LA CÁMARA FOTOGRÁFICA

Como diría un profesional del ramo, el instrumento óptico-mecánico que permite fijar las imágenes sobre el material sensible es la cámara o máquina fotográfica. Básicamente se compone de una cámara oscura sobre una de cuyas caras está montado el dispositivo óptico (objetivo) y sobre la cara opuesta, el material impresionable. Por medio de un obturador se puede determinar el tiempo de exposición a la luz del material sensible. Esto, dicho así, grosso modo, es lo que es el aparato en sí.

¿Y para qué sirve? Pues muy fácil, para hacer fotografías, como su propio nombre indica. Vamos a hacer un poco de historia (o de memoria fotográfica)...

Empecemos por decir que su origen es bastante oscuro, ya que, como decíamos al principio, el invento nace a partir de la cámara oscura. Este ingenio es más antiguo de lo que la gente piensa y se remonta nada menos que al periodo que va del año 965 al 1038. Es en esa época cuando la emplea por primera vez Alhazen, el mayor estudioso de óptica de la Edad Media, para observar la imagen del sol durante los eclipses (el resto del tiempo en que no se producían los eclipses no se sabe qué hacía Alhazen); el caso es que fue el primero en describir los principios de la «cámara oscura».

Descripciones de un dispositivo apropiado para la proyección de imágenes de objetos terrestres las encontramos también en la obra de Leon Battista Alberti y de Leonardo da Vinci. Un alumno de Leonardo, que era más césar que el César (porque se llamaba Cesare Cesariano), habla también de ello en una publicación de 1521. Y es en 1553 cuando Della Porta (no confundir con el ex del Barça) describe ampliamente y con claridad la cámara oscura en la primera edición de Magia Naturalis. Libri IV. Para muchos, este Giovanni Battista della Porta es el verdadero inventor de la cosa.

Por esa misma época, Gerolamo Cardano introduce una mejora notable en la cámara oscura, consistente en una lente de apertura.

Llegamos al siglo XVII y la cámara, que hasta ese momento había sido una habitación, se reduce considerablemente y queda transformada en un aparatejo portátil de madera. Esta operación reductora se debe a Johann Zahn, que, como por arte de magia, consigue que lo que era toda una estancia se convirtiera en un simple cajón parecido al usado en los principios de la fotografía.

Ventajas: resultaba más liviana, discreta y transportable.

Inconvenientes: se perdía el espacio que en ocasiones servía para jugar a las tinieblas o a la gallinita ciega, práctica que algunos solían ejercitar cuando organizaban sus reuniones científico-orgiásticas con damas de oscura reputación.

En ese mismo siglo XVII los científicos que no estaban interesados en aquellos juegos frívolos y eróticos se dedicaban a experimentar como niños con sales de plata y veían cómo estas se oscurecían con la acción del aire y del calor del sol, o al menos eso es lo que creían, porque los muy bobos no se daban cuenta de que en realidad era la luz la que las hacía reaccionar (a las sales, no a los científicos). Fueron otros dos colegas, el sueco Carl Wilhelm Scheele y el suizo Jean Senebier, los que descubrieron que era la luz la que hacía reaccionar a las sales.

El invento molaba y artistas prestigiosos como Vermeer o Canaletto empiezan a encapricharse con la cámara oscura, convirtiéndola en una utilísima y rentable herramienta para sus trabajos pictóricos. Ya lo decía una cancioncilla que se oía en los ambientes artísticos de la época:

Canaletto, Canaletto,

mira que tienes careto,

más claridad en tu pintura

y menos cámara oscura

Muchos otros pintores se ayudaron de este invento, con lo que conseguían resultados casi perfectos, sobre todo en los retratos.

Un ingenioso francés sorprendió con su fisionotrazo, palabra que suena fatal pero que no era otra cosa que un artilugio que servía para conseguir perfiles. Este hombre se llamaba Gilles Louis Chrétien y tenía alucinado al personal de la burguesía francesa con aquello.

Faltaba poco para la invención de la fotografía...

Avancemos y situémonos en los inicios del siglo XIX. En el año 1816 el científico francés Nicéphore Niépce (Nini para los amigos) se hizo con las primeras imágenes fotográficas, pero no fue capaz de fijarlas permanentemente, o sea, que ni fotografía ni nada. La más antigua que se conserva es la que se conoce como «Vista desde la ventana en Le Gras», que se obtuvo en 1826 utilizando una cámara oscura y un soporte con una emulsión química de sales de plata. Cuando Niépce comenzó sus experimentos necesitaba al menos ocho horas de exposición, a plena luz del día, para obtener imágenes.

En 1839 Louis Daguerre expuso públicamente un proceso para la obtención de fotografías sobre una superficie de plata pulida. Le dio el nombre de daguerrotipo (apropiado nombre, porque Louis era un tipo que dio guerra haciendo honor a su apellido).

Comenzaba la carrera y la lucha, porque, casi simultáneamente, Hércules Florence, Hippolyte Bayard y William Fox Talbot desarrollaron otros sistemas diferentes.

El de Talbot conseguía negativos sobre un soporte de papel y positivaba copias también en papel. El procedimiento negativo-positivo de Talbot se llamó (¡cómo no!) Talbotipo, aunque también se le conocía como calotipo.

El empleo de la cámara oscura experimentó constantes mejoras y avances en su diseño, así como las lentes ópticas y los objetivos utilizados.

La fotografía tuvo su época de auge comercial a partir de 1888, cuando salió al mercado una cámara que se cargaba con carretes de 100 fotos circulares. Esta cámara la puso en circulación la casa Kodak.

Más tarde se impuso la fotografía en color, las ayudas en el enfoque y el cálculo automático de la velocidad de exposición y la apertura del diafragma.

En 1925 se introduce en el mercado la emblemática Leica 35 mm.

En realidad, la fotografía en color empezó a desarrollarse durante el siglo XIX, aunque las primeras pruebas y experimentos no conseguirían que los colores quedaran fijados en el cliché. El primero que consiguió «sacarle los colores» a la fotografía fue el físico James Clerk Maxwell, y eso sucedió en 1861. Pero la primera placa fotográfica en color Autochrome Lumiére no llegó a los mercados hasta 1907, y la primera película fotográfica en color moderna Kodakchrome fue utilizada por primera vez en 1935.

Por último diremos que hoy existen todo tipo de cámaras, pero todas, como la propia fotografía, tienen su lado «positivo» y su «negativo», y que lo más importante sigue siendo saber que el que se mueve no sale en la foto, así que... ¡sonría, por favor!