Diferencias evolutivas: la neotenia
Las diferencias en la concepción del espacio y la vocación de empatía según los sexos son un tema reiterado en la vida de la pareja. Pero hay otras diferencias defendidas con idéntica pasión. Desmond Morris, zoólogo por la Universidad de Birmingham, filósofo por la Universidad de Oxford y uno de los divulgadores científicos más prestigiosos, identifica las diferencias de sexo no sólo en la diferencia de mentalidad sino en la propia historia de las biologías respectivas.
A lo largo de la evolución, los dos sexos se han caracterizado por la neotenia; es decir, los humanos -al contrario que otros animales- han ido conservando sus rasgos juveniles como el ánimo juguetón y la mentalidad infantil en plena edad adulta. Los dos sexos son un cien por cien más neoténicos que los sexos de otras especies.
Mientras se evolucionaba de una especie a la siguiente, se prolongaba y ralentizaba el desarrollo del cuerpo y la mente, dando más tiempo al crecimiento del cerebro y la inteligencia. Como dijo Ashley Montagu (1905-1999), citado por Matt Ridley en su libro The Red Queen: «A Lucy le habría salido el primer molar a los tres años y habría vivido cuarenta, como los chimpancés; mientras que al Homo erectus, un millón y medio de años más tarde, no le habría salido ese diente hasta los cinco años y habría vivido casi cincuenta».
Ahora bien, este proceso no se manifiesta igual en las mujeres que en los hombres. En las primeras la mentalidad de chiquilla se ha preservado en menor grado que en los segundos, mientras que sus formas y perfiles físicos han cambiado notablemente a lo largo de la evolución. Los hombres siguen conservando un mayor parecido con el antecesor común de los chimpancés y nuestros antepasados, pero con mentalidades de niño en mayor grado que ellos y las mujeres. Tal vez, gracias a Desmond Morris, nos sea más fácil entender el sentido de algunas trifulcas familiares aparentemente incomprensibles. «Discuten como niños», dicen los vecinos. Y es que, en cierto modo, lo son.