CAPÍTULO 19
Amaneció. La luz matinal surcaba a través de la unión de las cortinas en la ventana. Alguien tocó a la puerta. Lorena se cubrió por completo mientras Bruno buscaba vestirse aprisa para atender al llamado. Era la recepcionista con el desayuno. Olía delicioso. Al recibirlo sonrió como si estuviera agradecido por sus atenciones. Claro, pensó Lorena: hasta la dueña de la posada podría ser cómplice, ¿pero qué importaba, si a ella le encantaba? ¿Qué importaba si el mundo se caía a pedazos pero él estaba allí para sostenerla? Su corazón latía feliz y deseó poder vivir todas las noches que le quedaran de vida junto a él. Refugiada entre sus brazos.
- Amor- dijo y le sonó a sinfonía. La puerta estaba
cerrada de nuevo y la mesa puesta- Amor debemos levantarnos, aunque me encantaría hacerte el amor de nuevo- Ruborizada se levantó de la cama cubriendo de la mejor forma su desnudez ante él. Buscó a tientas su ropa. El pantalón jeans bajo la cama, el brassier sobre las barandas de la cabecera del lecho. La camisa sobre una silla y su panty de encajes blanco bailoteando en uno de los dedos de Bruno en medio de una mirada divertida. Lorena se preguntó en qué momento pasó un huracán por la habitación para que sus cosas estuvieran esparcidas por todas partes. Se preguntó en qué parte pudiese estar su corazón y en donde se había metido su yo interno y el antipático raciocinio. ¡Ah claro!, se dijo así misma, “en un bar ahogándose en licor”. Aprisa se vistieron. Uno lanzándose la ropa del otro. Sonreían como nunca lo hicieron y se veían a los ojos con una complicidad extraña deseando repetir todo lo vivido esa noche. Lorena se desconoció, pero le agradó ese lado sensual y pícaro que comenzaba a emerger de su piel.
- ¿Quién lo iba a creer usted y yo entendiéndonos?
- Dicen que la cama es el mejor ring de boxeo.
- Vaya, ya lo veo, pero será mejor que nos demos prisa,
señor Linker. Me moriría de la vergüenza si su nana descubre que he pasado la noche con usted.
- A partir de hoy ” el señor”, es peyorativo en mis oídos
y en cuanto a lo otro, no habría nada malo en eso, Lorena. Creo que a mi nana, hasta en cierta forma le agradaría la idea. Tiene buena imagen de nuestra querida huésped.
- ¿Por qué se divorció? ¿ es siempre usted un hombre
insoportable o solo cuando no está en la cama?- sonrió divertida al peinarse con las manos la cabellera con intenciones de recogerlas en una sola cola. Una toalla fue lanzada a la cara en medio de risas contagiosas- eso es algo que deberías descubrir tú misma, ¿no lo crees, amor?
“Amor” como golpeaba el alma esa palabra: “amor”. Aún recordaba ese corto y breve “te amo” pronunciado en medio del éxtasis. Deseó escucharlo de nuevo. Moriría si él lo repitiera fuera de los curiosos desordenes hormonales. Pero ahora… lucía bromista, jovial, pero no enamorado.
Dejar la habitación luego de haber vivido un glorioso éxtasis no parecía tan complejo como lo estaba siendo. Sus mejillas ruborizadas eran muestra de la irrigación sanguínea acelerada en sus pómulos, sus manos sudorosas al tacto y la torpeza de sus movimientos fueron el detonante de su estado real. ¡Estaba avergonzada! Petrificada en el umbral de la puerta. Sorda y ausente. No reaccionaba a las indicaciones de Bruno Linker para abandonar el refugio de sus pasiones. En su oído retumbaban las voces de la gente del pasillo cercano. Lo miró ensimismada.
- Oye Lorena. Todo está bien. Es imposible que nos
Ocultemos. Es obvio que tú y yo hemos pasado la noche, pero no por eso debes sentirte avergonzada. No hicimos nada que ningún hombre y mujer terrícola no hayan hecho.
- ¿Se me ve en la cara? ¡Dios santo!- Sintió una fuerte
punzada en la cabeza al imaginar que su rostro delatara todas las caricias vividas anoche- ¿Cómo podré mirar a Doña Verónica a los ojos?... no creí que me sentiría así. Hace un momento me sentí… en las nubes.
- Pero hemos regresado a la tierra Lorena, además nadie
acá te conoce, despreocúpate.
- Pero a usted sí y usted es mi enlace.
- Soy hombre. No lo olvides. Además nadie tendrá el
valor de hablar mal de mi chica.
Enmudeció aturdida al escuchar una razón profundamente machista. Se dejó conducir con sus manos hasta rodear el recodo y el jardín de tan hermosas orquídeas. Se despidió cabizbaja de la recepcionista mientras él se aferraba a su cintura haciendo alarde de su posesión. La fachada principal apenas vista de reojo. Al fondo los caballos, atados al mismo madero pero de seguro hospedados también en una caballeriza. Lorena se sentía tan segura y libre entre las cuatro paredes y él. Era como si el mundo se redujera a su esencia y la suya. Ahora era diferente. Sintió como si la fueran a dilapidar. Parpadeó ahogada en un suspiro al tomar las riendas de su caballo entre sus manos. Él hizo lo mismo con Trino, hasta montarlo. Dio un leve latigazo con un sonoro “arre “y se abrió paso en el camino.
- “Hemos regresado a la tierra”- Recordó y emprendió
camino tras de él. – La mañana estaba gélida, nublada…Bruno adelantaba y retrocedía el paso de su trote, rodeándola, como si aún la estuviera examinando. Con destreza ordenaba con las riendas. De nuevo la estaba intimidando. ¿Pero porqué se sentía así, después de haber sido suya? Vaya, ¿Por qué no se dio cuenta? Era muy tarde. Se había entregado, ahora nada contaba… Era su posesión. Su carta en mesa abierta. Pero… Si así era, no lo permitiría más. No era diversión de nadie. Retomó la mirada altiva y aunque quiso expresarse con temple sus cuerdas vocales solo permitieron un suave quejido. Creyó tan cruel su destino al saberse engañada, al recordar lo hermoso que sonó su pequeña declaración de amor, aquel: “te amo“en medio del éxtasis. Ahora, oculta en un vago recuerdo. Atrapada en el reciente pasado.
- Lorena Blasco Veragua- Enfatizó al merodearla con su
caballo- Gracias por permitirme explorarte, hacerte mía. Conocerte.
- “ Dios, que debo responderle”- Pensó cabizbaja,
deseando saber que decir. ¿Le estaba agradeciendo por una noche de placer? ¿era eso apropiado? Un esbozo de sonrisa alivió la tensión.
- No calles. Tu silencio me hace desearte aún más. Y no
sé si sea apropiado doblegar a la razón -
Amenazó mientras presionaba mordaz uno de sus simétricos y suaves labios. Su rostro compacto se mostró, de repente inescrutable.
- Esto no está tomando buen camino Bruno. Quizás
debamos mantener la tregua, no sería apropiado crear brechas cuando estamos tan cerca de la despedida…Usted tiene su puente. Yo tengo el camino abierto… basta Bruno- Sacudió su cabellera como deseando sacudirse la imagen y el pensamiento mientras extendía la palma de su mano derecha en señal de alto- su forma de mirar y de hablar solo creará distancia entre los dos, ¿no lo cree?
Sonrió de la forma en que a ella tanto le fascina. Acercó aun más su caballo al suyo, tomó sus riendas de sorpresa e inclinándose hacia ella le arrancó un beso de los labios sin ninguna dulzura o tacto.
- No, si siempre eres mi prisionera. Prisionera de mis
brazos, Lorena.
Estas palabras hicieron que su cuerpo se sacudiera y su alma vibrará, como deseando abandonarla, tal y como lo había hecho su astral. ¿Estaba siendo seductor o letalmente acosador? ¿Bromeaba acaso? Sí, de seguro bromeaba- quiso creerlo-o… ¿o ese hombre tan encantador sufría de trastorno bipolar?
- ¿Está bromeando, verdad, Bruno?- Se atrevió a indagar
sin quitar su mirada de él.
- Jamás en mi vida he hablado con tanta seriedad Lorena.