que la rodeaban cayeron a varios metros de distancia, fulminados por su poder.
Baldur la miró enfadado. No podía tolerar que esa mujer acabara con todo.
Miró a Kaesios que ya estaba más que preparado.
No lo pensó ni un segundo. Cogió la daba de su cintura y la tiró en dirección a la Suma Sacerdotisa, que estaba ocupada eliminando a sus hombres. Dio justo en el pecho y ella sorprendida miró la empuñadura que sobresalía de su cuerpo.
Cornelius no pudo soportarlo. Gritó con todas sus fuerzas mientras corría en dirección a su amada. Ella se mantenía a duras penas en pie. Y extendió los brazos hacia él. Corrió con todas sus fuerzas y llegó a sujetarla antes de que cayera al suelo.
—Mi vida... ¿qué has hecho?
Kaesios estaba junto a Baldur, aprovechando el momento de distracción que le otorgó Lyris y le tenía sujeto por el cuello. El oscuro soltó su presa y Katherina cayó al suelo, mientras ambos hombres luchaban.
—Lo que debía... éste es mi destino. Yo ya lo sabía,
Cornelius, sabía a lo que venía y lo que pasaría. No debes culparte.
El guerrero lloraba mientras abrazaba fuerte a Lyris. Sentía como la vida de esa mujer se le escapaba. Podía sentir como abandonaba su cuerpo. Los recuerdos de tiempos felices inundaron su mente. Su primer beso, sus abrazos, el roce su de suave piel. Ella se había apoderado de su corazón y con ello de su alma. No podría superar su falta.
—No... Lyris, no... haz algo, sé que puedes.
Ella alzó la mano y acarició el hermoso rostro masculino que la había acompañado durante muchas noches en sus sueños.
—No... este es mi destino, mi tiempo aquí ha terminado. No llores mi falta, no recuerdes mi ausencia. Cornelius, tienes un brillante futuro, solo abrázalo como ahora me abrazas a mí. Yo siempre estaré a tu lado.
El corazón de la sacerdotisa latía por última vez mientras Cornelius depositaba un dulce beso en sus labios. Exhalo su último aliento mientras él acarició su cara y su pelo, y su propio corazón se rompía en mil pedazos de dolor.
Lyris había muerto... y se llevaba la mejor parte de él.
Kaesios cogió a Baldur y lo lanzó lejos. El oscuro salió disparado y cayó al suelo sobre su espalda, pero en décimas de segundos ya estaba en pie, listo. Le hizo señas con la mano para que se acercara hasta él. Kaesios cogió su espada del suelo y de un salto cayó justo frente a su oponente.
—Ha llegado el momento, Kaesios. Hacía mucho tiempo que estaba esperando esto.
—No sé cuáles son tus razones, Baldur. Pero hoy, uno de los dos dejará de existir.
—Espero que seas tú, sinceramente. Me gustaría que te reunieras con tu querida hermana, seguro que la echas de menos, ¿no es así? Era una gran mujer, ¿cierto? —se detuvo frente a Kaesios y lo miró con maldad— Todavía puedo recordar su mirada mientras le quitaba la vida... una experiencia inolvidable.
Kaesios se quedó petrificado.
Onuris y Hersir a sus espaldas, dejaron de respirar.
Los ojos de Kaesios comenzaron a cambiar de color, y el rojo empezó a inundar sus pupilas.
— ¿Qué estás diciendo?— Gritó.
Baldur se subió, el ego le impedía mantener la boca cerrada. Ya había comenzado, y no sería él el que retuviera la tormenta que estaba por estallar.
—Lo que has oído. Fue bastante fácil, la verdad. Ella confiaba plenamente en el humano. Solo tuve que pillarla desprevenida, lo demás vino solo.
Kaesios apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
— ¿Mataste a Karina? ¿Por qué? —Logró preguntar, intentando contener toda la furia que amenazaba con invadir todo su cuerpo.
—Necesitaba separaros, y fue la mejor forma que se me ocurrió. Deseaba acabar contigo, y pensé que el dolor de la pérdida te volvería blando y descuidado como a los demás, sin embargo no fue así, te volviste más cuidadoso, te uniste a los verdugos, siempre atento, siempre rodeado de asesinos... pero hoy llegó el día, no era como yo lo había planeado, pero me sirve igual. Debes estar contento, al fin y al cabo, la razón de que tu hermana no esté entre nosotros es culpa tuya, de forma indirecta, claro, pero tuya igualmente.
Hersir hervía por dentro, dio un paso para acercarse y Onuris lo sujetó con fuerza por el brazo. Le miró. Onuris vio en sus ojos el mismo dolor y rabia que sentía él, pero esta batalla era de Kaesios y él sería el que acabara con el círculo.
—Kaesios —Le dijo Onuris—, acaba con él. Pero hazlo lento, para que sufra.
Al oír las palabras de su padre, una sonrisa diabólica asomó a los labios del antiguo. Le daría muerte, y sufriría...
Alzó la espada por encima de su hombro y le señaló.
— ¿Listo para recibir tu merecido, Baldur?
No le contestó, pero cogió su espada y se puso en posición. En unos instantes la lucha comenzó.
El sonido de metal contar metal, inundó el lugar. Todo el mundo estaba en silencio, expectante, atentos al resultado final, pues decantaría la victoria para un bando o para el otro.
Ambos ágiles, sus saltos intentando herir al contrincante, eran increíbles. Jamás ningún humano había podido ver con sus propios ojos la fuerza desmedida de los Oscuros.
El barro, que hacía tropezar y resbalar, a ellos no les afectaba para nada, su agilidad a la hora de saltar y caer con elegancia en el suelo, era asombrosa.
Kaesios volvió a saltar con la espada en alto, Baldur lo imitó y ambas espadas chocaron entre sí, pero Kaesios a su vez le dio un golpe en el mentón que desestabilizó a Baldur, que cayó al suelo con un golpe sordo.
La lluvia caía de manera fina y lenta, anunciando que pronto dejaría de acariciar sus rostros con las gotas de agua.
En tierra, ambos luchadores se movían y giraban, con la intención de defenderse mientras intentaban herir al enemigo.
Baldur era fuerte y poderoso, pero enseguida se notó la superioridad de Kaesios, más diestro en el arte de la guerra.
Onuris y Hersir permanecían quietos, esperando. Saber la verdadera razón de la muerte de su amada Karina, había abierto una profunda herida que nunca había cicatrizado, y dolía, mucho. Sus esperanzas estaban puestas en Kaesios. Él vengaría a su hermana y con ello también al resto de la familia. El más antiguo, con tantos años vividos, se sentía el más tonto. Lo había tenido en frente, pero no lo había visto. Ahora que echaba la vista atrás veía con claridad meridiana todo aquello que debería haberlo hecho dudar en aquel momento.
Ningún hombre, por fuerte que fuera, podía haber matado a Karina. Su poder era mayor, al igual que su velocidad y su fuerza. El humano hubiese cogido el arma y ella ya le habría roto el cuello. El amor que sentía ella por el humano le hizo dudar, pero Karina era fuerte, inteligente.
Jamás se hubiese dejado matar, jamás hubiese dejado que le cortaran el cuello de aquella manera. Hoy, Onuris lo veía claro y maldijo su mala suerte. No debió aceptar las cosas, debió buscar, indagar… solo Kaesios, muerto de rabia y consumido por la ira había hecho algo para honrar la memoria de su hermana, eliminar a todo el poblado. Pero ahora que lo pensaba, ninguno de ellos tuvo realmente algo de culpa, aunque el humano traidor hubiese conspirado contra su hija.
Pero nada de eso tenía solución ahora. Solo quedaba ver la lucha y confiar en que Kaesios saldría vencedor.
Ambos estaban heridos y la sangre comenzaba a correr manchando sus cuerpos, eso los debilitaba y los hacía más vulnerables, pero si de algo estaba seguro Onuris, era de que ese maldito traidor de la raza, ese asesino de almas puras, no saldría de aquí con vida.
La espada de Baldur voló por los aires y él se quedó quieto, sorprendido mirando su mano vacía.
Kaesios soltó una carcajada, se acercó a una que estaba tirada en el suelo y con el pie se la tiró. El Oscuro la cogió en el acto.
—No creas Baldur que esto va a terminar tan pronto, acabaré contigo, pero me voy a divertir un rato.
El Oscuro lo miró con odio. El iris de sus pupilas centelleaba, pero eso poco le importó. Hoy sería el día en el que vengaría la muerte de su hermana, por segunda vez, y lo disfrutaría hasta el final.
Katherina solo podía distinguir una mancha borrosa y los cuerpos de los contrincantes cuando se detenían para estudiarse.
Ella se encontraba arrodillada, junto al cuerpo inerte de Lyris, el corazón se le rompía viendo las tiernas caricias que le prodigaba Cornelius, aun cuando ambos sabían que no había vida en su precioso cuerpo.
Sin dejar de mirar la lucha, Aidan se acercó hacia ellos.
—Cornelius, Lyris debe reposar en su santuario, tenerla aquí no es digno de ella. Debemos partir y enterrarla en el lugar que le corresponde.
—Cornelius alzó la vista, anegada en lágrimas y afirmó con la cabeza.
—Pero, ¿La lucha?
—Esto ahora es un duelo, entre Kaesios y Baldur, los demás no harán nada hasta descubrir el desenlace. Llévate a tus hombres y a los de las tribus del bosque. Serán una digna compañía para cuidar de ella mientras dure el viaje y dala sagrada sepultura. Ahora guarda tu dolor, debes reponerte y guiar a tus hombres. Nosotros nos encargaremos del resto. No olvides que aún muerta, son muchos los que matarían por poseer aunque fuera uno solo de sus cabellos. El viaje será peligroso.
Cornelius se puso en pie llevando en sus brazos el cuerpo sin vida de Lyris. Se acercó hasta Ario.
—Debemos llevarla al santuario y dejar reposar su cuerpo en el lugar que corresponde. Prepara a los hombres, seremos su guardia hasta el Santuario, Aidan ha dicho que nos llevemos a las tribus de los bosques, para que nos ayuden.
Ario afirmó con la cabeza y se volcó en obedecer todas las órdenes de su señor y amigo. Sabía todo lo que estaba sufriendo, sabía que en sus brazos llevaba el cuerpo inerte de la mujer que más había amado. Su dolor debía ser inmenso.
Buscó una carreta y la cubrió con las mejores pieles, convirtiéndolo en un carruaje funerario. En pocos minutos, todo estuvo dispuesto.
Dana no estaba muy contenta con el nuevo cambio de planes, ella deseaba pelear, no cuidar de un cuerpo muerto, aunque fuera el de la Suma Sacerdotisa. Sin embargo obedeció sin rechistar al ruego de Aidan, que afirmaba que era urgente que Lyris llegara al santuario cuanto antes.
Cornelius se acercó hasta la carreta y depositó con sumo cuidado el cuerpo de su amada. Le dolía el corazón de solo mirarla, parecía dormida, sino fuera por la herida del pecho, y la sangre que goteaba de ella, su rostro mostraba serenidad y tranquilidad, como si estuviera soñando.
Escuchaba una y otra vez las últimas palabras de Lyris, “yo siempre estaré a tu lado”. Ojalá fuera cierto, porque a partir de ahora la necesitaba y más que nunca, había perdido el rumbo al perderla a ella y necesitaba un guía que lo volviera a ubicar en el camino correcto.
Cogió sus armas y se preparó la formación.
La más grande Suma Sacerdotisa, tendría los mayores honores, él se encargaría de eso....