CAPÍTULO 12

La habitación de Lorena estaba cerrada. Verónica había ascendido por las escaleras sin dificultad, era muy resistente para su edad. Golpeó la puerta con los nudillos por sexta vez, pero Lorena no respondió. La llamó entonces por su nombre haciendo muy audible el llamado del huésped. Hasta Bruno Linker que estaba absortó en sus pensamientos salió de ellos hasta las escaleras para ver lo que pasaba. Imaginó que aquella mujer había cometido una locura. Sabía de historias medievales, de jóvenes que se suicidaban tras sentirse humilladas o ultrajadas pero, ¿Lorena? ¿En pleno siglo veintiuno? “Vaya si estamos iniciando el tercer milenio, pero si no la hice mía”, además  Bruno no consideraba relevante las caricias y los besos de anoche aunque el recuerdo y el sabor de sus labios le quitaron el sueño. Fue a prisa por un juego de llaves que colgaba tras el recodo junto al vestíbulo para regresar como una flecha con ellas. Subió en zancadas la escalera mientras se reprochaba así mismo lo que le pudiese suceder a esa mujer. Su corazón se aceleró como nunca y temió por un desenlace trágico. Por su maldita culpa.

De pie frente al madero, buscó con desespero la llave adecuada, al hallarla abrió la puerta. El silencio reinaba. La ventana estaba cerrada como siempre al igual que la puerta del baño. La habitación estaba fría. Lorena Blasco estaba sumergida en el cobertor en posición fetal. Bruno sintió como una sensación de ternura se escapaba de sus poros. Se acercó junto con su nana sentándose a un costado de la cama. Su brazo se extendió tras el tumulto formado con el cobertor rosado y buscó con sus manos su cabellera de docenas de rizos esparcidos entre las telas. Pasó un grueso trago por su garganta temeroso de no sentir su respiración. De repente ella se dio vuelta con lentitud aún inmersa en un estupor mágico. Cuando pudo abrir sus ojos se encontró con él a su lado.

-   ¿Qué hace usted aquí? – Indagó molesta mientras se reclinaba

en la cama cubriéndose hasta el cuello con el cobertor, ¡como si él no la hubiera visto antes!. Se ruborizó de nuevo en medio de su enojo. Luego  giró a un lado al sentir otra presencia y vio a la nana, entonces su

tono de voz bajó-.  Doña Verónica, ¿qué hacen aquí?

-   Nos  has asustado. Toque la puerta muchas veces y no

respondiste, por eso entramos. Disculpa si hicimos mal. Bruno me dijo que no te ve desde anoche y como no bajaste a desayunar, temimos por ti.

Lorena no lucía bien, tenía los ojos hinchados, era obvio que había pasado la noche llorando, algo en las entrañas de Bruno lo estremeció, la bilis en su boca se hizo sentir mientras su piel se heló de repente. Por primera vez se sintió mal por haber dañado a una mujer. Es más, nunca se percató si perjudicaba o no a una mujer. Las consideraba de plástico o metalizadas, útiles y placenteras, divertidas y joviales, pero nunca vio más allá de su piel o de las pupilas del alma.

“¡Maldita bruja! De seguro me ha hechizado”- Pensó molestó más consigo mismo que con ella-.”Somos un par de desconocido, lo único que teníamos que hacer es pasarla bien. Más nada. Un par de orgasmos y au revoir! No entiendo qué Diablos está pasando conmigo”. Se puso de pie dándole paso a doña Verónica quien no resulto ser la roca que pensó era al conocerla. Él no pudo decir nada aunque en su interior deseó saber qué le ocurría. Se alejó hasta la ventana con las manos en las caderas, contemplando el vació dejado por la lluvia.

-   ¿Estás bien Lorena? Anoche tuve una noche tremenda. Muy

 extenuante.

“Sí, claro”- Pensó Lorena creyéndola culpable de la actitud de su

hijo putativo. La escuchó cabizbaja.

-   La hija de Fabiola está a punto de traer su bebé al mundo, pero

no ha dilatado lo suficiente. Ha estado muy mal, por eso la trajimos al rancho. Acá hay más comodidad para atenderla. Disculpa no haberte avisado, pero todo sucedió de repente. Espero que Bruno se haya comportado a la altura.

-   “Sí. A la altura de un cerdo” – pensó Lorena aunque su yo

interno le gritaba : “mal agradecida” por no aceptar su benevolencia al perdonar su entrega. Él las ignoró por completo hasta que…

-   El señor Bruno ha sido muy amable- Espetó Lorena-  aseguró

que me llevaría a la ciudad a la brevedad posible- Mintió irónica-

-   ¡claro que sí, muchacha! Mi hijo es un hombre de palabra. Eso

es precisamente lo que está haciendo. Esta mañana  llegó parte del equipo de trabajo, maquinarias y esas cosas necesarias para la construcción del puente. Bruno movió sus influencias para que la obra se ejecute a la brevedad  posible. 

-   No lo hice por ella  nada más. Tenemos que sacar la

producción a la brevedad posible, además no sabía que llegarían hoy, de haberlo sabido hubiera finiquitado algunos asuntos pendientes- Levantó una de las cejas insinuante y persuasivo  provocando en ella un centenar de sensaciones. Sabía muy bien a cuales asuntos pendientes se refería ese hombre. Estuvo a punto de gritarle, pero se resignó a no hacerlo.

-   Doña Verónica, entonces, hoy mismo puedo regresar a la

ciudad.

-   Hoy no- Intervino Bruno- ¿qué te crees tú? ¿La princesa de

Mónaco? Que todos vienen a tus servicios. Esa gente tiene que ensamblar una estructura que requiere de tiempo y dedicación, además han realizado un viaje extenuante y merecen descansar.

-   ¡Bruno Linker, qué forma es esa de hablarle a nuestra huésped!

Discúlpate con Lorena. Esta mujer ha sufrido muchos percances con su regreso y es muy justo que desee retomar su vida.

-   ¡Es exasperante, necia e inmadura!

-   ¡ y usted es el hombre más déspota, vacío y miserable que haya

conocido!

-   ¡Basta ya! – Intervino doña Verónica poniéndose de pie entre

los dos- ¿explíquense de una vez por todas, qué diablos pasa entre ustedes? Parecen dos muchachitos agarrándose del cabello. Compórtense como los adultos que son. Bruno, tú sabes que el puente no se puede ejecutar sin el cargo faltante, explícale a Lorena, “como adulto”- enfatizó-  tus razones  y tú Lorena, escucha con detenimiento y nunca creas que pretendo retenerte en este lugar, ni yo, ni Bruno.

-   Enviaron un puente para ensamblar. Temporal. Al armarlo

podrás marcharte con los camiones de la producción.

-   Pero será temporal ¿ y la construcción del puente?- indagó

desconcertada Lorena.

-   No se realizará , hasta que no contratemos al ingeniero

residente de la obra.

-   Le dije a Bruno que tú podrías ser el ingeniero residente.

-   ¡Por favor nana!, esta mujer ni siquiera tiene título y tampoco

tenemos garantías de lo que realmente estudia, además de ser cierto, es mucha responsabilidad para una mujer como ella.

-   ¿Cómo yo? – Replicó-  soy más capaz y responsable que usted y

veinte hombres con su perfil. Respecto a lo que  crea o no de mí, no me importa. Soy lo que soy. Tengo lo que tengo y listo. No me importa su criterio errado, puesto que, por lo que veo ni siquiera sabe que es lo que debe realizar su ingeniero residente.

-   Ah no ¿y tú sí?

-   Más de lo que se imagina. Ese ingeniero deberá dirigir la

ejecución de la obra, conforme a los planos  y especificaciones técnicas del proyecto. Será responsable de ejecutar el proyecto con calidad, tiempo y por supuesto ajustándose, al costo considerado, entre otras funciones de las que usted, de seguro,  no tiene idea, porque no sabría distinguir entre un perno y un clavo, pero se siente con poder para desvalorizar mi calidad profesional argumentándose en su teoría machista de fundamentos empíricos. De todas formas mi perfil profesional no estaría nunca a su disposición, estimado señor Bruno Linker.

-   No, definitivamente. Aquí paso algo entre ustedes dos ¿es que

acaso se acostaron juntos o qué? – Indagó bromeando con intenciones de calmarlos.

Ambos esquivaron las miradas por un segundo. La situación se estaba tornando incomoda para los tres. Bruno no podía permitir que su nana descubriera lo miserable que había sido y Lorena se avergonzaría eternamente si ella supiera todo lo que paso anoche.

-   Lo he dicho muchas veces, nana- Dijo con un rostro inexpresivo- Mujeres como ella no son mi tipo.

Lorena no tuvo fuerzas para defenderse. Cabizbaja se dio  por vencida mientras lo vio abandonar la habitación luego de ajustarse el sombrero que colgaba de su cuello, tras su espalda.

La nana se sentó ahora a un lado de su cama. Al ver sus ojos humedecidos y sentir ese nudo invisible en la garganta de la joven, la abrazó.

-  Discúlpalo Lorena. Generalmente no es así.  No sé que pasó en mi ausencia, pero te aseguro que Bruno no es mala persona. Esta confundido. Solo eso, además tú eres muy diferente a todas las mujeres que ha conocido. Debe estar indignado porque no te le has ofrecido- sonrió de buena gana- Eso es todo. No está acostumbrado a tanta decencia hija- Lorena pudo sentir una pesada pared de ladrillos cayendo sobre su cuerpo. No tenía dignidad, valor o entereza para mirarla a los ojos. ¡Había perdido su decencia!  Anoche se comportó como todas las demás mujeres con las que Bruno Linker se jactaba de haber convertido en sus amantes. Temió que doña Verónica la descubriera y finalmente la etiquetará. Rogó a Dios para que sus mejillas no se ruborizaran delatándola. De repente inhaló con gran esfuerzo para poder mirarse en los ojos de la robusta y vigorosa anciana.

-  Quiero confiar en usted por favor. Júreme que no me traicionará a pesar del vínculo afectivo que la une al señor Bruno. Júremelo por favor.

-   Tranquila  hija. Puedes confiar en mí. Lo juro. Ahora dime porque esa gran diferencia entre ustedes dos. ¿Qué ocurre?

- Sus criterios son diferentes a los míos. Eso es todo.

- Pero eso está bien. Significa que los dos son inteligentes. Cada quien tiene sus propias ideas ahora lo que deben buscar ser, son un poquito  tolerantes.

   - Doña Verónica anoche me sentí muy mal, créame no halló cómo decírselo… Estoy menstruando y los dolores son horrorosos, tampoco tengo toallas íntimas y las necesito con urgencia, discúlpeme, eso es algo tan privado que no sé cómo hacer, no quisiera ni salir por esa razón.

    - ¡Eso era entonces! Por eso estás exasperada- Se rió a carcajadas- Y el bobo de Bruno discutiendo contigo. Estás pasando por un cuadro de desorden hormonal menstrual. Nadie nos ganaría una discusión en esos días. Nos volvemos irritables e insoportables- sonrió- Eso tiene solución. Recuerda que Bruno tiene una hermana y yo tomo todas las precauciones debidas. Date un baño. Relájate. En un momento te las subo.

Doña Verónica debió ser una buena madre. Comprensiva, considerada y con buenos oídos para escuchar, con su ayuda supero ese primer día. Le hizo beber unas hierbas que resultaron mejor que cualquier otro analgésico que haya bebido antes.

Un poco más calmada se sentó junto a Doña Verónica a platicar en el porche de la propiedad, mientras Bruno y los demás hombres organizaban la llegada del personal.

-   Tenemos problema Lorena. De no conseguir el ingeniero

residente se detendrá la obra, sabe lo Dios hasta cuándo. Yo confió en ti  muchacha, ¿por qué no aceptas la obra?

-    Muchas gracias por su fe en mí, pero lo que dice su hijo , es

verdad doña Verónica, aún no estoy certificada como tal, aunque me sienta capaz de ejecutarla.

-   Bueno, eso basta. Además la obra va estar bajo la inspección de

la  contratista.

-   Doña Verónica tampoco creo que al señor Bruno le agrade la

idea, aún siendo la única opción en el mundo, además eso retardaría mi viaje de regreso.

-   Para nada muchacha, yo arreglo eso, estoy segura que mi hijo se

muere por trabajar contigo, asúmelo como tu pasantía, será una gran prueba personal para tu grado además, podrás jactarte de haber sido ingeniero sin título. Sé que lo harás muy bien y respecto a tu regreso yo misma viajaré contigo para platicar con tu padrino, mientras tanto llámalos y explícale las razones de tu retardo. ¿Te parece?

Ada
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