Animal Liberation Investigation Unit
Durante los años 80 diferentes grupos pertenecientes a las Liberation Leagues actuaban contra toda forma de explotación animal en el Reino Unido. Lo más conocido han sido las acciones en los laboratorios y criaderos de vivisección. Se abrían paso derribando puertas y ventanas —en aquellos tiempos había pocos lugares con sistemas de seguridad— no sólo para rescatar animales, sino también para fotografiar y grabar las condiciones y para sacar a la luz el sufrimiento animal. Acciones como la llevada a cabo en el animalario Park Farm, de la Universidad de Oxford, se convirtieron en símbolos del movimiento de liberación animal que representaban la energía del momento.
La represión policial unida a otros factores llevaron a la derrota de las Liberation Leagues o a que los activistas pasasen a actuar bajo el nombre del Frente de Liberación Animal.
Durante el siguiente periodo se llevaron a cabo un número muy elevado de acciones contra la explotación animal. Los animales eran rescatados y se destruían los instrumentos de tortura, pero no siempre se robaban documentos. Había varios motivos para ello: el aumento de la seguridad implicaba que los activistas debían priorizar (se consideraba más importante rescatar a los animales y hacer sabotajes que robar documentos) y los laboratorios empezaban a guardar los documentos secretos en lugares seguros.
En 1990 nació un nuevo grupo que ocupó una posición intermedia, entre las protestas legales y las acciones ilegales. Fue inspirado por las Animal Liberation Leagues. A este grupo se le dio el nombre de ALIU (Animal Liberation Investigation Unit; Unidad de Investigación por la Liberación Animal).
El objetivo del ALIU era mostrar el sufrimiento de los animales tras las puertas cerradas. En sus inicios destacaron especialmente varios activistas que habían participado en acciones durante la década de los 80 y que buscaban nuevas tácticas para golpear la explotación animal.
El principal propósito de la ALIU era entrar a los centros de explotación animal, grabar y fotografiar animales, y llevarse el mayor número posible de documentos. No se causaban daños económicos (ni siquiera para entrar al lugar) y generalmente no se rescataban animales (¡después de todo el ALF era muy bueno en eso!). Se pretendía hacer todo esto dentro de la ley. Pero ¿cómo? Si entras en un lugar sin utilizar la fuerza y te llevas algo, ¿es siempre un robo? Alguien se dio cuenta de que el delito de robo se cometía únicamente cuando tu intención es no devolver al propietario su bien sustraído. Por ejemplo, en el caso de que alguien entre en tu casa o te robe una cartera para quedarse con tus pertenencias o para venderlas.
Pero la ALIU era diferente. Los activistas pensaron: “si entramos a un laboratorio y nos llevamos cajas enteras de documentos, es robo únicamente si nos los quedamos. Pero si los tomamos prestados durante un tiempo y luego se los devolvemos, no habremos infringido la ley”. Ésta fue la idea que hizo nacer la ALIU.
En los años 80, el ALF se introdujo en un edificio escondido a las afueras de Nottingham y rescató a trece beagles. El laboratorio pertenecía a Boots, una compañía farmacéutica que tiene establecimientos en prácticamente todas las ciudades y pueblos de Inglaterra. En noviembre de 1990, otro grupo del ALF regresó a las instalaciones y rescató más beagles. El lugar había cambiado por completo desde la primera acción. El incremento de sistemas de seguridad hizo que los activistas sólo pudiesen acceder a los recintos exteriores y no al edificio.
La idea de crear la ALIU se llevaba discutiendo desde hacía tiempo, pero esta acción pareció una perfecta oportunidad para que la ALIU actuase por primera vez. Durante los días posteriores a la liberación se hizo saber a los activistas del movimiento por todo el país que si querían colaborar en una acción importante y ambiciosa. El encuentro tendría lugar el siguiente martes por la mañana en un aparcamiento de coches.
Más de cuarenta personas acudieron a la cita. Condujeron en convoy hasta llegar al laboratorio de Boots que había sido atacado la semana anterior. Eran las 9 de la mañana y los trabajadores ya habían llegado al lugar. Ni los guardias de seguridad ni las cámaras estaban preparados para este tipo de acción. Los activistas escalaron el alto vallado y entraron en masa al recinto. Algunos entraron en los recintos para grabar a los beagles. Otros entraron a los laboratorios por las puertas abiertas, nadie esperaba que un enorme grupo de activistas por la liberación animal irrumpiese a plena luz del día —el elemento sorpresa siempre fue importante para la ALIU—. Este segundo grupo se dedicó a coger documentos de los despachos y crearon una cadena humana en la que pasaban bolsas hasta los vehículos aparcados en el exterior. Mientras, los vivisectores se habían escondido en otra habitación. Un tercer grupo escaló al tejado del laboratorio, se encadenaron y desplegaron una pancarta que decía “Boots tortura beagles”.
Todo parecía ir bien, pero se cometió un error importante: la gente estaba demasiado tranquila y todavía estaban cargando los coches con documentos cuando llegó la policía. Todo el mundo fue arrestado y acusado de robo y daños materiales, las casas fueron registradas. Los activistas pasaron la noche en el calabozo y a la mañana siguiente fueron puestos en libertad condicional en espera de juicio.
Aquí es donde comenzó la defensa legal. Antes de salir del laboratorio, cada activista firmó un papel en el que se comprometía a no romper ninguna ley: no se causarían daños y todos los documentos sustraídos serían fotocopiados y devueltos, sin intención de robarlos.
Las acciones del ALF y las “inspecciones” de la ALIU generaron el nacimiento de una nueva campaña. Se imprimieron decenas de miles de panfletos de la ALIU, en los que se explicaban los crueles experimentos llevados a cabo en los laboratorios Boots para producir medicinas. Se llevaron a cabo protestas en las tiendas de Boots a lo largo de todo el país, se hicieron sentadas en el interior de los establecimientos, otros subieron a los tejados y colgaron pancartas. Las acciones del ALF se multiplicaron. Todas las noches se rompían ventanas de las tiendas y se sellaban sus cerraduras.
Cuando los activistas de la ALIU fueron a juicio la campaña ya era muy fuerte. En los juzgados todos los acusados llevaban una camiseta en la que se leía: “Boots tortura beagles”. Y como era de esperar, todos los cargos fueron desestimados porque se demostró que no había intención de quebrantar la ley. A pesar de que la acción no logró extraer documentos del laboratorio, dio origen a una campaña que consiguió que Boots vendiese su departamento farmacéutico y cerrase sus laboratorios. También fue importante la lección de cómo debían realizarse las inspecciones de la ALIU.
Desde aquel día de noviembre de 1990, los activistas llevaron a cabo nuevas inspecciones en granjas factoría, laboratorios de vivisección, criaderos de animales, etc. Los activistas podían aparecer en solitario o en grupos de hasta cuarenta personas, cruzaban las puertas abiertas y empezaban a grabar. Si veían algún documento importante lo tomaban prestado, lo fotocopiaban y lo devolvían.
Las acciones se llevaban a cabo durante el día para asegurarse de que podrían entrar, pero muchas veces, generalmente en las granjas, los activistas ni siquiera eran detectados por los propietarios. En esos casos podían desaparecer algunas gallinas, los granjeros no se podían dar cuenta de su ausencia, y esos animales vivirían unas vidas felices a partir de entonces.
Los activistas aprendieron del error en la inspección de Boots. A partir de entonces, en aquellas acciones en las que serían detectados por trabajadores o vigilantes establecerían un tiempo límite para huir antes de que llegase la policía.
Otra de las inspecciones más conocidas es la que se llevó a cabo en Laundry Farm, un centro de cría para la Universidad de Cambridge. En junio de 1991 el ALF rescató tres caballos, pero no pudieron entrar en el ala de los perros, ya que estaba totalmente alarmada. Un mes más tarde, los activistas de ALIU entraron al complejo en horario laboral para demostrar al público que muchos de los perros que había ahí habían sido antes perros de hogares. En el interior, la ALIU no sólo encontró beagles, sino que había todo tipo de perros. Al sospechar que algunos de ellos habían sido robados, los activistas decidieron llevarse ocho de ellos junto con documentos. Por desgracia, una persecución policial condujo al arresto de un activista y a que siete de los perros fuesen devueltos al criadero. Un perro, un labrador negro con el código AP24 tatuado en su oreja, consiguió huir con otro activista y vivió el resto de su vida feliz en un nuevo hogar.
Los documentos que se llevaron los activistas mostraban que muchos de los animales procedían de proveedores “desconocidos”, lo que acrecentó las sospechas de que algunos perros y gatos eran “animales de compañía” robados. La activista arrestada quiso utilizar el juicio para llamar la atención sobre la actividad de Laundry Farm, pero la policía decidió no continuar con el caso.
La ALIU nunca tuvo una estructura definida, los activistas podían utilizar el nombre siempre que cumpliesen con sus principios y sus ideas. Durante toda la década de los 90 se llevaron a cabo innumerables inspecciones por toda Inglaterra. Pero a finales de los años 90 se dejaron de utilizar estas siglas y los activistas empezaron a decantarse por otro tipo de investigaciones. Sin embargo, tras un periodo de diez años el nombre comenzó a utilizarse de nuevo. En septiembre de 2008, un comunicado anunció que ALIU volvía a visitar Laundry Farm. Esta vez no encontraron animales y algunos edificios se habían empezado a utilizar para criar flores. ¡Un buen comienzo para el renacimiento de la ALIU!