La cara bajo el pasamontañas
Soy un ciudadano del mundo. No he sido moldeado por políticos ni obedezco a los curas. No les dejo influir en quién soy ni en qué debo decir. Creo que algún día, aquellos que no comparten nuestras ideas, estarán de nuestra parte. Creo que la acción directa es una parte indispensable de la llamada al despertar, necesaria en cualquier lucha por la libertad.
He visto lo que hay detrás de las paredes de los laboratorios, de las granjas y de los mataderos. He convivido con muchos animales liberados. He estado junto a ellos durante sus pesadillas y sus miedos. He conocido su alegría y su tristeza. He visto perros mearse de miedo ante la figura de un hombre con una bata blanca, los he visto escondidos durante semanas bajo una cama después de ser liberados.
Pero también los he visto observar la primera caída de nieve después de haber pasado la vida en la jaula de un laboratorio, y dar sus primeros pasos indecisos hacia el océano bajo la luna llena. He visto ratas de laboratorio, jerbos, hámsteres, ratones y conejos cuidar de los que estaban muriendo. Los he visto investigar nuevas comidas y nuevos espacios naturales, después de una alimentación exclusiva de pienso y una vida en una caja de plástico inferior a 30 x 20 cm. Les he visto disfrutar de una vida completa y feliz, alejada de su vida anterior. Les he visto confiar en una especie que los maldice y los ve como parásitos. Hace mucho que ellos fallecieron.
Mientras escribo observo la fotografía de dos beagles liberados. Cuando veo esa imagen recuerdo la luz y el amor que trajeron a mi vida. Nunca olvidaré su dolor. Sé que lucho por algo que está bien, y no me avergüenza decirlo. Si eso me convierte en un criminal, estoy orgulloso de serlo.
Soy la cara que esconde el pasamontañas.