Los bailarines con menos fluctuaciones asimétricas son mejores
Si a un humano prehistórico le resultaba complicado poder escapar de las garras de un león, más difícil sería su intento por sobrevivir si sus piernas tuviesen una longitud desigual. Prueba de ello son los esqueletos de los indios prehistóricos que demuestran que los individuos más viejos tenían huesos más simétricos que los que morían más jóvenes. Esto es particularmente revelador porque el modelado permanente de los huesos durante la vida, generalmente, causa una asimetría cada vez más acusada en los humanos más viejos.
De acuerdo con Steve Gangestad, psicólogo evolutivo de la Universidad de Nuevo México, en todas las culturas humanas se ha valorado la belleza femenina por encima de cualquier otro atributo, pero la importancia otorgada a la belleza es todavía mayor en aquellas civilizaciones que sufren el impacto de los parásitos, como es el caso de la malaria, la esquistosomiasis u otros parásitos violentos.
La selección constante contra la asimetría empieza ya entre el espermatozoide y los óvulos en las hembras de las especies que se reproducen por fecundación interna. Tan sólo una pequeña parte de los gametos sobrevive y, en general, los excluidos son aquellos con fenotipos desviados. Esta selección es, aparentemente, un fenómeno muy extendido. Los huéspedes pueden evitar de forma segura los efectos debilitantes de los parásitos si desarrollan un sistema inmunitario eficiente, siendo el funcionamiento del sistema inmunitario de los humanos una de las actividades fisiológicas más costosas, sólo comparable al funcionamiento del cerebro.
Existen indicios claros -como apuntaron Ivar Folstad y Andrew John Karter, de la Universidad de Tromso, Noruega, en 1992- de que en las aves el sistema inmunitario está implicado directamente en la señalización sexual y de que, en términos más generales, las defensas inmunitarias desempeñan un papel en la selección sexual puesto que, como se vio, algunos rasgos sexuales secundarios como la simetría reflejan la competencia inmunitaria de los individuos.
Una de las variantes más novedosas a la hora de aquilatar el nivel de asimetría fluctuante es la utilización de la expresión corporal en la danza como símbolo de ese nivel. El experimento fue dirigido por Robert Trivers, actualmente catedrático de antropología en la Rutgers University, New Brunswick, Nueva Jersey, en el curso de sus largas estancias en la isla de Jamaica.
Hasta ahora se desconocía qué revelaba la danza sobre las características del genotipo del que bailaba, suponiendo que significara algo. Para empezar, se dividió a los participantes en el ejercicio en dos grupos en función de sus asimetrías fluctuantes medidas por las particularidades de los codos, las muñecas, el tercer, cuarto y quinto dedos, los pies y las orejas. El objetivo era contestar a las dos preguntas siguientes: ¿reflejan las dotes para la danza una asimetría fluctuante reducida? ¿Es el efecto mayor en los varones que en las hembras?
Las conclusiones dieron respuestas afirmativas a las dos preguntas planteadas en términos casi inequívocos. En primer lugar, la investigación arrojó una correlación clara entre la simetría y la capacidad para la danza. En segundo lugar, dado que los varones asumen en promedio una menor inversión parental que las hembras, era lógico que en el primer caso prevalecieran los ademanes característicos del cortejo, mientras que en el caso de las hembras prevalecieran los afanes discriminatorios a la hora de elegir pareja. Era la manera de contestar, también afirmativamente, al segundo objetivo de la investigación.
Más allá de todo el listado de detalles concretos que demuestran la relación entre las fluctuaciones asimétricas y la selección sexual está el argumento arrollador de lo que yo considero una de las grandes paradojas de la evolución. En cierto modo, el sistema inmunitario fue el primer cerebro de los organismos vivos. Algunos de ellos, a diferencia de los homínidos, no sintieron nunca la necesidad de desarrollar un sistema cerebral, menos impreciso y más sofisticado que el sistema inmunitario. Pero tanto en un caso como en el otro, en el complicado y gran consumidor de energía que es el sistema inmunitario, como en el todavía más sofisticado y acaparador de la energía total disponible -más de un 20%- que es el sistema nervioso y cerebral, recurrieron a las fluctuaciones asimétricas para decidir cuestiones de selección sexual.