Varios Autores
Cuando se abrió la puerta

Alba Maior
Colección dirigida por Luis Magrinyá
© de esta edición: ALBA EDITORIAL,
© Diseño: P. Moll de Alba
Primera edición: octubre de 2008
ISBN: 978-84-8428-418-5
Depósito legal: B-37.940-08
Impreso en España
Índice
Presentación, por Marta Salís
Constance Fenimore Woolson: La calle del Jacinto
Charlotte Mew: Elinor
Olive Schreiner: La mujer del sacerdote budista
Edith Wharton: La tragedia de la musa
Charlotte Perkins Gilman: El empapelado amarillo
Vernon Lee: Lady Tal
Hubert Crackanthorpe: Una mujer muerta
Ella D'Arcy: Irremediable
George Egerton: Tierra virgen
Thomas Hardy: Una mujer con imaginación
Arthur Conan Doyle: Los médicos de Hoyland
Kate Chopin: En el espacio de una hora
Ada Leverson: Una sugerencia
Laurence Alma-Tadema: A las puertas del paraíso
Mabel E. Wotton: La quinta edición
Willa Cather: Tommy, una persona nada sentimental.
Sarah Grand: Cuando se abrió la puerta
George Fleming: Por accidente
Clarence Rook: Revuelo frente al Café Royal
Henry James: Alas rotas
George Gissing: La hija de los guardeses
George Moore: El banquete de boda
Virginia Woolf: Phyllis y Rosamond
Katherine Mansfield: La Dama Progresista
Saki: El método Schartz-Metterklume
Presentación
El término New Woman lo empleó por primera vez la novelista inglesa Sarah Grand en un artículo publicado en marzo de 1894 en la North American Review. La novelista llamaba así a esas mujeres que, rebelándose contra el abnegado papel que les había tocado desempeñar en la era victoriana, empezaban a desafiar convencionalismos y normas sociales y luchaban por su libertad personal. En general, se trataba de mujeres jóvenes de clase media, normalmente con algunos estudios, que querían trabajar fuera de casa, caminar solas por las calles, viajar en tren sin carabina, fumar y montar en bicicleta, llevar ropa más cómoda y peinados más sencillos y, sobre todo, tomar sus propias decisiones. En realidad, el término «Nueva Mujer» no describe necesariamente a unas ardientes feministas, ni sugiere militancia ni extremismo: nos habla de una generación de mujeres que reaccionaron enérgicamente contra el sistema tradicional de proteccionismo paterno primero y marital después; que eligieron ser autónomas profesional, política y emocionalmente; que persiguieron la igualdad con los hombres y estuvieron dispuestas a dar un giro a las convenciones y a las nociones aceptadas de feminidad.
El relato breve ofrecía a los escritores de finales del siglo XIX mucha más flexibilidad y libertad que la tradicional novela victoriana de tres volúmenes —que terminaba siempre con el matrimonio o la muerte de la heroína—, y se convirtió en el vehículo idóneo para que estas mujeres expresaran sus ideas sobre algunos temas como la educación, el sexo y el matrimonio.
La presente antología, ordenada cronológicamente a partir de la fecha de publicación (con alguna excepción), incluye relatos escritos por «nuevas mujeres» y relatos protagonizados por ellas. Pero no se limita a exponer su realidad, sino también sus fantasías, ilustradas a veces con cuentos ciertamente visionarios como «Elinor», de Charlotte Mew, inspirado en la figura de Emily Brontë, y en el que la fascinación por la rebelión trágica frente al amor, «destino natural» de toda mujer, se presenta como «algo salvaje, anómalo y erróneo».
Entre las nuevas mujeres escritoras destacan las inglesas Sarah Grand, conocida sufragista, cuyo cuento «Cuando se abrió la puerta» sirve de título a esta antología por su carácter simbólico, y por ser ella quien dio nombre a esta mujer nueva; George Egerton, interesada sobre todo en la exploración de la psicología femenina; Ella D'Arcy, feminista convencida cuyas obras desafiaban la moralidad tradicional y los estilos narrativos más convencionales; Ada Leverson, gran amiga y defensora de Oscar Wilde, quien la apodaba «la Esfinge»; Vernon Lee, mujer de enorme ingenio y personalidad, defensora de la causa feminista; Charlotte Mew, poetisa que vestía como un hombre, llevaba el pelo corto, soltaba tacos, fumaba y viajaba sola; Laurence Alma-Tadema, mujer de ideas progresistas cercanas al socialismo; Mabel E. Wotton, abanderada de la igualdad entre ambos sexos; Clarence Rook, creadora de una de las primeras mujeres detectives; la sudafricana Olive Schreiner, cuyo estilo moderno y audaz revolucionó la ficción «feminista»; las norteamericanas Charlotte Perkins Gilman, autora del relato femenino más emblemático del fin de siécle, y Constance Fenimore Woolson, mujer de carácter aventurero e independiente, enemiga del matrimonio; y la internacional George Fleming, claro ejemplo de la mujer nueva por su estilo innovador y la valentía de sus escritos.
Además de estas autoras prácticamente desconocidas en nuestro país, y que serían el eslabón entre la literatura victoriana y la narrativa moderna, hemos querido incluir relatos de escritoras de la talla de Edith Wharton, Kate Chopin, Willa Cather, Virginia Woolf y Katherine Mansfield.
Hubo hombres, asimismo, que apoyaron y defendieron a esta mujer más «liberada», por lo que nos ha parecido interesante añadir relatos de algunos escritores que respaldaron este cambio, o simplemente hablaron de él: Hubert Crackanthorpe, Thomas Hardy, Arthur Conan Doyle, Henry James, George Gissing, George Moore y Saki.
Queremos destacar, finalmente, que en esta selección se incluyen cuentos no sólo en torno a la nueva mujer, sino al clima intelectual y social que propició su aparición y que, sin duda, creó una enorme confusión en la mentalidad de los hombres (como refleja muy bien «Irremediable», de Ella D'Arcy, cuyo protagonista, influido por sus ideas socialistas y el ideario de igualdad sexual, sacrifica su felicidad en aras de una «vieja mujer», una obrera de novela naturalista), obligándoles a cambiar de actitud ante cuestiones tan espinosas y cruciales como la honra, la fidelidad, el sentido de propiedad y otros muchos prejuicios atávicos.
MARTA SALÍS
Sobrina nieta de James Fenimore Cooper, nació en Clermont, New Hampshire, en 1840. Cuando tenía un mes, tres de sus hermanas murieron de escarlatina y la familia se trasladó a Cleveland, Ohio, donde Woolson creció y se educó, aunque completaría su formación en un conocido internado de Nueva York. Sus viajes por el Medio Oeste y el nordeste del país, así como la Guerra de Secesión, y sobre todo las repercusiones de ésta en la vida de los vencidos, inspirarían gran parte de su obra. De carácter aventurero e independiente, desde muy joven decidió quedarse soltera para ver mundo y escribir sin cortapisas. Tras la muerte de su padre, casi en la ruina, empezó a publicar cuentos, poemas y relatos de viajes en prestigiosas revistas literarias, como Harper’s, Scribners, Putnam’s, Appleton’s y The Atlantic Monthly. En 1879 se embarcó rumbo a Europa, donde conocería a Henry James, con el que entabló una amistad sobre la que se ha especulado mucho. Además de libros de viajes y relatos para niños, escribió varias novelas: Anne (1880), East Angels (1886), Jupiter Lights (1889) For the Major (1893) y Horace Chase (1894); y varios volúmenes de relatos breves, quizá lo mejor de su obra: Castle Nowhere. Lake Country Sketches (1875), Rodman the Keeper: Southem Sketches (1880), The Front Yard and Other Italian Stories (1895) y Dorothy and Other Italian Stories (1896). En 1893, Woolson alquiló un elegante piso sobre el Gran Canal de Venecia; en enero de 1894, víctima de las fiebres tifoideas y de una posible depresión, la escritora saltó o se cayó de su balcón veneciano y murió en el acto. Henry James creyó siempre en su suicidio y visitaría durante años la tumba de su gran amiga en el Cementerio Protestante de Roma.
«La calle del jacinto» (The Street of the Hyacinth) se publicó en la revista The Century, en mayo de 1882, y luego formaría parte del volumen The Front Yard and Other Italian Stories.