CAPÍTULO UNO
DEAN
DÍA 31
Traducido por Leenz
Los ojos de Niko nos miraban a todos, uno por uno.
―¡Josie está viva! ―repitió―. ¡Está siendo retenida en contra
de su voluntad en Missouri!
Todos miramos con recelo el periódico que tenía en la mano.
Era Josie. Estaba en lo cierto.
―Voy a ir a buscarla. ¿Quién viene conmigo?
No sabía qué decir. Estoy seguro que mi boca estaba tan
abierta como la de un pez fuera del agua.
―Déjanos ver eso, Niko. ¿Estás seguro? ―dijo Jake. Como
siempre el político, dio un paso adelante y tomó el periódico de
las manos de Niko.
―¿En verdad es Josie? ―preguntó Caroline. Todos los niños
revolotearon junto a Jake.
―¡Esperen! ¡Esperen! Déjenme bajarlo.
Jake puso el periódico en la sábana que la señora McKinley
había puesto como mantel de picnic. Estábamos en el jardín,
celebrando el sexto cumpleaños de los gemelos.
―¡Es Josie! ¡Es Josie, en verdad es ella! ―gritó Max―. ¡Estaba
seguro que la habían hecho explotar!
―¡Tengan cuidado con el periódico! ―dijo Niko.
Los niños se empujaban y competían para ver mejor. Luna,
nuestra mascota blanca y peluda, estaba en brazos de Chloe,
ladrando y lamiendo las caras de quienes estaban cerca. Estaba
igual de emocionada que nosotros.
―¡Qué alguien lo lea en voz alta, ahora! ―se quejó
Chloe.
―A ver Chloe. ¿Cómo se pediría de una manera educada?
―la retó la señora McKinley.
―¡Alguien puede leerlo en voz alta, POR FAVOR!
Buena suerte, señora McKinley.
La señora McKinley empezó a leer el artículo. Decía que las
condiciones del campamento donde retenían a la gente tipo O eran
negligentes y los prisioneros sufrían abusos. Que la asistencia
médica para los refugiados era limitada. Decía que si Booker no les
hubiera dado el poder de gobernar estos campamentos de contención a
estados individuales, nada de esto hubiera pasado.
Pero yo sólo estaba mirando a Niko.
Él estaba balanceándose sobre sus pies.
Acción. Eso es lo que él había estado extrañando, me di
cuenta.
Niko era un chico que se desenvolvía en la estructura y en ser
productivo. Aquí en el lujoso club de golf de Quilchena convertido
en campamento de contención para refugiados, hay mucha estructura,
pero casi nada que hacer además de mirar el ciclo de 24 horas de
noticias deprimentes de todo el país y esperar en filas.
Niko había estado decaído―consumido por la culpa y el dolor de
haber perdido a Josie en el camino de Monument al sitio de
evacuación del Aeropuerto Internacional de Denver. Y estaba ansioso
por hacer algo.
Y ahora pensaba que iba a rescatar a Josie.
Lo cual, desde luego, era completamente absurdo.
Niko empezó a pasearse mientras a la señora McKinley terminaba
el artículo.
Los niños tenían un montón de preguntas. ¿Dónde estaba
Missouri? ¿Por qué el guardia golpeaba a Josie? ¿Podrán verla
pronto? ¿Podrán verla hoy?
Pero Niko cortó la conversación con una pregunta propia.
―¿Cree que el Capitán McKinley pueda llevarnos con ella? ―le
preguntó a la señora M―. Quiero decir, si se consigue el permiso,
puede llevarnos, ¿verdad?
―Supongo que si vamos con los canales correctos, podríamos
conseguir que la transfieran aquí. Es decir, obviamente ustedes
chicos no pueden ir allí y traerla ustedes mismos ―dijo la señora
McKinley.
Compartí una mirada con Alex―ella no conocía a Niko.
Él ya había empacado en su mente. Se giró a verme.
―Creo que si vamos Alex, tú y yo, tendríamos más oportunidades
―me dijo Niko.
Astrid me miró de reojo. No te preocupes, le dije con la
mirada.
―Niko, necesitamos pensar esto bien ―dije.
―¿Qué hay que pensar? ¡Ella nos necesita! Mira, mira la foto.
¡Hay un hombre golpeándola! Necesitamos llegar AHORA. Como, ¡esta
noche!
Él estaba despotricando.
La señora Dominguez se levantó.
―Vamos, niños. Jugamos más futbol. ―Su inglés era un poco
mejor que el de Ulises. Alejó a los niños, un poco fuera del
césped. Sus hijos mayores la ayudaron, llevando a los más pequeños
y a Luna hacia el campo.
La señora McKinley se les unió, dejando a los “chicos
grandes”―Astrid, Niko, Jake, Alex, Sahalia y yo―de pie junto al
mantel del picnic y a los restos de la fiesta de cumpleaños de los
gemelos. (Celebrada con un paquete de donas cubiertas de chocolate
y una bolsa de cheetos de queso.) También había algunos rollos y
manzanas de la “casa club”―así era cómo le decían todos al edificio
principal del complejo. Incluía el comedor, las oficinas y la sala
de recreo.
Astrid, que parecía más embarazada a cada minuto, había comido
su ración, mi ración y la ración de Jake. Adoraba verla comer. Ella
realmente podía comerse todo.
Su estómago parecía crecer cada día. Definitivamente “se
infló,” como dicen. Incluso su ombligo saltó. Sobresalía, suave y
alegremente, como rebotando.
Cuando Astrid lo permitía, los pequeños tomaban turnos para
jugar con su ombligo. Yo quería jugar también, pero nunca me atreví
a preguntar.
Como sea, los pequeños no necesitan oírnos discutir, estaba
feliz de que los hubieran alejado. La señora McKinley trabajó duro
para organizar esta pequeña fiesta y los gemelos debían
disfrutarla.
Los ojos de Niko parpadeaban y había un ligero sonrojo en su
cara. Eso sólo pasaba cuando estaba muy enojado―de otra manera él
es un poco monótono. Pelo lacio castaño, ojos castaños, piel moreno
claro.
―No puedo creer que no le importe a ninguno ―dijo Niko―. Josie
está viva. Ella debería estar con nosotros. En lugar de eso, está
encerrada en ese infierno. Debemos ir a buscarla.
―Niko, ella está a miles de kilómetros de aquí, cruzando la
frontera ―dije.
―¿Qué hay de tu tío? ―preguntó Alex―. Una vez que contactemos
a tu tío, tal vez él pueda ir por ella. Missouri no está lejos de
Pensilvania, comparado con Vancouver.
―No funcionará ―interrumpió Niko―. Debemos ir ahora. ¡Ella
está en peligro!
―Niko ―dijo Astrid―. Estás enojado―
―¡Tú ni siquiera sabes lo que ella hizo por nosotros!
―Lo sabemos, Niko ―dijo Alex. Él puso una mano en el hombro de
Niko―. Si ella no se hubiera quitado la máscara, estaríamos
muertos. Sabemos eso. Si ella no hubiera matado a esas personas,
estaríamos muertos.
―Sí ―añadió Sahalia. Ella llevaba un conjunto de overol
enrollados hasta la rodilla, con un pañuelo rojo amarrado en la
cintura. Lucía completa e impresionantemente a la moda, como
siempre―. Lo que sea que tengamos que hacer, lo haremos.
―Bien ―soltó Niko. Él agitó su mano despidiéndose―. Iré solo.
Será mejor de esa manera.
―Niko, todos queremos libre a Josie ―dijo Astrid―. ¡Pero debes
ser razonable!
―Creo que Niko tiene razón. Deberíamos ir a buscarla ―anunció
Jake―. Si hay alguien que pueda rescatarla, en este mundo oscuro y
jodido, es Niko Mills.
Lo miré: Jake Simonsen, sobrio. Con antidepresivos.
Funcionando. Bronceado de nuevo. Él y su papá siempre jugaban
fútbol alrededor.
Astrid estaba tan feliz por lo bien que le estaba yendo.
Mis dientes estaban apretados y tenía tantas ganas
de golpearlo.
―¡Vamos, Jake! ―dije―. No hagas esto. No dejes que Niko piense
que esto es posible. ¡Él no puede cruzar la frontera, llegar a
Missouri y hacerla escapar de la cárcel! ―continué―. ¡Es una
locura!
―¡Eso dice el señor Seguridad. ¡El señor Conservador!
―respondió Jake.
―¡No vuelvas esto en algo entre tú y yo! ―grité―. ¡Esto es
sobre la seguridad de Niko!
―¡Chicos, tienen que dejar de pelear! ―gritó Sahalia.
―Sí, Dean, cuidado. Enloquecerás sobre nosotros.
Di dos pasos y estuve frente a su cara.
―Nunca, NUNCA vuelvas a hablar sobre mí enloqueciendo ―gruñí.
Su sonrisa feliz se fue y vi que quería pelear tanto como yo.
―Ustedes dos son unos idiotas ―dijo Astrid. Nos separó―. Esto
es sobre NIKO y JOSIE. No sobre ustedes dos y su idiota pelea
territorial.
―De hecho, ésta se suponía era la fiesta de los gemelos ―nos
recordó Sahalia―. Y la estamos arruinando.
Vi que los niños nos estaban observando. Caroline y Henry
estaban tomados de la mano, con los ojos bien abiertos y
asustados.
―Muy maduros, chicos ―dijo Sahalia―. Ustedes dos necesitan
llevarse mejor. ¡Los dos van a ser papás, por Dios!
Me alejé.
Tal vez Astrid podría pensar que soy infantil, pero era
alejarme o pelearme con Jake.
La granja del tío de Niko era un sueño común que hacía que
Niko, Alex y Sahalia siguieran adelante. A Astrid y a mí también,
pero en menor grado.
El tío de Niko vivía en una casa inmensa y arruinada en una
granja extensa pero extinta de árboles frutales en la zona rural de
Pensilvania. Niko y Alex tenían esquemas de restauración para la
casa y la revitalización de los cultivos. De alguna forma pensaron
que la casa podría alojarnos a todos y a nuestras
familias cuando y no si los
encontrábamos.
Era un buen sueño de todas formas. A menos que la granja
estuviera llena de refugiados.