Cartas desde la clandestinidad II
Buscando compañeros
Es muy complicado explicar a alguien cómo encontrar a una persona de confianza que esté a la altura de las circunstancias, que conozca el tema, que esté dispuesta a correr los mismos riesgos que tú y lo suficientemente fuerte como para aguantar un duro interrogatorio policial, sus intimidaciones, su acoso y represión. A pesar de que uno nunca se espera encontrar ante estas circunstancias, es un riesgo real y tú y todos los que trabajen contigo tenéis que tener bien metido en la cabeza que si esto ocurriese, ni tú ni ningún otro miembro del grupo vais a prestar la más mínima colaboración con las fuerzas represivas.
No hay ninguna fórmula ni ningún patrón a seguir para elegir o encontrar compañeros. Esto es bueno, ya que si existiese, abriría las puertas a muchos infiltrados, que entrarían en el movimiento y lo destruirían.
El llevar a cabo yo sola la acción del restaurante de comida rápida me llevó hacia una segunda persona con la que acabé unida.
Amigos y camaradas
Otro miembro de nuestra célula no fue “elegido”. Sencillamente nos conocíamos y confiábamos el uno en el otro desde el instituto, donde falsificábamos justificantes para saltarnos las clases y poder ir juntos a nadar al río.
Los dos nos hicimos vegetarianos (y nos desvirgamos) en el instituto, yo le hablé a él de mi opinión sobre la lucha por la liberación animal y él me habló a mí sobre las ideas del ecologismo profundo. No pasó mucho tiempo hasta que empezamos a trabajar juntos. Creo que no hay ningún método exacto para saber si mi amigo podía estar a la altura. Simplemente había sido mi mejor amigo durante muchos años y nos conocíamos el uno al otro perfectamente.
Éstos son los mejores compañeros, aquéllos con los que has forjado una relación de cariño y amistad que ninguna fuerza represiva podría romper nunca. Por eso me gustaría remarcar aquí que la mejor manera de encontrar a un buen compañero es buscando entre la gente que ya conoces y con la que te llevas bien. Siempre confía en tu instinto. ¡Si alguien no te parece trigo limpio, no trabajes con él! Lo contrario también es cierto, que si una persona te transmite buenas vibraciones, te da la sensación de que es sincera, de que conectas con ella, es mucho menos probable que te arrepientas de trabajar con esa persona.
La otra compañera con la que contacté después de la acción del restaurante llevaba mucho tiempo metida en el movimiento ecologista. Sólo compartí con ella mi interés por la acción directa después de oírla quejarse en repetidas ocasiones de una valla publicitaria que anunciaba productos de origen animal, decía que alguien debería corregir la valla para que los consumidores se enterasen de una vez del sufrimiento que contenía ese producto.
Después de haberla oído unas cuantas veces —¿estaría también ella poniéndome a prueba a mí?—, nos fuimos a dar un paseo. Ahí fue cuando le comenté que la valla que tanto odiaba parecía bastante accesible —ya había hecho un reconocimiento antes—, y que si estaba dispuesta a redecorarla, juntas podía ser estupendo.
A ella le pareció una gran idea, y al cabo de unos pocos días, la valla sufrió una pequeña corrección. Además utilizando bombas de pintura roja hechas con adornos de navidad, parecía que la sangre corría hacia abajo por la valla.
Haciendo una crítica de la acción
Al día siguiente de esta acción mi amiga y yo nos fuimos a dar otro paseo —nunca hablamos dentro de una casa o coche— para sacar defectos a nuestra acción. Esto puede parecerle una estupidez a más de uno, pero es la mejor manera de aprender de tus errores y mejorar para las próximas acciones.
Conversaciones de este tipo restringidas únicamente a las personas que llevan a cabo la acción son una buena manera de aprender. No debería hablarse de ello por ningún otro motivo. En esta ocasión, nos dimos cuenta de que el sistema que utilizamos para avisar de que llegaba la policía —un silbido fuerte— no funcionaba. Fui advertida en dos ocasiones de que había policía por la zona, pero nunca supe cuando podía reanudar el trabajo. Además el silbido llamaba mucho la atención de la gente.
Por esa razón acabamos juntando nuestros ahorros para comprar una radio scanner que captaba la frecuencia de la policía y un par barato de walkie-talkies. Debido al bajo coste de los walkies, no podríamos fiarnos de ellos en las acciones en las que el vigilante estuviese a mucha distancia. En cualquier caso nos fueron muy útiles para más tablones de anuncios, restaurantes de comida rápida y peleterías.
Construyendo un clima de confianza y apoyo mutuo
Estas acciones deberían hacerse con más frecuencia para construir un ambiente de confidencialidad, unidad y camaradería. Cuántas más acciones de éstas se hagan, más competente y experimentado estarás tú y tu equipo y antes podrás empezar a hacer acciones más grandes y mejores —con acciones más grandes y mejores nos referimos a aquellas que generan grandes daños y pérdidas a nuestro objetivo. Por supuesto, aquí incluimos los incendios.
Este tipo de acciones llegarán con el tiempo si tú y tus compañeros continuáis activos y construís ese clima de unidad y confidencialidad. Yo y las dos personas con las que trabajo tenemos una especie de conexión mental gracias a la cual solemos saber en lo que están pensando las otras dos personas. Esto no se consigue de la noche a la mañana, pero si tenéis paciencia vosotros también lo conseguiréis. Por eso es tan importante la motivación y la persistencia.
Estuve unos dos años haciendo este tipo de acciones, y ahora trabajo regularmente con dos grupos distintos y unas cuantas personas más que me piden ayuda de vez en cuando. Si tienes persistencia construirás en torno a ti una red de recursos que incluyen herramientas, dinero, personas y experiencia.
Si crees que no hay suficientes objetivos a los que crees que puedes atacar, deberías pararte a pensar si en realidad lo que ocurre es que no quieres hacerlo. Pero si de verdad quieres, coge el listín de teléfono y busca. En las páginas amarillas puedes conseguir nombres, teléfonos y direcciones —y puede que hasta un plano de la zona— de innumerables centros de explotación animal. Éste es un recurso tremendamente útil disponible las 24 horas del día en cualquier ciudad o pueblo en el que quieras actuar.
En una ocasión, nuestro grupo cruzó dos Estados —en EE.UU.— para “remodelar” un establecimiento en el que se lucraban con la muerte animal. Una vez ahí, nos dimos cuenta de que por unas circunstancias no se podía llevar a cabo. En lugar de regresar a casa hundidos, cogimos el listín de teléfonos, y empezamos a buscar. Antes de dejar ese Estado, el establecimiento de otro explotador fue completamente destruido.