Agradecimientos

A mis padres y a mi hermano Paco, a mis tíos y primos, a mi abuela. Porque es el amor el que capacita a las personas para tener sueños y cumplirlos.

A Vanesa, Maya y Valentí, inestimables guías en el camino de publicar, por su trabajo, su generosidad y su fe. Y a Vanesa otra vez por su paciencia, hermana en la literatura y en la vida, llave maestra de todas las puertas.

A Lucía, Xavier, Berta y Dina, por su cálida bienvenida al mundo editorial. A Núria y a mis otros traductores, por dar a mis palabras una belleza nueva, tan distinta.

A los primeros que leyeron el libro, hace siete años, y se mostraron entusiastas: Cecilia, gracias por leer y volver a leer. Por toda esa cantidad de trabajo que llevas conmigo. A Borja, por encender la chispa de la primera crítica. A Norma, a Luis Antón, a Luis Tolkien, a Sonia, a Santiago y Mari Tere. A José Luis, que estás siempre a la izquierda de mi corazón.

A Cathy Smith, del Mary Immaculate College, a Dennis King, de la Old Irish List, por sus consejos, recopilación y traducción, a mis profesores de irlandés: Aisling, Máire y Juan. Al grupo Street Wings, a Loreena McKennitt y a tantos otros artistas por su música, de la que nace todo lo demás.

A las bibliotecas públicas de Dublín y a la Universidad Libre de Bruselas y Complutense de Madrid que permiten el acceso a todos sus libros y artículos aunque no seas alumno.

A mis hijos, por comprender mis ausencias, de cuerpo o de espíritu, y quererme igualmente con todas sus fuerzas.

A Eladio, por su infinita paciencia, apoyo y amor. Por preservar y cuidar todo lo que hay en mi vida cuando yo estoy en otra parte.