Recordando a nuestros compañeros caídos. John Curtin
Se me ha pedido escribir un artículo sobre amigos míos que perdieron la vida mientras luchaban por la liberación animal: Mike Hill, Jill Phipps y Barry Horne. Han muerto más, pero este artículo es una reflexión sobre aquellos que conocía y eran mis amigos.
Mike Hill fue asesinado por el adicto a la caza y la sangre Alan Summersgill el 9 de febrero de 1991. Mike era un joven activista anarquista encantador. Sólo tenía 18 años cuando la basura cazadora le arrancó la vida. Entré en contacto con él durante manifestaciones y sabotajes de la caza, y sencillamente conectamos bien. Lo recuerdo dándome una enorme bolsa con monedas durante una manifestación contra el criadero de beagles Perrycroft Lodge (poco después fue cerrado). Había conseguido el dinero montando mesas informativas porque la anterior vez que lo había visto le dije que necesitábamos dinero para realizar una liberación.
Me descompuse al enterarme de que habían matado a un saboteador y cuando una hora más tarde me enteré de que era Mike, me derrumbé. Había salido a sabotear la cacería de Beagles de Cheshire. Yo debería haber ido a ese sabotaje aquel día y después pensábamos ir todos juntos a un concierto para conseguir dinero, pero hizo tan mal tiempo que muchas carreteras estaban cortadas. Recuerdo el coche patinando cuando iba por la autopista con Keith Mann, justo antes de abandonar nuestro plan de ir al sabotaje de la caza. Los adictos a la sangre, al ser lo que son, siguen necesitando sus dosis de violencia por muy mal tiempo que haya. Los saboteadores habían conseguido impedir que cazasen aquel día.
Para acortar una historia larga, cuando el sol se estaba poniendo aquel día Summersgill atropelló a Mike y después se fue a casa. La policía inmediatamente llegó a la conclusión de que había sido un “trágico accidente” y nunca investigó el “accidente” ni denunció a Summersgill.
Nuestra actitud fue de “no justice, just us” (no hay justicia, sólo estamos nosotros). Me dirigí al santuario de animales Freshifields, donde vivía Mike. Había un vinilo de los Crass en su tocadiscos y posters contra la guerra y con lemas como “Fuck the police” adornando las paredes de su caravana. Yo me sentía triste y jodidamente enfadado.
Organizamos una “manifestación” dos días más tarde en el lugar en el que vivían los perros de la cacería, donde también estaba la casa de Summersgill. A pesar del poco tiempo con el que preparamos todo, nos reunimos 150 personas. Posiblemente la situación ideal para un disturbio no es aquélla en la que los medios y la policía están antes de que lleguemos, pero nos daba igual, eran irrelevantes. Aquella casa tenía que ser destruida en pedazos y eso fue lo que hicimos. ¡Dios sabe lo que hubiésemos hecho si él hubiese estado en casa!
Ese día fui arrestado tres veces y todas ellas fui liberado por mis amigos. Era impresionante ver lo poderosos y lo impoliciables (si es que existe esa palabra) que éramos aquel día. Sólo una persona fue arrestada en el lugar. Para acortar otra vez, fui capturado unos meses más tarde y cumplí un año de cárcel con otros 8 compañeros. A pesar de ello no me arrepentí ni un momento (pero aparte de estar enloquecido por el dolor y la rabia, podía haberme preocupado de taparme la cara, ¡ups!). Aquella casa fue incendiada más tarde y Summersgill huyó.
Esperábamos ser arrestados durante el funeral, pero la policía debía de estar tan horrorizada por nuestra fiereza durante la “manifestación”, que prefirieron dejarnos tranquilos. Mientras bajaban el ataúd al interior de la tierra, nosotros (con el permiso de los padres de Mike) gritamos “¿Qué es lo que queremos? Liberación animal. ¿Cuándo la queremos? ¡Ahora! ¿Vamos a luchar por ella? ¡Sí! ¿Murió Mike por ella? ¡Sí! ¿Vamos a conseguirla? ¡Sí!”.
A la muerte de Mike siguió un incremento de actividades de todo tipo, especialmente acciones contra la caza y acciones del ALF. El número de acciones del ALF en la zona noroeste de Inglaterra, donde vivía Mike, alcanzó niveles sin precedentes, y todas las cacerías en la zona de Cheshire recibieron un ataque constante.
Esto es todo lo que tengo que decir sobre Mike. Respecto a Jill… en muchos aspectos, o al menos para mi, ella y Mike tenían un espíritu semejante. Un espíritu punk, anarquista, libre y tan bondadoso como el de una oveja, a no ser que se enfrentase con la injusticia y la violencia contra los indefensos. Ambos estaban involucrados en otras luchas, tanto por la liberación animal como humana (todos somos animales pero ya sabes a qué me refiero).
Jill era una de mis mejores amigas. Ella y su madre Nancy fueron las primeras activistas por la liberación animal que conocí; fue durante una charla que dio Kim Stallwood en la ciudad en que vivíamos, Coventry, en 1983. La primera impresión que tuvo Jill de mí no fue muy buena: estaba tan dispuesto a “ir a por ellos” que ella le dijo a Nancy que no me comentase nada ¡porque pensaba que yo era un policía infiltrado! De todas formas cuando revisó mis credenciales punk y empezó a conocerme, pronto nos hicimos “compañeros de crímenes”. Tengo muchos buenos recuerdos de cuando iba a conciertos con ella y después nos íbamos juntos a romper escaparates de carnicerías. Se hizo algo habitual que los carniceros se uniesen entre ellos y se dirigiesen a los conciertos de Conflict. Creo que su intención era intimidarnos. ¡Oh, cuanto nos reímos!
Las acciones del ALF de Jill se interrumpieron de alguna manera después de que naciese su hijo Luke. Ella se libró por los pelos de ir a la cárcel cuando le concedieron una libertad condicional por una liberación en los laboratorios Unilever. Su hermana y su madre no tuvieron tanta suerte y fueron a la cárcel por la acción. Ella continuó en el colectivo por la liberación animal de la zona poniendo puestos informativos y yendo a las concentraciones. La policía seguía hostigándola.
La arrestaron y la llevaron a rastras durante todo el camino hasta Cheshire tras el ataque a la casa de Summersgill, después de la muerte de Mike. Escribió este ahora conmovedor párrafo sobre la muerte de Mike, en un artículo tras su arresto: “He oído lo que le pasó a Mike Hill, fue una tragedia, pero desgraciadamente no muy sorprendente, ya que la mayoría de nosotros nos hemos tenido que enfrentar a un cazador perturbado ansioso de sangre, y sólo era cuestión de tiempo que ocurriese esto”.
Las pruebas que tenían contra ella, como ella misma comentó en el artículo eran llevar rastas, una parca en mal estado y una alimentación extraña, y muchos de los que participaron en el disturbio reunían esta descripción, ¡es verdad! Ella pudo demostrar que había dejado y recogido a su hijo del colegio aquel día.
La vida de Jill fue aplastada por unos sucesos planeados por un saco de mierda llamado Barrett-Jolley. Se le ocurrió la idea de enviar terneras en avión desde Coventry hasta los cajones de ganado de Europa. Jill centró toda su energía en detener esta atrocidad. Una vez más acortaré la historia, Jill acabó atropellada por un camión que transportaba terneros el 1 de febrero de 1995. También aquí la policía llegó a la conclusión de que había sido un trágico accidente.
Yo me encontraba en Liverpool cuando vi el titular en las noticias. Llamé por teléfono a Nancy para informarme de lo que había pasado y entonces me enteré de que la mujer que había sido asesinada era mi amiga Jill. Me fui directo a Coventry, y como muchas otras personas, nos mudamos a vivir a las afueras del aeropuerto. Desde aquel día estuvimos acampados. Después de otros dos meses de caos, las exportaciones desde Coventry fueron suspendidas y surgió una erupción de gente contra otros focos de exportaciones de animales vivos.
La noticia de la muerte de Jill generó titulares en todo el mundo. Su funeral fue tan multitudinario que tuvo que hacerse en la catedral de Coventry. El año que fue asesinada fue elegida “Mujer del año” en una votación nacional (¡¡ganó incluso a Lady Di!!). Respecto a Barret-Jolley, el “respetable hombre de negocios” (ya sabíamos entonces que vendía armas y drogas), ahora está cumpliendo una condena de 20 años de cárcel por tráfico de cocaína. Su cargamento recibía todos los días una protección policial en el aeropuerto de Coventry. Aun sigue obsesionado con la muerte de Jill porque durante su juicio por tráfico de drogas, su defensa consistía en que él era un agente especial de la CIA y que su nombre de contacto era Jill Phipps.
Ahora pasamos a Barry. Mi amistad con Mike y Jill fue un mar en calma, en comparación con la tormentosa relación con Barry. Tuvimos momentos de muchas risas juntos e hicimos muchas “aventuras”, pero solíamos pelear como el perro y el gato. Di un tema y Barry y yo podríamos encontrar un aspecto sobre el que discrepar. Por supuesto, yo siempre era el que tenía la razón y él nunca :-)
Cuando estaba en la cárcel muriendo por la huelga de hambre, dijo que quería que yo hablase en su funeral. Yo comprendí la broma en su petición, él sabía que me pondría en una situación en la que cuando estuviese delante de los asistentes yo no podría empezar con el clásico cliché: “Recuerdo a Barry como una personas dulce y encantadora”.
Pero dejando nuestras diferencias de lado, Barry era una persona destacable y un auténtico luchador por la liberación animal. Tenía firmeza, determinación y una inquebrantable confianza en la acción directa y en nuestro movimiento, como no he visto nunca. Con esto quiero decir que aparte de la evidente valentía y dedicación que demostró en su huelga de hambre, él era un activista por la liberación animal al 100%.
Este artículo es para la revista No Compromise. Bueno, pues Barry era la personificación del grito “NO COMPROMISE” (no negociaremos). Lo vivía, lo respiraba y lo exteriorizaba. Cuando adoptaba una postura no la alteraba ni un milímetro, ¡jodido testarudo! Y eso es lo que le hacía tan buen luchador. Era un guerrero de los de antes; a pesar de que no tenía ni una sola gota de sangre irlandesa, siempre sintió un gran interés en la lucha por liberar Irlanda del mando Británico. Así que quizás fuese una reencarnación de un guerrero celta. Un proverbio irlandés dice: “los irlandeses aman mucho y odian mucho”, ése era Barry.
Un recuerdo que tengo de Barry, describe cómo era él. Está ligado a una liberación que hicimos en Harlan Interfauna (por la que más tarde me condenaron a 18 meses). Liberamos 82 beagles y 26 conejos y causamos grandes daños. Tuvimos que trabajar por la noche llevando los animales a través de los campos hasta el punto más seguro que encontramos para esconder los vehículos. Barry fue una estrella aquella noche. Si has transportado animales largas distancias sabrás lo duro que es. Aquí hay otro dicho irlandés que encaja perfectamente: “una gallina que es transportada es una gallina pesada”. Barry trabajó durante años como basurero recogiendo bolsas de basura, y aquella noche trasladó todos eso años de experiencia a la acción. Lo recuerdo dando patadas en el culo toda la noche mientras el resto estábamos completamente desfallecidos: “¡Vamos patéticos veganos endebles! ¡Moveros!”. Esto era todo lo que necesitábamos.
Yo estaba en el juzgado cuando Barry recibió la horrible sentencia de 18 años. Estaba sentado y escuché cómo el fiscal tuvo que aceptar que la campaña de incendios de Barry tenía como objetivo dañar la propiedad de las industrias explotadoras de animales y no pretendía poner en peligro ninguna vida. ¡¡18 años de cárcel!! La respuesta de Barry fue muy típica de él. Nos saludó levantando el puño y después se puso a planear su próxima batalla contra los explotadores de animales.
Se embarcó en una serie de huelgas de hambre en protesta de las promesas preelectorales que hizo Tony Blair sobre la vivisección y que luego no cumplió. Barry no era un demócrata liberal que se sentía horrorizado y decepcionado de ver que los políticos habían incumplido sus palabras. No, esto era una decisión táctica para atraer la atención del público sobre el tema de la vivisección. Pero más importante, lo vio también como una forma de incitar al movimiento de liberación animal a actuar, como nunca antes hayan visto los vivisectores.
La mierda del sistema empleó todos sus trucos sucios para minar la increíble resistencia de Barry. El peor de todos fue, aprovechando la seguridad de la noche, trasladarlo del hospital, donde tenía contacto con la familia y amigos, al aislamiento de la celda de la cárcel. Estaba literalmente a las puertas de la muerte, pero de alguna forma seguía lleno de determinación después de 68 días de huelga de hambre (y ésta era su tercera huelga). A pesar de esto, había empezado a delirar. Es un aspecto desagradable de las huelgas de hambre, que a partir del día 40 aproximadamente es muy común que las facultades mentales empiecen a decaer, con alucinaciones, etc. Cuando a la mañana siguiente los carceleros le ofrecieron comida, él la aceptó porque ni siquiera era consciente de estar en una huelga de hambre.
Las facultades físicas y mentales de Barry nunca se recuperaron completamente de los daños irreparables causados por la serie de huelgas de hambre y murió casi tres años más tarde, el 5 de noviembre de 2001 (¡en Inglaterra ésta es la noche de las hogueras!) durante otra huelga de hambre. La razón fundamental de los trucos sucios del sistema para evitar su muerte, era que se produciría una explosión de acción directa, algo que formaba parte del plan increíblemente elaborado de Barry.
Todos suplicamos a Barry que no empezase ninguna otra huelga de hambre porque, aparte de lo demás, el movimiento no parecía estar preparado para pasar por ello otra vez. Pero él estaba convencido en seguir adelante y cuando llegó la noticia de su muerte no hubo una respuesta masiva inmediata.
Puedes pensar que en aquellos momentos, a causa del desgaste producido por las anteriores huelgas de hambre, ya no tenía esa visión estratégica. Pero piénsalo detenidamente, no hubo una reacción inmediata, pero desde su muerte las actividades contra la vivisección han aumentado en todo el mundo: la situación en Inglaterra ha llegado a un punto en el que la industria farmacéutica ha dado un ultimátum al gobierno advirtiéndole de que o son capaces de detenernos (oh sí, ¡si son capaces!), o se verán obligados a abandonar el país. Adiós.
La GRAN diferencia entre la muerte de Barry y la de Jill y Mike es que Barry siempre tuvo control de lo que le iba a suceder, mientras que Jill y Mike fueron cruelmente segados y asesinados por explotadores de animales.
¿¿¿Qué es lo que nos aportan las muertes de Mike, Jill y Barry, y todos los sacrificios que tenemos que soportar??? Eso es una conclusión a la que tú, el lector de este artículo, debes llegar.
Tanto tú como yo sabemos qué es lo que a ellos les hubiese gustado aportar (no hay premio para quien lo acierte):
LIBERACIÓN ANIMAL.