17

El sábado siguiente me agazapé bajo un paraguas con Jo mientras esperábamos a que Ellie y Joss salieran de la casa de Scotland Street. El agente inmobiliario, Ryan, un excompañero de Jo de cuando ella trabajaba en la inmobiliaria de Braden, Carmichael & Co., empezó a hablar con Ellie mientras Jo pasaba su brazo en torno al mío.

Adam y Ellie habían encontrado un sitio que les gustaba. El espacioso piso georgiano tenía suelo de tiras de madera, techos altos y detalles de ese período. Las obras que pudieran requerirse serían puramente cosméticas. A Ellie le encantaba, a Adam le gustaba de verdad, y Els quería conocer nuestra opinión.

Fue un «sí» resonante de nosotras, las chicas.

Una vez que Ryan se marchó, Ellie nos sonrió con entusiasmo.

—Me alegro mucho de que os guste. De verdad aprecio mucho que hayáis venido a verlo. —Empezó a bajar por la escalera y Josh se apresuró a ponerse bajo el paraguas con ella cuando la seguimos—. Sobre todo tú, Liv. —Sonrió con curiosidad por encima del hombro—. Has estado ocupada últimamente.

Yo sonreí a modo de respuesta, esperando que no pareciera una sonrisa de ligero sobresalto y pánico.

Jo me apretó el brazo contra sus costillas.

—Es curioso —murmuró de forma que solo yo pude oírlo—, pero Nate también ha estado ocupado últimamente.

Me obligué a no reaccionar, y no fui capaz de decir nada. No quería mentir con descaro, de manera que eso significaba quedarme en un silencio ignorante. En verdad, llevábamos cinco semanas de nuestras lecciones —¿podíamos seguir llamándolo «lecciones»?— y ya empezaba a estar un poco desesperada por hablar con alguien de lo que estaba sucediendo con Nate y conmigo. Jo tenía más experiencia que yo sobre relaciones y hombres en general, y yo me encontraba en un punto en el que estaba tan necesitada de consejo que me preguntaba si debería dejar que esa necesidad tapara todas las razones que tenía para no acudir a ella.

Hicimos una súbita parada en la acera cuando sonó el móvil de Joss. Ella hurgó en su bolso y sonrió a modo de disculpa al responder.

Observarla fue desconcertante, porque algo que yo no comprendía pero que decididamente no le gustaba asomó en sus ojos. Se puso pálida y murmuró su agradecimiento a quien fuera que estaba al otro lado de la línea. Luego se quedó con la vista clavada en el espacio.

—¿Joss? —Ellie la agitó con suavidad, pues sentía lo mismo que Jo y yo.

Algo iba muy mal.

—Joss, ¿qué pasa?

Ella parpadeó de repente y nos miró, con los ojos empañados de miedo.

—Tengo que irme.

—¿Joss? —Ellie dio un paso hacia nuestra amiga cuando ella empezaba a retroceder—. ¿Jocelyn?

—Tengo que irme.

—¿Adónde?

—Solo… solo… —Se llevó una mano a la frente, mientras palidecía a cada segundo—. Tengo que irme.

—En serio, me estás asustando. ¿Qué pasa?

—Ellie —espetó, pero en cuanto su mirada se encontró con la de su cuñada su expresión se suavizó—. Solo… necesito estar un rato sola.

Después de un momento de contemplación concienzuda, Ellie asintió por fin. En silencio observamos cómo Joss daba media vuelta sobre sus botas de tacón y poco a poco se alejaba de nosotras con los brazos cruzados sobre el pecho y la barbilla hundida.

Ellie, Jo y yo compartimos miradas de preocupación.

—¿Qué ha sido eso? —pregunté, con el estómago dándome un vuelco.

Ellie no respondió y sacó su propio móvil con manos temblorosas. Movió la pantalla varias veces y empezó a escribir con rapidez.

—¿Qué estás haciendo? —Jo miró al móvil de Els, luego volvió la cabeza en la dirección en la que nuestra amiga había partido.

—Envío un mensaje a Braden para que lo sepa.

Me acerqué a Jo para tranquilizarla.

—¿Alguien sabe qué clase de llamada era esa?

—Ni idea. —Ellie se abrazó a sí misma, lo que casi hizo que su paraguas golpeara a una persona que pasaba. Sin embargo, Ellie ya no era consciente de nadie más en ese momento y su pánico estaba aumentando mi desazón—. Pero no había visto a Joss tan reservada en mucho tiempo. Está claro que no es nada bueno.

* * *

—No le pasará nada —me tranquilizó mi padre mientras me atraía a un abrazo.

Después de enviar el mensaje de texto a Braden, Ellie se había metido en un taxi para irse a casa con Adam, y Jo y yo tomamos otro para dirigirnos a su piso. Cuando llegamos allí, los chicos habían vuelto de clase de judo y les contamos lo que había ocurrido con Joss. Nadie tenía ni idea de lo que podía significar.

Fue solo más tarde, cuando estábamos sentados en el salón, cuando me di cuenta de que era la primera vez en dos semanas que Nate y yo compartíamos la misma habitación con amigos. Esta vez era raro. Era raro, porque después de haber visto a cuatro parejas enamoradas en los últimos meses me pareció que lo que teníamos Nate y yo no era tan diferente. No solo teníamos un sexo alucinante, sino que estábamos juntos, hablábamos de cosas que nos preocupaban, reíamos… nos acurrucábamos. Nate bromeaba y me provocaba y me robaba el teléfono para hacerme fotos.

Nos preocupábamos el uno del otro.

Mucho.

Ocultar lo que era evidente que teníamos detrás de la excusa de lecciones de educación sexual y mantenerlo en secreto estaba empezando a roerme por dentro. Sobre todo porque conocía a Nate.

No había dejado de necesitar ver esa «A» en su pecho en el espejo cada día, y no sabía si alguna vez lo haría. Era obvio que corría riesgo de resultar herida.

Sin embargo, en cierto modo, no era lo bastante lista para apartarme de la situación.

Unas pocas veces esa tarde sentí sus ojos en mí y eso me hizo estremecerme de incomodidad, como si pudiera ver dentro de mí y saber con exactitud lo que estaba pensando.

«Caramelito, si supiera lo que estás pensando saldría por la puerta más deprisa que un fugitivo».

Así que cuando papá llamó y me invitó a cenar temprano no dudé ni un instante en aceptar la oferta, y salí de casa de Jo y Cam sin apenas despedirme de Nate.

Papá había servido pollo marinado, patatas y ensalada, y yo me senté en el taburete a su lado, picoteando mi comida mientras él me tranquilizaba después de que le contara el incidente de Joss.

Yo negué con la cabeza sus argumentos tranquilizadores.

—No le viste la cara. Parecía… acechada.

—Braden la ha ido a buscar, ¿no?

—Sí. Els le mandó un mensaje para decirle que la encontraría en el castillo, donde pensaba que estaría.

—Bueno, solo hemos de esperar a que nos lo cuente.

Asentí, pero continué esparciendo la comida por el plato, con mis pensamientos consumidos por Joss y Nate.

—Has perdido peso —comentó mi padre—. Come.

Esa era otra ventaja del sexo constante y activo. Realmente había perdido unos kilos y hasta me había tonificado un poco. Claro que no podía contarle a mi padre la razón. Me ruboricé solo de pensarlo.

—He estado muy ocupada. No he tenido mucho tiempo para comer.

Papá levantó una ceja inquisitiva.

—Me he fijado en que estas últimas semanas has estado un poco distante. ¿El trabajo te mantiene ocupada?

—Sí, el trabajo… y bueno, a veces ayudo a Nate con sus reseñas.

Capté la tensión en su labio superior por el rabillo del ojo.

—Seguramente le pagan para que lo haga él.

—Es mi amigo, papá —le advertí.

—No puedo evitarlo. Tiene veintiocho años y aún no ha crecido. Se pavonea sacando fotos y jugando a videojuegos y mirando películas y se lleva a la cama a todo lo que se mueve. Eso no es un hombre, Olivia. Es un chico. Problemático. Y no me gusta que lo tengas cerca.

—¡Basta! —solté, y mi tenedor retumbó en el plato. Mi padre me miró enfadado, con el rostro ruborizado por la sorpresa—. No lo conoces —dije antes de que él pudiera replicar—. No sabes nada de él.

—Entonces, ilumíname. ¿Qué tiene ese tipo que a ti te parece digno de tu atención y tu tiempo?

—Es un buen amigo. Un amigo leal, cuidadoso y compasivo.

—¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué ha hecho?

Crucé los brazos sobre el pecho y me eché atrás, mirando la hermosa ventana en voladizo que daba a Heriot Row. No podía sostener la mirada de mi padre cuando reconocí:

—El último Día de Acción de Gracias te mentí. Dije que estaba bien, pero no lo estaba. —Sentí que el aire se hacía más denso cuando él se puso tenso—. Cuando te dejé, me fui a casa y me derrumbé. Preparé pavo, patatas, todo, pero lo quemé y me puse como loca. Quiero decir como una loca de atar. Por suerte, Nate pasó y me pilló en medio de ese ataque y se sentó conmigo mientras yo sollozaba hablando de mamá. —Arriesgué una mirada a mi padre y vi que tenía la mandíbula rígida y los ojos brillantes de tristeza—. Nate estaba allí para mí, papá. Y me entendió. Perdió al amor de su vida cuando tenía dieciocho años. —Mi voz se quebró con las palabras «amor de su vida»—. Ella murió de cáncer.

—Dios. —Papá bajó la cabeza y se cubrió la cara con la mano, como exhausto por la noticia.

—Eran novios desde niños y, según todo lo que sé, ella era muy especial. No ha vuelto a ser el mismo desde entonces. No puedes decírselo a nadie, papá. Él no habla de ello.

Mi padre me contempló con una mirada intensa.

—¿Lo estás viendo?

Mi pulso se aceleró, mis miembros se agitaron cuando bajé los ojos. No podía mentir a mi padre. Simplemente no podía.

—No tenemos una relación si es eso lo que estás preguntando.

—Oh, nena. —Gruñó como dolorido—. Espero que sepas lo que estás haciendo.

Sentí que las lágrimas ardían de forma inexplicable en mis ojos, aparté la mirada y volví a coger el tenedor para jugar otra vez con la comida.

—No puedes decir nada. Nadie sabe nada de nosotros.

—¿Y a quién se lo iba a decir?

Sonreí con debilidad ante mi plato.

—¿Estás decepcionado conmigo?

—No. —Su mano bajó para tomar la mía y calmar mis movimientos nerviosos—. Pero mi chica merece más que lo que os tengáis entre manos vosotros dos. Mereces empezar una vida con alguien. Tú mereces ser el amor de la vida de alguien.

De alguna manera, conseguí no llorar. En cambio, le sonreí radiante, mientras empujaba todo lo negativo a mi pozo profundo y negro.

—Lo creas o no, Nate me ha llevado cien pasos más cerca de encontrar eso.

—No lo entiendo.

—No hace falta que lo entiendas, papá. Solo has de saber que estoy mejor de lo que he estado en mucho tiempo.

Me examinó por un momento.

—Vale. Me alegro, cariño.

Mi teléfono sonó e interrumpió nuestra conversación a corazón abierto. Cuando vi la cara de Jo en la pantalla, cogí el teléfono a toda prisa al darme cuenta de que, probablemente, me llamaba por Joss.

—Hola.

—Ellie acaba de llamar —dijo sin más preámbulos.

—¿Y?

—Joss está embarazada.

Me quedé de piedra y fruncí el ceño al mirar a papá.

—¿No es una buena noticia?

Jo dio un hondo suspiro.

—Creo que ha agitado algunos fantasmas, Liv.

Comprendí y cerré los ojos con empatía.

—¿Su familia?

—Sí. —Suspiró—. Ellie dice que Braden está muy preocupado por la reacción de Joss. Se suponía que tenía que ser uno de los días más felices de su vida.

Me sentí fatal por ellos.

—Acaban de casarse. Se supone que esta debería ser una época maravillosa para los dos.

—Sí. De todos modos, sabía que estabas preocupada, así que he pensado que tenías que saberlo.

—Gracias, Jo. Hablaremos después.

Después de colgar, me volví hacia mi padre, que esperaba.

—Joss está embarazada.

Papá parecía tan confundido como me había sentido yo al principio.

—¿Eso no es bueno?

—Parece que eso ha abierto algunas heridas viejas y muy dolorosas… sobre su familia.

—A veces ocurre. Es solo… que algo lo desencadena. Y vuelves a sentirlo todo otra vez.

Supongo que comprendíamos eso también.

—Solo espero que pueda superarlo.

—Lo hará. —Papá sonó convencido—. Braden es su familia. Ella lo superará por él.

Solo podía esperar que mi padre optimista tuviera razón, porque si dos personas merecían la felicidad eran Joss y Braden Carmichael.