Lo que Liz piensa
He tenido una vida agradable, piensa Liz. Aunque no se acuerda de los acontecimientos que ha vivido, intuye que le ocurrió en ella algo maravilloso. Y la nueva vida que le espera le produce también una bonita sensación.
Al contemplar a los bebés flotando delante y detrás de ella, y a su izquierda y derecha, advierte que la mayoría permanece con los ojos cerrados. ¿Por qué mantienen los ojos cerrados?, se pregunta. ¿Es que no saben que hay un montón de cosas que ver?
A medida que Liz se desliza por el Río alejándose cada vez más de su hogar, de En Otro Lugar, piensa en muchas cosas. En realidad, cuando eres un bebé que está iniciando un largo viaje, te queda mucho tiempo para cavilar.
Una vida vivida hacia delante tiene la misma calidad que una vivida hacia atrás, piensa ella. Al final le había acabado gustando esa vida vivida hacia atrás, porque después de todo era la única que tenía.
Además no está triste por el hecho de ser un bebé. Como las personas más sabias de aquí saben, envejecer no tiene por qué ser motivo de tristeza. En la Tierra los intentos de conservar la juventud al afrontar la madurez son inútiles. Y volverse cada vez más joven tampoco tiene por qué causar tristeza. Hubo un tiempo en que a Liz le daba miedo olvidarse de las cosas, pero cuando empezó a olvidarse de ellas, se olvidó de su miedo a olvidar. La vida es compasiva con uno, piensa el bebé.
Las olas acunan y mecen a los bebés hasta que los pequeños se quedan dormidos. Y este bebé también sucumbe al sueño al cabo de poco.
Duerme y duerme.
Y mientras duerme, sueña.
Y mientras sueña, sueña con una niña que está perdida en el mar pero que un día llega a la orilla.