De las figuras del arçipreste
«Señora», dis la vieja, «yo l' veo a menudo,
el cuerpo ha bien largo, miembros grandes, trefudo,
la cabeça non chica, belloso, pescoçudo,
el cuello non muy luengo, cab' él prieto, orejudo.
las çejas apartadas prietas como carbón,
el su andar enfiesto bien como de pavón,
su paso sosegado, e de buena rasón,
la su narís es luenga, esto le descompón'.
Las ençías bermejas, et la fabla tumbal,
la boca non pequeña, labros al comunal,
más gordos que delgados, bermejos como coral,
las espaldas bien grandes, las muñecas atal.
Los ojos ha pequeños, es un poquillo baço,
los pechos delanteros, bien trefudo el braço,
bien complidas las piernas, del pie chico pedaço,
señora, d'él non vi más, por su amor vos abraço.
Es ligero, valiente, bien mançebo de días,
sabe los instrumentos e todas juglerías,
doñeador alegre, para las çapatas mías,
tal omen como éste non es en todas erías.»
A la dueña mi vieja tan bien que la enduxo:
«Señora», dis «la fabla, del que de feria fuxo
la merca de tu uço Dios que la aduxo,
¡amad, dueñas, amadle tal omen qual debuxo!
¡Sodes las monjas guardadas, deseosas, loçanas,
los clérigos cobdiçiosos desean las ufanas,
todos nadar quieren los peçes e las ranas,
a pan de quinçe días fambre de tres selmanas.»
Dijo doña Garoça: «Verme he, dame espacio.»
«¡Alahé», dixo la vieja, «amor non sea laçio,
quiero ir a desírçelo ¡yuy cómo me engracio!
Yo l' faré cras que venga aquí a este palaçio.»
La dueña dixo: «Vieja, goárdeme Dios de tus mañas
ve, di l', que venga cras ante buenas compañas:
fablarme ha buena fabla, non burlas nin picañas,
e dil', que non me diga de aquestas tus façañas.»
Vino la mi leal vieja alegre, plasentera,
ante del «Dios vos salve» dixo la mensagera:
Sé que el que al lobo envía, a la fe, carne espera,
que la buena corredera ansí fase carrera.
Amigo ¡Dios vos salve! folgad, sed plasentero;
cras dise que vayades, fabladla non señero,
mas catad non le digades chufas de pitoflero
que las monjas non se pagan del abad fasañero.
De lo que cumple al fecho aqueste le desit,
lo que cras le fablardes vos hoy lo comedit.
A la misa de mañana vos en buena hora id,
enamorad a la monja, e luego vos venid.»
Yo l' dixe: «Trotaconventos, ruégote, mi amiga,
que lieves esta carta ante que gelo yo diga,
e si en la respuesta non te dixiere enemiga,
puede ser que de la fabla otro fecho se siga.»
Levol' una mi carta a la misa de prima,
tróxome buena respuesta de la fermosa rima,
guardas teníe la monja más que la mi esgrima,
pero de buena fabla vino la buena çima.
En'l nombre de Dios fui a misa de mañana,
vi estar a la monja en oraçión loçana,
alto cuello de garça, color fresco de grana,
desaguisado fiso quien le mandó vestir lana.
¡Valme Santa María! mis manos aprieto;
¿quién dio a blanca rosa hábito, velo prieto?
Más valdríe a la fermosa tener fijos e nieto,
que atal velo prieto, nin que hábitos çiento.
Pero que sea errança contra nuestro Señor,
el pecado de monja a omne doñeador.
¡Ay Dios! e yo lo fuese aqueste pecador,
que feçiese penitençia desto fecho error.
Oteome de unos ojos, que paresçían candela:
yo sospiré por ellos, dis' mi corazón: «¡Hela!»
Fuime para la dueña, fablome e fablela,
enamorome la monja, e yo enamorela.
Resçibiome la dueña por su buen servidor,
siempre l' fui mandado e leal amador,
mucho de bien me fiso con Dios en limpio amor,
en quanto ella fue viva, Dios fue mi guiador.
Con mucha oraçión a Dios por mí rogava,
con la su abstinençia mucho me ayudava,
la su vida muy limpia en Dios se deleytava,
en locura del mundo nunca se trabajava.
Para tales amores son las religiosas,
para rogar a Dios con obras piadosas,
que para amor del mundo mucho son peligrosas,
et son las escuseras, peresosas, mentirosas.
Atal fue mi ventura, que dos meses pasados
murió la buena dueña, ove menos cuydados,
a morir an los hombres que son o serán nados,
Dios perdone su alma a los nuestros pecados.
Con el mucho quebranto fis' aquesta endecha,
con pesar e tristesa non fue tan sotil fecha,
emiéndela todo omen, e quien buen amor pecha,
que yerro et mal fecho emienda non desecha.