Aprender a copular para dejar de ser clones

Las diferencias de sexo son mucho más difusas y oscilantes de lo que a menudo se da a entender porque están en juego, sobre todo, flujos hormonales y químicos no caracterizados, precisamente, por su permanencia o invariabilidad. La neurocientífica Louann Brizendine recuerda que el espacio cerebral reservado a las relaciones sexuales es dos veces y media superior en los hombres que en las mujeres, mientras que en éstas son más numerosos los circuitos cerebrales que se activan con el oído y las emociones.

De acuerdo con Simon Baron-Cohen, los hombres son mejores para desentrañar el funcionamiento de sistemas. La historia de la evolución tendería a confirmar estos hallazgos en el sentido de que la caza, con su parafernalia de dardos y percepción del espacio, habría seleccionado a los cazadores-recolectores dotados del conocimiento del sistema físico que requiere tal tarea, al tiempo que el cuidado de los niños, asignado al sexo femenino por nuestros antepasados, habría prodigado aquellos genes dados al reconocimiento de las emociones y estados de ánimo de los demás.

Desmond Morris identifica las diferencias de sexo no sólo en las mentalidades distintas, sino en la propia historia de las respectivas biologías. A lo largo de la evolución, los dos sexos se han caracterizado por la neotenia; es decir, los humanos -a diferencia de otros animales- han ido aumentando sus rasgos juveniles, como el ánimo juguetón -y no sólo el ánimo, sino la mentalidad infantil-, en plena edad adulta.

Ahora bien, este proceso no se manifiesta igual en las mujeres que en los hombres. En las primeras la mentalidad de chiquilla se ha preservado en menor grado que en los segundos, mientras que sus formas y perfiles físicos han cambiado notablemente a lo largo de la evolución. Los hombres siguen conservando un mayor parecido con el antecesor común de los chimpancés y lo que eran nuestros antepasados, pero con una mentalidad de niño en mayor grado que aquellos y las mujeres.

El factor de diferenciación más importante entre los sexos -para muchos científicos, el único absoluto y determinante- es la disparidad de las células germinales: la contraposición entre los numerosísimos espermatozoides, de tamaño minúsculo, y los escasos óvulos, mucho más grandes.

Células germinales distintas quiere decir, entre otras muchas cosas, comportamientos sexuales diferenciados. El orgasmo en la mujer requiere, primordialmente, una inhibición casi total de su cerebro emocional; es decir, se produce la desconexión de emociones como el miedo o la ansiedad. Una vez más, nos encontramos con la importancia de la ausencia del miedo para definir la felicidad, la belleza y ahora el placer femenino.

En el varón, en cambio, los niveles de actividad emocional se reducen en menor medida durante la excitación genital y predominan las sensaciones de placer físico vinculadas a esa excitación.

Es muy probable que el acto de copular tal como lo entendemos hoy se desarrollara cuando los primeros artrópodos abandonaron el mar. La mezcla constante de genes distintos en un mismo individuo, la irrupción incesante de nuevo material genético, complicó sobremanera la vida de los parásitos que, a partir de entonces, se enfrentaban a huéspedes desconocidos y potencialmente más resistentes.