imagen

 

 

Se adelantó y corrió en busca de Eric. Todavía quedaban unas cuantas horas para que acabara el plazo de las votaciones, y el orden de ganadores podía variar… Pero Lucía ya notaba la emoción por el posible triunfo.

Ya en la puerta del aula, comprobó que él todavía no estaba dentro. Así que se apoyó en la pared a esperar valientemente a su chico; bueno, futuro chico, siendo más realista. No apartó los ojos del fondo del pasillo en ningún momento, no fuera a pasarle por delante sin que ella se diera cuenta. Tenía un plan casi infalible y todo estaba yendo tan bien ese día que era imposible que fracasara... Aun así, notaba como si el corazón fuera a salir corriendo por su cuenta en cualquier momento.

Frente a ella pasaron cabezas de todos los colores y formas, con pelos cortos, rubios, rizados, largos, castaños... Y Lucía ya no sabía cómo ponerse.

Se apoyaba de un lado, después del otro, cruzaba los brazos, los soltaba…. Vio como entraban las chicas y Jaime y sus otros amigos en sus respectivas clases. Cuando pensaba que Eric ya se había marchado a su casa después del último examen... apareció como si le iluminara uno de esos focos de cine. Destacaba por encima de todos, a pesar de que caminaba con la cabeza gacha y los hombros curvos, como siempre. La melena caía ágil sobre esa cara perfecta...

 

imagen

 

imagen¡Qué guapo era!

Hasta que no estuvo casi pegado a ella, no la vio. Lucía se dio cuenta perfectamente, porque notó cómo se ponía tenso de pronto. Comenzó a colocarse con insistencia el pelo detrás de las orejas y a caminar mucho más lento... Al final se paró, ya sí, frente a ella.

—Hola —le dijo él apartando los ojos.

—Hola —respondió ella dedicándole una de sus mejores sonrisas.

—¿Esperas a Bea?

—No —confesó ella—. Quería darte esto.

Del bolsillo de la chaqueta, sacó una pulsera de hilo de color verde (el favorito de Eric) y violeta (el suyo). Él la cogió con los dedos como si fuera a romperse.

—Como te gustaron las mías… —le dijo. La había hecho esa misma noche.

Eric se quedó mirando la pulsera. Se notaba lo nervioso que estaba porque empezó a rascarse la barbilla, los ojos... Al final consiguió decir:

—Gracias. ¿Me la pones?

Lucía le cogió la muñeca. Solo esperaba que no se diera cuenta de cuánto le temblaban las manos. Era la primera vez que él estaba tan cerca, y que le rozaba la piel. ¿Y si le rascaba? Colocó la pulsera y se la ató preguntándole cómo la quería de prieta... Tampoco era cuestión de cortarle la circulación. Estaba haciendo el tercer nudo cuando llegó el Papudo para dar comienzo a su clase. Se separó de Eric y él entró en el aula. Lucía no podía parar de sonreír.

 

imagen