ADIÓS
Ya nunca te veré más,
queda en paz, que Dios te guarde,
que yo evitaré en mi ruta
encontrarte.
Haz desde hoy lo que quieras,
desde hoy ya nada me importa;
la más dulce entre las dulces
me deja.
Que ya no tengo costumbre,
como antes me sucedía,
de emborracharme de luces
de estrellas.
Cuando, galán tantas veces,
yo miraba entre las ramas,
esperaba para verte
en los vidrios.
¡Oh, qué feliz me sentía
cuando salíamos juntos,
bajo el encanto tranquilo
de la luna!;
cuando en secreto pedía
que la noche se parase,
para poderte guardar
por mujer.
En su vuelo yo alcanzaba,
la dulzura de tu voz,
voz de la que apenas queda
un recuerdo.
Porque si escucho de nuevo
aquellas cosas pasadas,
me parecen un lejano
cuento viejo.
Y si la luna ilumina
los mismos bosques y prados,
me parece que los siglos
transcurrieron.
Los ojos del primer día
ya no te contemplarán…
Porque estás lejos de mí,
¡adiós!
1883