Brendan Mcnally: Continúa la lucha contra la explotación animal
SyC: ¿Cómo y cuándo entraste a formar parte del movimiento por la liberación animal? ¿Qué te hizo dar el paso hacia la acción directa?
BM: Fue a finales de los años 70. Empecé con el sabotaje de la caza en 1979 y después me impliqué en otras campañas como la lucha contra la industria peletera o la vivisección. Me hice vegetariano tras la primera manifestación a la que asistí y poco después me hice vegano.
Siempre me había sentido horrorizado por lo que nuestra sociedad hace a los animales y en esa época entré en contacto con gente fantástica y comprometida que estaba decidida a tomar cartas en el asunto.
El sabotaje de la caza fue la primera forma de acción directa que practiqué. Nos centrábamos principalmente en detener la caza del zorro y la caza de liebres con perros. Conseguimos muchas veces evitar que los cazadores matasen, pero a menudo respondían con violencia y los activistas sufríamos lesiones.
Había oído hablar del ALF y pronto entré yo mismo a participar en diversas acciones del ALF.
SyC: Entraste a formar parte del ALF en su comienzo. ¿Cómo ha evolucionado desde entonces hasta nuestros días?
BM: El ALF empezó en 1976, poco antes de que yo entrase a formar parte, pero supongo que en el momento en el que yo empecé seguía siendo un movimiento muy joven.
La primera vez que entré a la cárcel fue en 1982. Se me condenó por rescatar conejos de un laboratorio de vivisección, destruir material y destruir el edificio. Estuve durante tres meses en la cárcel esperando el juicio por esta acusación y por otra de sabotaje en una granja factoría de gallinas ponedoras.
El mayor cambio es que los activistas de ahora son mucho más cuidadosos y profesionales. Creo que tiene que ser así porque la gente en el poder, como la policía, ve ahora el movimiento como una gran amenaza. Al principio no nos tomaban tan en serio.
El otro cambio importante en el movimiento por la liberación animal es que se ha convertido en algo absolutamente internacional. Durante mucho tiempo sentimos que se trataba de un fenómeno que sólo se daba en el Reino Unido, con una o dos personas en otros países. Fue en los años 90 cuando realmente empezó a extenderse por otros países, y hoy en día es un movimiento internacional. Ahora siento que es algo imparable, porque no importa lo que los diferentes gobiernos hagan para reprimirlo, siempre habrá otras personas que continúen la lucha. Durante los primeros años no se percibía un movimiento tan grande.
SyC.— Háblanos más profundamente de esas acciones que te llevaron por primera vez a la cárcel.
BM: En 1982 me metieron en la cárcel por rescatar a plena luz del día conejos de un laboratorio de vivisección llamado Safepharm, en la región de Derbyshire, en el centro de Inglaterra. Mientras un grupo de personas hacía una manifestación en la parte delantera, unos pocos fuimos a la parte trasera. Era una estrategia muy sencilla. Tiramos la puerta abajo y mientras unos se llevaban los conejos a los coches, el resto destrozaba los equipos. Se rescataron veinte conejos y se produjeron importantes daños materiales.
Cuando llegó la policía, los activistas y los conejos habíamos desaparecido. Pero se había avisado a los periodistas para que acudiesen a la protesta y habían tomado fotos y videos. Algunos de nosotros fuimos arrestados a la semana siguiente. Después de ser acusado de robo y de producir daños materiales, me concedieron la libertad condicional.
Pero unas pocas semanas después participé en otra acción en una granja de gallinas ponedoras en batería, cerca de Manchester, al noroeste de Inglaterra. Fue una acción de la Northern Animal Liberation League (NALL), un grupo diferente al ALF. Nuestro objetivo en la NALL era llevar a cabo “acciones de investigación”. Para ello formábamos un grupo muy grande, a veces compuesto por cien personas o incluso más y nos metíamos a los centros de explotación para recabar pruebas de la situación de los animales.
En la NALL, y más tarde en las Liberation Leagues de otras zonas, no rescatábamos animales y no causábamos daños materiales, excepto el indispensable para entrar al edificio. Se hacían fotografías y se robaban documentos. Esto suponía una diferencia estratégica entre el ALF y la NALL. Pero yo, como muchos otros, participaba en ambos grupos.
Pero en la inspección de esta granja de gallinas llevada a cabo por la NALL, algunos de los activistas no se ciñeron al plan y se produjeron daños materiales. Veintidós personas fuimos acusadas de destrozos, y aunque nos dieron libertad condicional por este cargo, mi libertad condicional por rescatar conejos fue desechada y me metieron en la cárcel hasta el juicio.
Al final fui absuelto del rescate en Safepharm y se me declaró no culpable de los cargos por la acción de la granja de huevos, pero ya había pasado tres meses en la cárcel. En aquel entonces yo era el único activista en la cárcel, así que los hechos recibieron una gran publicidad. Se hizo una manifestación frente a la cárcel, y la noche antes a esta manifestación se rescataron prácticamente todos los animales del cercano laboratorio de la universidad de Leicester.
Mientras estaba en la cárcel me eligieron vicepresidente del mayor grupo contra la vivisección del país, la BUAV. En aquel entonces la BUAV se había radicalizado notablemente, pero actualmente ha vuelto a sus orígenes moderados.
Posteriormente se formaron otras Liberation Leagues en otras regiones de Inglaterra, como la CALL (zona central), o la SEALL (zona suroeste).
Las Liberation Leagues finalizaron cuando en 1985, veintisiete personas fueron enviadas a prisión por la acción de Unilever (Bedford), al sur de Inglaterra. A pesar de que no causaron ningún daño económico fueron condenados por conspiración para cometer daños económicos. Desde ese momento se concluyó que esta estrategia era muy arriesgada y las Liberation Leagues se disolvieron.
SyC: Háblanos del arresto que sufriste por una liberación de beagles.
BM: En 1985 se rescataron treinta y seis beagles utilizados para la caza del zorro. La noche de la acción un grupo de activistas se situó en unos campos localizados a varios kilómetros de las instalaciones donde estaban encerrados. Fueron recogidos por dos coches y conducidos a las instalaciones.
Al lugar llegaron más activistas con una furgoneta grande. Entraron, sacaron los perros y los metieron en la furgoneta. Por desgracia, unos seis beagles quedaron en las instalaciones porque eran muy agresivos.
Los activistas que habían entrado en el lugar se quedaron en el campo, hicieron una hoguera y quemaron la ropa y el calzado que habían usado en la acción. Los de la furgoneta quedaron con otros activistas que llevaban un camión para transportar caballos. Metieron ahí los perros y pronto llegaron a sus hogares.
Los medios de comunicación lo trataron como una noticia grande. La temporada de caza estaba a punto de comenzar y los cazadores que utilizaban esos perros no pudieron cazar en todo el año. Pasaron muchos años hasta que ese grupo de cazadores volvió a la normalidad.
SyC: Fuiste encarcelado por colocar pequeños dispositivos incendiarios en grandes almacenes. Cuéntanos cómo hacías estas acciones.
BM: Durante la década de los 80 los activistas nos concentrábamos mucho en la industria peletera, especialmente en los grandes almacenes, ya que eran ellos los que vendían el mayor porcentaje de pieles.
El grupo en el que estaba yo dio un paso más en la campaña. En 1985 dos activistas colocaron debajo de una silla del departamento de muebles de unos grandes almacenes de Sheffield, un dispositivo incendiario programado. Se trataba de un dispositivo muy pequeño introducido en un paquete de cigarros. El dispositivo se activó cuando estaba planeado, en mitad de la noche, cuando no había nadie en los grandes almacenes. Se produjo un pequeño incendio que desembocó en uno mayor, que causó unos desperfectos valorados en cientos de miles de libras. El humo y las llamas causaron daños, pero la mayor parte fue debida al sistema antiincendios que roció de agua todo el interior del edificio.
SyC: ¿Conseguisteis algún resultado con estos incendios?
BM: El primer ataque de estas características se produjo en 1985 y por él varias personas recibimos largas condenas de cárcel fomentadas por el gran interés de la policía y el departamento antiterrorista para destruir al ALF. Yo recibí cuatro años de prisión, pero otra persona, Ronnie Lee, fue sentenciado a diez años. Los medios de comunicación dijeron que formábamos un grupo paramilitar ¡e incluso se inventaron una escala militar de nuestro grupo en la que Ronnie era el general!
Otro punto de los puntos fuertes del juicio fue que éramos los primeros en haber utilizado el ácido corrosivo para dañar cristales sin hacer ruido. Se trata de un producto químico que utilizan los artistas para hacer grabados en cristales, y que se podía encontrar en tiendas de material de artistas y bricolaje. Lo utilizamos muy frecuentemente en centros comerciales, en algunos centros se dañaron más de sesenta ventanas y nadie se enteró hasta la mañana siguiente.
El juicio fue comentado en todos los medios de comunicación y se esperaba que las duras sentencias quitasen las ganas a otros activistas de utilizar este método.
Pero, en realidad, las condenas sólo lograron enfadar a otros activistas y fortalecer su determinación. Entre 1985 y 1988 se realizaron más de cuarenta incendios contra grandes almacenes. No se produjo ni un solo herido, pero se hicieron daños valorados en millones de libras. En alguna ocasión los sistemas antiincendios fallaron y los grandes almacenes fueron destruidos casi por completo.
El ataque que culminó la campaña de incendios se produjo en diciembre de 1988, en los grandes almacenes Dingles, en la ciudad de Plymouth, situada al sureste de Inglaterra. El sistema antiincendios no funcionó y se produjeron desperfectos de 18 millones de libras. Muy poco después, en 1989 los cientos de grandes almacenes de Reino Unido (la mayor parte de ellos pertenecientes a tres grupos empresariales) decidieron dejar de vender pieles en sus establecimientos.
Esto supuso un auténtico desastre para la industria peletera, que había invertido la mayor parte de su dinero en vender en grandes almacenes, ya que los consideraban menos vulnerables a los constantes ataques que se producían en las pequeñas tiendas de pieles. Muchas empresas peleteras se arruinaron, incluida Edelson Furs, la mayor proveedora de prendas de piel de Inglaterra.
Los datos del gobierno hablan por sí solos: los ingresos por la venta de pieles pasaron de 190 millones de libras en 1980 a sólo 11 millones en 1991. Esto lo lograron los activistas, principalmente gracias a la campaña de incendios contra los grandes almacenes.
SyC: ¿Puede una persona sola llevar a cabo estas acciones o es indispensable actuar en grupo?
BM: Es muy sencillo actuar en solitario para colocar estos dispositivos incendiarios. De hecho, hay un caso muy conocido de un activista que colocaba estos dispositivos en solitario, Barry Horne. Fue arrestado en 1995 mientras dejaba los dispositivos y fue condenado por otros ataques de similares características que causaron daños de millones de libras. La policía confirmó que actuaba de forma individual y los medios de comunicación lo bautizaron como “El lobo solitario”.
SyC: ¿Cómo te arrestaron?
BM: Por desgracia, arrestaron a unos conocidos míos y decidieron contarle a la policía todo lo que sabían. Una madrugada un gran grupo de policías tiró abajo la puerta de mi casa y entraron dentro. Fui arrestado y acusado de varios delitos por diferentes acciones: incendio, destrucción de la propiedad y rescate de beagles.
SyC: ¿Te arrepientes de algo?
BM: Supongo que no debería haberme fiado tanto de aquellas personas, pero no me arrepiento de realizar acciones contra la explotación animal.
SyC: ¿Sigues activo en el movimiento por la liberación animal? ¿Cuál es el secreto de mantenerte motivado después de tantos años de lucha y represión?
BM: Sí, continúo formando parte del movimiento y formo parte de diferentes campañas de muchas maneras. Es realmente motivador ver cómo nuestro mensaje se está esparciendo por tantos lugares del mundo, eso hace que me sienta optimista y motivado.
He perdido algunos buenos amigos y compañeros en la lucha, como Mike Hill, Jill Phipps, Barry Horne y Neil Lea, y creo que debo continuar su lucha. Si en algún momento me siento decaído pienso en las palabras que un día dijo Barry Horne: “Los animales sólo nos tienen a nosotros”. Si dejamos la lucha, los animales pierden toda la esperanza.
También es importante llevar una vida equilibrada. Hay muchos activistas que se involucran intensamente durante un par de años pero poco después se desgastan y no se les vuelve a ver nunca más. Es importante mantener un equilibrio para desarrollarte como activista y como persona al mismo tiempo. Mantente en forma y activo, y sigue desarrollando nuevas facetas que pueden ayudar al movimiento, como lenguas extranjeras o informática.