Las llamas de la victoria

Rod Coronado un conocido activista del ALF en Norte América, como representante de la revista No Compromise, entrevistó a Melanie Arnold cuando estaba en la cárcel.

No compromise: Actualmente estás cumpliendo una condena de tres años y medio por ataques incendiarios relacionados con el ALF. ¿Qué puedes contarnos de tu caso en concreto?

Melanie Arnold: La crisis de la encefalopatía espongiforme ha golpeado Inglaterra con una fuerza brutal. No se había dado al público la información que merecía el caso, y los medios de comunicación, como es usual, estaban guardando un silencio absoluto, tan sólo se hacían ligeros comentarios para que el público creyese estar informado. Pero nosotros sí estábamos informados y sabíamos lo que representaba para los comerciantes. La industria cárnica había sido terriblemente dañada por su propia codicia y, además, justo donde más les podía doler, en su bolsillo. Antes de que muchas de las pequeñas empresas cárnicas se arruinasen, nosotros decidimos ayudar a un gran matadero a llegar a la quiebra, que posiblemente tan sólo se hubiese tambaleado sin llegar a caer.

El matadero Ensors estaba situado en Gloucestershire, un lugar alejado de las casas y de nuestro vecino ecosistema salvaje. Hicimos reconocimientos en varias ocasiones para espiar a los últimos trabajadores, guardias, personas que paseasen con perros, etc., para conocer la actividad normal nocturna en la zona en la que íbamos a actuar. Cuando ya estábamos satisfechos por parecernos una aventura bastante segura, entramos hasta el edificio para saber lo que íbamos a necesitar antes de disolvernos en la oscuridad de la noche, sin dejar rastro alguno de que habíamos estado ahí.

Dos semanas más tarde habíamos preparado, hecho y comprado todo lo que podíamos necesitar, y el 10 de Junio de 1995 regresamos nosotros dos solos al lugar. Entramos al terreno, rompimos las ventanas laterales de cada furgoneta, camión frigorífico y coche, después nos retiramos para ver si el ruido había atraído la atención de alguien. Cogimos nuestra colección de dispositivos incendiarios y colocamos los cócteles de nitrato potásico y sacarosa a través de las ventanas en la tapicería de cada vehículo.

Después entramos en el edificio del matadero y comenzamos a destrozar la cocina que estaba en el piso de arriba, el comedor, habitaciones cerradas con llave, etc, y decidimos cubrirlo todo con gasolina, dejamos una mecha de material inflamable que bajaba por las escaleras hasta el vestíbulo principal del matadero. Una vez más, mojamos la maquinaria que encontramos con una gran cantidad de gasolina y colocamos veinte dispositivos en los principales aparatos, esto lo acompañamos con varias bolsas de la mezcla explosiva (¡y vaya si explotó!). Provocamos unos incendios manualmente y encendimos los dispositivos para que más tarde se sumasen al infierno. Encendimos en último lugar los dispositivos de los vehículos, que al pasar menos desapercibidos podrían atraer la atención de la gente cuando los incendios del interior no hubiesen hecho más que empezar.

Desaparecimos en la oscuridad de la noche antes de que el primer camión ardiese. En teoría, ya nos habíamos librado de todo. Nadie nos había visto en la zona y habíamos planeado todo con tanto detalle que era muy difícil que nos hubiesen pillado haciendo el trabajo. Ni la policía ni su Departamento de Explosivos tenían pista alguna de quiénes podían estar detrás de todo, así que fueron a buscar pistas a distintos santuarios de animales.

Desgraciadamente, mi compañero también fue a uno para ayudar a levantar unas vallas, la policía siguió y cogió a todos los que había. La policía, que no sabía que Michael estaba relacionado con la liberación animal, nunca habría registrado su chalet si no hubiese ido a ayudar aquella mañana. Michael confesó su culpa en primer lugar para defender a los otros dos sospechosos, los cuales eran absolutamente inocentes de haber participado en el ataque, y además tenían a muchos animales a su cargo. Uno de ellos actualmente ha sido puesto “fuera de servicio” por la policía. Pero el cada vez mayor número de pruebas precipitó su decisión.

Los vecinos me describieron, y la policía me conocía lo suficiente como para relacionarme con la descripción. Tres días más tarde vinieron a mi casa en Northampton y me arrestaron. Fui interrogada de arriba abajo durante varios días en los que usaron todos los trucos que había en el guión para hacerme hablar. Me mintieron, me amenazaron, me echaron piropos y me suplicaron, pero fallaron. La policía trató de convencerme de que Michael me había incriminado en cuanto a la preparación de los dispositivos, mi respuesta a este hecho tan predecible hizo que un inspector me gritase: “No te conviene reírte, Melanie”. Todo eran mentiras.

Desde mi punto de vista sólo había dos posibilidades: que tuviesen suficientes pruebas como para acusarme, o que no las tuviesen, en cuyo caso yo no iba a ayudarles a conseguirlas. Nos acabaron acusando de todas formas bajo la Sección 2 del Acta de Explosivos y nos llevaron a la cárcel en espera del juicio.

Seis meses más tarde fui arrestada otra vez por la policía de Cheshire por el ataque con dispositivos incendiarios a treinta y seis grandes tanques de leche que habían causado daños valorados en dos millones de libras y que habían sucedido dos semanas antes del incidente de Ensors. Una vez más guardé silencio y tuve que escuchar los mismos viejos trucos.

Lo único que di fue mi sangre para una muestra. No me imaginaba siendo sujetada violentamente mientras alguien me pincha las venas. Quince meses después fuimos llevados bruscamente al juicio, ambos fuimos declarados culpables y enviados a que se nos “reformase”.

Cuando te pillan se pasa muy mal, pero aun así, en esos momentos tienes dos obligaciones muy importantes que cumplir. La primera es asegurarte de no decir nada en los interrogatorios, y la segunda es asegurarte de que volverás a la lucha lo antes posible. A pesar de que esperábamos un mínimo de seis años cada uno, a Michael le cayeron cinco y a mí tan sólo tres y medio.

NC: ¿Qué es lo que te llevó a cuestionarte la efectividad de los métodos de reforma legal y empezar a participar en actividades ilegales?

MA: Empecé a participar en campañas a favor de los animales a los 13 años y, durante los siguientes años, escribí infinitas cartas, asistí a infinitas charlas y manifestaciones y después empecé a cuestionarme una y otra vez la eficacia de mis esfuerzos. ¿Qué había conseguido? ¿Podía ver los resultados? ¿Podía oírlos? ¿Había alguna forma de sentirlos o notarlos? ¿Se les había prestado alguna atención?

Después de meses combinando el insomnio con las pesadillas, conflictos y desorden emocional, decidí que yo también iba a ayudar a los animales, lo que significaba hacer algo efectivo de por vida en lugar de seguir con mis traumas mentales. Elegí la opción de dedicarme a los animales hasta el final. Desde ese momento asumí la necesidad de participar en la acción directa no violenta. Me parecía evidente que el gobierno no tenía la más mínima intención de rechazar lo que no podía asumir. Estaba aceptando un compromiso, asumiría la responsabilidad y aceptaría las posibles consecuencias.

Si el sistema parlamentario funcionase, si los políticos tomasen nota de la opinión de la mayoría, se pagaría igual al hombre que a la mujer, los servicios sanitarios tendrían suficientes recursos, la caza estaría prohibida, las pieles estarían fuera de la ley, las exportaciones de seres vivos abolidas, la vivisección pasaría a la historia… Sencillamente no va a pasar, ¿por qué?, porque la explotación animal es un gran negocio y las industrias alimenticias, farmacéuticas, petroquímicas en las que se basa el presupuesto nacional son las fundadoras emocional, física y económicamente de esta gran sociedad explotadora que todos sufrimos.

En las campañas más arriesgadas, el ALF se ha interpuesto directamente entre el torturador y el torturado, ellos van directamente a la yugular económica, causando a los explotadores más problemas de los necesarios, posiblemente sometiéndoles al mismo miedo que tanto les divierte causar y, lo más importante, funciona.

Los resultados eran válidos y tangibles. Cuando sostuve por primera vez un ser que lloraba herido pero rescatado, sentí su corazón latir contra el mío mientras corría con él hacia la libertad, supe que podía ser más útil como activista solitario del FLA que miles de personas juntas con métodos legales.

NC: Aquí, en Estados Unidos, recuerdo haber oído hablar de liberaciones de animales y ataques a la luz del día en Inglaterra a principios y mediados de los 80, todos fueron increíblemente incitantes. A finales de esta década el ALF parece empezar a centrarse más en daños económicos y ataques incendiarios. ¿Podrías hablarnos un poco de la elección de las tácticas del ALF de Inglaterra y por qué las elegiste?

MA: Los ataques de las Animal Liberation League de principios de los 80 fueron tremendamente efectivos en su día e hicieron un papel decisivo para despertar la simpatía y el interés que hicieron aumentar el número de activistas. Estos ataques masivos a la luz del día en los que participaban grandes grupos de activistas recibieron mucha más publicidad, y las descripciones que hacían los medios de comunicación de los guerreros con pasamontañas que sacaban de los centros de vivisección animales y documentos llevaban a la gente a tener grandes sentimientos de aprobación.

Pero las tácticas tienen que ser fluidas e ir evolucionando con el tiempo, aquellos que se centran en una forma de explotación o en una compañía en concreto puede que no cambien a otra llegado el momento. Conforme la campaña antipeletera crecía vertiginosamente junto a otras campañas importantes se fue convirtiendo en el primer objetivo sobre el que podíamos vencer —igual que ahora está sucediendo con las exportaciones de animales vivos— y el FLA, organizaciones en defensa de los animales y grupos locales han centrado sus esfuerzos contra este horrible negocio.

Los incendios siempre han sido un método muy válido, hacen que la explotación animal no sea rentable, es la mejor forma de hacer presión. El fuego destruye la maquinaria, edificios y vehículos de nuestros enemigos. Lo que toca el fuego no puede volver a usarse, además este método consigue que los precios de las compañías de seguros se disparen, aumentando así la carga económica que los explotadores ya soportan.

Esta forma de lucha funciona excepcionalmente contra los grandes almacenes que no sólo ofrecen pieles. Puede ser suficiente para que dejen de vender todo tipo de artículo cruel que haya en el comercio. La misma táctica puede usarse en universidades con un porcentaje bajo de experimentación animal dentro de sus investigaciones. Tenemos que aislarlos de sus propios compañeros de trabajo.

En otras palabras, el potencial y uso actual de los incendios es un método tremendamente disuasivo para ellos y los daños económicos que les producen son mucho mayores que los beneficios que obtienen vendiendo pieles. Es una táctica efectiva que no ha sido igualada por ninguna otra. El riesgo de que te pillen es bajo, es barato, eficaz y permite hacer acciones sin la necesidad de recurrir o conocer a otros. Prepararlo y colocarlo es sencillo, todo el mundo puede hacerlo. ¡Hazlo!

NC: Cuando estuve en Reino Unido, me di cuenta de que muchos de los activistas que participaban en acciones directas también estaban metidos en otras causas políticas y ecológicas. Algunos eran saboteadores de la caza y antifascistas, otros eran veganos y muy activos en proyectos vecinales, alianzas obreras y la liberación de la mujer. ¿Tú también ves relación entre estas luchas?, y si es así ¿por qué?

MA: Sí, soy una persona que se identifica con muchas causas y, a lo largo de los años, he ido colaborando primero con unas y después con otras. Pero mucha gente envuelta en otras causas, especialmente las relacionadas con humanos, sienten indiferencia e incluso desprecio por nuestro trabajo con los animales. Son incapaces de ver la relación entre la explotación de los humanos y la del resto de animales, la relación directa entre la experimentación animal y el rápido aumento de enfermedades en los humanos, y la dependencia de la explotación animal para todo, desde comida, deporte, ropa, entretenimiento, diversión y “salud”.

Si aceptamos como norma toda esta carnicería con las criaturas que no se pueden defender, esto nos lleva a tener una actitud de superioridad, que nos hace pensar que está bien sacar provecho de una mayor capacidad física o intelectual. Esta misma actitud es la que persigue a las razas “minoritarias”, gente con discapacidades, y a las mujeres por nombrar unos pocos. Hay una correlación. La sociedad ha sido deliberadamente dividida, moldeada y estructurada de forma jerárquica y piramidal, en cuya base estamos la gente ordinaria. Hemos sido llevados a aceptar todas las instituciones existentes (como el gobierno, la policía, la vivisección, etc.) y a pensar que sin estas instituciones la civilización se desintegraría.

Vamos a suponer que te han educado desde pequeño diciéndote que sin ayuda de unas muletas no podrías andar. A pesar de tener dos piernas completamente sanas no te darías cuenta, crecerías convencido de tu discapacidad y el miedo a caerte impediría que dejases las muletas. En esto es en lo que se basa el gobierno, en la creencia de sus “subyugados” de que no pueden actuar sin alguien que les dirija.

De la misma manera, todos hemos sido programados con una información, reforzada por la ignorancia de los padres, escuelas, los medios de comunicación y una vida en la que nos hemos acostumbrado a ello. El mayor peligro de todos es aceptarlo. La gente acepta que la carne es una parte necesaria de su alimentación porque siempre la ha comido y sigue aquí, aceptan trabajos matadores, bajos sueldos, horas extras y pobreza porque un creciente número de parados premia su pasividad y sometimiento. En sus frenéticos intentos de escalar en la jerarquía social, también están aceptando y perpetuando la creencia de que ellos son mejores que las mujeres, negros, homosexuales, etc.

Las disputas por estar en lo más alto de la pirámide fomentan y refuerzan una base sin recursos, una forma de pensar perjudicial y crean divisiones entre iguales, algo que beneficia enormemente a las autoridades. Esto va acompañado de un sistema sanitario y educativo defectuoso, hogares precarios, una organización laboral inadecuada, desempleo y un desánimo y pobreza generalizados. Todas estas características sólo pueden desembocar en una gran injusticia.

Los animales lo pasan incluso peor, con el propósito de ganar dinero son utilizados sin ser tenidos en cuenta, de muchas formas, de muchos niveles y con muchos fines. Esto no sólo es considerado como algo normal, sino que, además, es aceptado sin ser cuestionado.

Lo que tenemos entonces es un sistema de normas, una forma de pensar y actuar basado en la pasividad y sumisión, que potencia y refuerza la separación entre sexos, razas y especies, y que existe únicamente porque lo permitimos.

Tenemos que modificar las creencias de la gente sobre lo relacionado con ellos, fomentar el libre pensamiento, charlas, autodeterminación, igualdad y autonomía de acción. Tenemos que unirnos con otros movimientos para apoyarnos y compartir nuestra solidaridad, ideas y tácticas para deshacer las fronteras que existen entre nosotros. La clase obrera, liberación animal, anarquistas, feministas, ecologistas, movimientos indígenas, son la misma lucha porque el enemigo es común para todos nosotros y sólo nuestra unidad puede ser lo suficientemente potente para derrotarlo.

Cuanto más control de sus actos tenga la gente y actúe de forma responsable con su vida, más se recuperará la psique humana, se mejorará su espíritu y la naturaleza y sus espacios serán respetados de un modo distinto, pero con igualdad y camaradería en la inmensa creación de la vida en la Tierra.

NC: ¿Entonces tú opinas que, aquí en América, deberíamos esforzarnos en construir relaciones de solidaridad con otros movimientos de lucha contra la opresión, ya sea hacia el animal, la tierra o el humano?

MA: El equilibrio ecológico y espiritual del planeta y sus habitantes dependen de ello. Es obvio que la relación entre los animales y su entorno es indudable ya que ninguno puede existir sin el otro. La naturaleza y la evolución fueron perfeccionando los ecosistemas que mejor mantenían la vida en la Tierra, y la intervención del hombre y sus robos han destruido millones de años de cuidadoso modelado, que no sólo destruye el hábitat de los animales y las tribus indígenas en todo el mundo agotando las fuentes de oxígeno y las potentes curas que nos ofrece lo más profundo de nuestros bosques vírgenes. Cualquier intervención que hemos hecho en la evolución de la naturaleza ha tenido terribles consecuencias sobre nosotros mismos. Si la caridad empieza en casa, es posible que debamos empezar a fijarnos en nuestra propia casa, no en el edificio de ladrillos y cemento en el que nos aislamos, sino en el planeta, que es donde realmente pasamos nuestras vidas.

NC: Aquí en Norte América, el Gobierno Federal ha creado un clima de represión hacia todo aquel que lucha contra el poder fuera del sistema legal. En Reino Unido tenéis el Índice Nacional de los Derechos de los Animales (ARNI) dentro del Scotland Yard y el M15. Éstos han comparado al ALF con grupos como el IRA. ¿Qué les dirías a los activistas que tienen miedo de hacer acciones del ALF por poder ser clasificados como terroristas? ¿Tienen miedo los activistas del Reino Unido de las consecuencias que puede tener su forma de pensar?

MA: El grado de intervención de la policía y el M15 en nuestras actividades, tan sólo es una indicación de la amenaza que representamos. Esto nos indica que hemos sido eficaces.

Nuestra inevitable respuesta a su persecución con métodos legales o ilegales no puede ser otra que introducirnos más en la clandestinidad y ser más discretos. El incremento del activismo por el medio ambiente ha conducido a que aparezca un sector de la policía dedicado al cien por cien contra nosotros. Pero los activistas que están dispuestos a desobedecer las leyes en nombre de la moral, lo siguen haciendo en lugar de quedarse pasivos por el miedo a las largas condenas en prisión o al aumento de chivatos, cuyo objetivo es llevarnos ahí. Pensamos que ninguno de los castigos hechos a los activistas es comparable al sufrimiento que los humanos hacemos al resto de los animales.

Jamás se ha ganado una lucha sin sacrificio y yo, personalmente, elegiré la opción de la cárcel una y otra vez, durante toda mi vida, antes que la culpabilidad, cobardía e inutilidad de permanecer inactiva.

Los activistas de Reino Unido simplemente toman más precauciones ahora que antes. Pocos van a charlas o manifestaciones. Ninguno habla de nada sospechoso en un coche, casa o por teléfono y, generalmente, no se dejan ver en público con sus compañeros de acción. Los nuevos activistas pueden pasar desapercibidos mucho mejor, simplemente por el hecho de ser desconocidos para la policía, por lo que no suelen estar bajo ningún tipo de vigilancia.

Muy pocos activistas son pillados en el “trabajo”, y aquellos que son cogidos están bajo vigilancia. No hay nada que temer. Nunca te subestimes ni a ti, ni a tu poder interior y entra en el mundo del activismo de la Tierra.

NC: Aquí, en EE.UU., he sido el primer miembro del ALF en haber entrado en prisión. ¿Crees que la encarcelación de activistas del ALF ha aumentado o disminuido el número de acciones del ALF? ¿Por qué?

MA: No hay nada que nos lleve a pensar que el número de acciones del ALF está descendiendo. Actualmente hay catorce guerreros en las cárceles de Reino Unido. Creo que la actitud general de nuestras hermanas y hermanos en libertad es la de que cuantos más activistas haya dentro, más actuarán en nuestro nombre, y eso también significa animar a otros a actuar.

El enorme apoyo demostrado hacia los activistas Keith Mann y Dave Callendar, con penas de 11 y 10 años respectivamente, en las Cortes de justicia y apelación por medio de manifestaciones y otros actos, refleja la preocupación de mucha gente. El atropello de estas sentencias vergonzosamente largas ha llevado a la gente a estar más metidos en nuestra lucha.

El ALF siempre está haciendo méritos y nunca se rinde. No es raro que un chaval de 16 años decida romper las ventanas de un centro de investigación del cáncer una noche, o que un hombre de 65 decida llevarse unas cuantas gallinas de una granja intensiva, ambos bajo la bandera del ALF. No es necesario que salgamos en las primeras páginas de los periódicos para saber que el trabajo del ALF sigue adelante. Puede que a veces no nos enteremos, pero siguen pasando cosas, la policía es absolutamente consciente de ello y del problema que les suponemos.

NC: ¿Es cierto que muchas peleterías y ahora carnicerías han tenido que instalar persianas para proteger sus escaparates?

MA: Sí, es cierto que una gran mayoría de las carnicerías y todas las peleterías tienen los escaparates protegidos con persianas metálicas debido a los ataques por todo el país. Se suelen lanzar tuercas, cojinetes y otras piezas metálicas con tirachinas desde un vehículo a baja velocidad. Además del dinero extra que les supone, se sabe que con herramientas potentes y un coche dispuesto para la huida, se pueden romper los cristales.

Ninguna de sus medidas de seguridad es insuperable, con iniciativa podemos contrarrestar sus inútiles esfuerzos de deshacerse de nosotros y, literalmente, hacerles pagar.

NC: ¿Podrías hablarnos de la acción en la que hayas participado que más satisfacción te haya producido y cómo ayudó a fortalecer tu creencia en la acción directa?

MA: No puedo hablar tanto de una acción como de una campaña. Fue contra las exportaciones de animales vivos del aeropuerto de Coventry, que duró unos meses de campaña intensiva.

Lo mejor fue ver a gente de todo tipo unida con el propósito de poner fin al suplicio de las vacas por encima de todo. Lo que hizo que nos reuniéramos todos para actuar fue el ver pasar largas columnas de vehículos de transporte de animales desfilando delante de nosotros con terneros en su interior. Había pequeños terneros recién nacidos que nos miraban afligidos fijamente. Maldije que hubiesen podido elegirme a mí dentro de una multitud para mirarme fijamente, parecía que me estuviesen pidiendo explicaciones.

Pero luchamos e hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance. Jill Phipps incluso dio su vida intentando parar un camión que estaba lleno de terneros hacinados, le pasó por encima. Resistimos, pasamos días en vela, hicimos entrevistas de radio, hablamos con motoristas que pasaban para que se uniesen, algunos nos traían comida y ropa de abrigo, convencimos a gente de hacerse vegana, rompimos camiones y los detuvimos.

Por la noche, fuimos a gatas hasta dentro del aeropuerto y saboteamos sus propiedades, su valla de seguridad, sus luces de aterrizaje, hicimos incendios por la zona. Todo esto les supuso mucho dinero. Todos fuimos arrestados en algún momento. Nos pusieron cargos y se nos prohibió acercarnos al aeropuerto a menos de una milla de distancia, pero esa misma noche ya estábamos de vuelta. En una ocasión me peleé con dos vigilantes que me habían cogido escalando una valla al lado de una serie de destrozos.

Hicimos que las dos empresas de seguridad que trabajaban en el aeropuerto se pusiesen una en contra de la otra, conseguimos enterarnos de información interna. Hubo gente que pasó el cordón policial para encadenarse a las ruedas de los aviones y conseguimos planos para facilitar y aumentar los sabotajes. Esto enfureció a la policía y puso un infiltrado en nuestro campamento de protesta, que me arrestó cuando lo puse al descubierto.

En esa ocasión, la policía me separó del resto del grupo, me llevó a una furgoneta y me condujo al lugar en el que los terneros eran metidos al avión. Utilizaban varas largas electrificadas, los golpeaban y los lanzaban violentamente al interior. Los policías juraron que me romperían las piernas en cuanto estuviese en el calabozo. ¡Funcionaba!

Además del coste que les suponía el tremendo despliegue de seguridad privada y policía, también estábamos atacando al director de Phoenix Aviation, responsable de los vuelos. Tuvo que contratar guardaespaldas que vigilasen su casa por la noche, instaló alambres-alarma en su jardín, incluso disparó a uno de nosotros. Esto no impidió que se le rompiese el jeep y las ventanas, además del tormento psicológico de no saber cuál va a ser la próxima que te van a hacer.

Sacamos a la luz su infidelidad, su trato con matones, su pasado y presente criminal. Mandó a sus guardaespaldas a que viniesen por la noche hasta nuestras tiendas y nos pusieron trozos de vaca frescos que goteaban sobre nuestras pancartas, nos amotinamos en su pueblo alborotando para pasar el rato. Se convirtió en un hombre herido, económicamente arruinado, desquiciado y con su matrimonio hecho pedazos. Por lo que he dicho antes, ahora está pendiente de varios cargos por asalto.

Las exportaciones vivas en el aeropuerto de Coventry han cesado. Los últimos activistas que quedábamos estábamos bajo la lluvia, rodeados de flores, justo en el lugar en el que Jill había sido abatida. Pronto iba a dejar de haber camiones, y mientras se estaban yendo, en mitad de la carretera había una preciosa zorra que les miraba en silencio. Salió de la nada, apareció e iluminó la oscuridad de la noche. Los estudió a todos cuidadosamente, volvió a alejarse del aeropuerto, nos pasó a nosotros y se introdujo en los campos. Jill, una activa saboteadora de la caza, indudablemente, se había unido a ella. Habíamos ganado la batalla.

NC: ¿Qué es lo que pueden aprender los activistas americanos de sus compañeros británicos, y qué podemos hacer para aumentar el apoyo y el número de activistas?

MA: Una de las cosas más importantes es la solidaridad y el apoyo entre nosotros. Una red fuerte de apoyo a los presos es indispensable para un movimiento de acción directa, ya que además fomenta y da publicidad a las acciones.

Lo mínimo que se merece un activista en potencia es saber que en el caso de que le capturasen recibirá un apoyo moral y económico. La gente estará reticente a actuar si piensa que el único resultado de sus esfuerzos es la represión.

En mi opinión, actuar incita a actuar. Cuanto más éxito tiene una célula, más confianza gana en sí misma y más actúa. Tenemos que mantener siempre la llama encendida (como en Norte América, donde parece que las cosas están avanzando) distribuyendo revistas como No Compromise, que hace que la gente se acuerde del ALF, que nos muestren todo lo que se está haciendo y que consigan que la gente sepa que todo el que quiera participar tiene un sitio.

NC: Mel, tú has visto cómo muchos de tus amigos han sido encarcelados por la acción directa, algunos se han visto superados y otros han dado su vida en defensa de los indefensos. ¿Qué es lo que te mantiene activa? ¿Qué es lo que te da energía para seguir luchando contra la tortura y la violencia continuada hacia los animales?

MA: Se lo debo a los millones de animales y humanos que han muerto a causa de los sistemáticos abusos existentes. Se lo debo a los millones de personas y animales que morirán como resultado de este abuso y se lo debo a los amigos ausentes.

Cuando me metí en esta lucha, me prometí y me propuse que sería hasta el final. Cuando me encarcelaron, renové la promesa, habiendo sentido en mi propia persona cómo te sientes cuando te separan de tus seres queridos, aislada de todo lo que te importa y tratada como algo inútil.

En una cárcel me pasé ocho meses en una celda de 6 pies por 6 pies, una auténtica pesadilla claustrofóbica, y se me revolvían las tripas de pensar cómo deben de sentirse todos los animales en las jaulas, mientras esperan a ser utilizados en un experimento, a ser comprados o simplemente a morir, sin ninguna referencia del tiempo que llevan y el tiempo que les queda. La perspectiva psicológica de una vida detrás de los barrotes deja en un segundo plano el sufrimiento físico. De una manera muy pequeña en comparación, lo que he sentido a través de mi propia experiencia, esto me ha dado una fuerza para luchar que no había sentido nunca.

No sólo he padecido el tormento de su sociedad, he superado una de las más fuertes barreras humanas: el miedo. Es el miedo a no saber lo que nos puede pasar lo que nos impide hacer lo que está bien. Yo tengo ese miedo, como todo el mundo. El miedo a lo desconocido es muy fuerte, pero tengo que escuchar a mi conciencia. He visto demasiado como para poder echarme atrás. He pasado por lo peor que me podrían haber hecho pasar, y ahora puedo decir ¿qué ha sucedido? Sin poder encontrar respuestas, me siento completamente libre.

NC: ¿Hay algo que quieras compartir con los lectores de No Compromise, que mantengan la esperanza de que conseguiremos la victoria y esas cosas?

MA: La victoria es un estado mental. Cada vez que rescatamos un animal y lo mantenemos con vida, eso es vencer. Cada una de nuestras acciones supone una auténtica victoria.

Si en lo único en lo que pensamos es en lo preocupante que es el problema, en lo abrumador que nos parece todo y en lo inútiles que son nuestros esfuerzos, entonces, desde luego que fracasaremos en todos los niveles.

Nacemos como individuos y morimos como individuos, y en algún momento de la vida nos encontramos algo perdidos, inseguros, dependientes. Seguimos a ciegas a la multitud, haciendo cosas estúpidas porque el resto de la gente también lo hace, y tranquilos por saber que otros se están ocupando de los asuntos arriesgados, perderemos de vista nuestra capacidad de pensar, sentir y actuar, tomar iniciativas, hacer campañas y lograr nuestros objetivos. No deberían dejarnos a sólo unos pocos de nosotros asumir todos los riesgos, a pesar de que lo haremos.

Somos gente con sentimientos y tú también lo eres. Unámonos y sintamos el poder que sale de todos juntos, asimilemos esa energía y lancemos flechas de fuego a nuestros objetivos, flechas que iluminarán el camino a otros. Cada vez que actuamos con fuerza y compasión, cada vez que tendemos nuestra mano amistosa a las vidas que nos rodean descubrimos mecanismos demasiado sutiles como para ser notados, pero demasiado importantes para ser ignorados. ¡Tiremos las muletas y volemos!

NC: Mel, en nombre de No Compromise, me gustaría darte las gracias no sólo por esta entrevista, sino por tu desinteresado sacrificio por los animales. Estoy seguro de que pronto te volveremos a ver en combate.