EL CINTURÓN DE CASTIDAD

Dicen que allá por los tiempos medievales la lujuria encontrábase tan desbocada que las pudibundas mentes de entonces decidieron que a ese vicio había que meterlo en cintura..., y así fue como vio la luz ese curioso artefacto llamado cinturón de castidad. En realidad no está muy claro por qué se le puso ese nombre, ya que técnicamente no es ni cinturón ni es de castidad...

Se supone que la castidad es la virtud mediante la cual se hace una renuncia voluntaria de todo goce carnal..., y en cuanto a lo de cinturón, se trata más bien de un tanga ortopédico y blindado que más que luchar contra la lujuria provoca un morbo más cercano al rollo sadomaso que a la castidad propiamente dicha. Lo cierto es que no se sabe quién coño lo inventó (nunca mejor dicho), pero desde luego está claro que la idea no partió de una mujer.

¿Cómo definir esta hermética prenda íntima, si es que se la puede considerar como tal?

Para todo aquel, o aquella, que no esté familiarizado con su uso, diremos que se trata de una especie de coraza de hierro que se cerraba con llave y candado y que, al parecer, se obligaba a utilizar a algunas damas de la Edad Media con el fin de que no cayeran en la tentación de poner los cuernos a sus esposos en su ausencia.

Relatan los historiadores que han dedicado sus estudios al conocimiento de tan machista invento, que este objeto alcanzó una enorme popularidad en Inglaterra allá por el siglo XIX. Por entonces, una famosa y muy leída publicación lo definía como «una de las cosas más extraordinarias que los celos masculinos hayan realizado», describiéndola como la medida que tomaba el caballero para asegurarse la fidelidad de su dama, que al quedar sola en casa (mientras él se largaba alegremente a las cruzadas) podía llegar a tener deslices sexuales con otros caballeros más partidarios de hacer el amor y no la guerra.

En otras palabras, que no estaba dispuesto a que mientras él se marchaba a combatir con celo a los infieles, su señora se quedara en casa en celo y le fuera infiel.

Solución: asegurar la fortaleza, porque, ya se sabe, en tiempo de guerra cualquier agujero es trinchera.

Todo esto, por supuesto, puede ser cierto y no haber ocurrido nunca, porque aunque esta es la opinión más generalizada, resulta bastante chocante y difícil de aceptar, ya que tan férrea y humillante «prenda» no puede utilizarse durante mucho tiempo (a lo sumo un par de días) por razones obvias. Usarlo de una forma continuada provocaría en la mujer infecciones, llagas y quemaduras por el contacto y el roce con el metal, y esto, sin duda, la llevaría a la muerte. Parece que hay mucho de leyenda e imaginación en torno al cinturón de castidad. Muchos aseguran que pudieran haberlo utilizado las damas virtuosas para prevenir la violación en circunstancias tales como el acuartelamiento de soldados, durante los viajes y en alojamientos nocturnos en fondas y posadas. También resultaría discutible, porque aquella recia y reprimida soldadesca estaba acostumbrada a derribar fortalezas mucho más inexpugnables para conseguir objetivos mucho menos apetecibles y gratificantes.

Lo cierto es que no se conocen datos ni referencias probadas históricamente anteriores al siglo XIX, lo que nos hace pensar que el cinturón de castidad pudiera ser una invención muy posterior a la Edad Media, más bien cabría situarlo en el Renacimiento (y cuando decimos «situarlo» hablamos de la época, porque lo suyo es situarlo, como su propio nombre indica, en la cintura y en salva sea la parte).

Desde luego, está claro que de todos los cinturones de castidad que se conocen ninguno fue hecho en el medievo, hasta el punto de que todos los que fueron expuestos en museos y exposiciones acabaron siendo retirados al comprobarse que eran falsificaciones del siglo XIX.

Hoy día los cinturones de castidad que se fabrican no tienen nada de castos, sino más bien de todo lo contrario, ya que su misión es lúdica y carnal (como corresponde a cualquier juguete erótico) y son usados tanto por hombres como por mujeres. Y es que las cosas han cambiado: en el sexo ahora importan mucho la cantidad y la calidad, mientras que lo que sobra es la castidad.