CAPÍTULO 11
Doña Verónica pasó una noche terrible. La mujer parecía estar en trabajo de parto, pero las dilataciones decían lo contrario. Su madre era la partera del pueblo, así que podría determinarlo con facilidad. La joven lucía pálida y descuidada por esa razón Doña Verónica decidió llevarla a una de las habitaciones del rancho para que pudiera estar más cómoda y relajada, después de todo estar en trabajo de parto no era cosa fácil, significativa sí, pero fácil, jamás. Lo decía Verónica quien no había podido tener hijos luego de que en su juventud abortará su ansiado bebé y extrajeran sus ovarios por un problema cancerígeno. En esa época, deseó morirse. No comprendía las razones de Dios para con ella. Ansiaba un bebé con todas las fuerzas de su corazón, deseaba ser una mujer feliz junto a Edinsburgo Fried, un irlandés con quien había decido formar un hogar, pero un par de semanas después de su intervención quirúrgica falleció en un accidente automovilístico cuando retornaba a casa. En fin. Doña Verónica no comprendía el significado de su desenlace, solo hasta dos años después cuando conociendo a un par de amigos supo de la tragedia de la familia Linker Lumberland. La pareja de niños habían quedado huérfanos bajo la tutela de un viejo y millonario empresario sin tiempo y disposición para hacerse cargo de ellos. Por suerte ella sí, así que podía tener los niños que la vida le había vetado.
Bruno se acercó para recibirla con el mismo cariño de siempre. Colaboró llevando en brazos junto con Tomás a la parturienta hasta el interior de una de las cómodas habitaciones del rancho. Una de las del piso de abajo era lo más apropiado en su estado, de esa forma fue muy fácil dejarla en ella. Las atenciones se compartieron entre la señora Fabiola, la madre de la parturienta y un par de mujeres del campo que se apersonaron para ayudarlas. Doña Verónica se metió a la cocina llamando desde la ventana a viva voz a una chica llamada Efigenia. Necesitaba que ella preparara un delicioso caldo de gallina para darle a la mujer.
- ¿No descansaste nada Verónica?- Indagó Bruno mientras la
abrazaba para poder besar su cabellera repleta de canas brillantes.
- La verdad hijito. No. Fue una noche terrible. Esta mujer la veo
mal. Claro Efigenia alega que hay mujeres que tienen tres días de trabajo de parto, pero esto no lo veo normal hijo. Será por la costumbre a la ciudad. En una clínica te calman los dolores e incluso te alivian el sufrimiento con una cesárea y no por eso dejan de ser madres. El parto debe disfrutarse, es una conexión. Se supone que es una bienvenida al mundo de esa criatura. Ambos deberían estar bien.
- Verónica y por qué no la llevas al consultorio del pueblo. Aprovecha que cesó la lluvia además pueden ir en la camioneta.
De repente Bruno se sacudió el pensamiento. ¡Coño! Sí que estaba pisando hondo. Estaba confundido. No comprendía qué era lo que intentaba hacer. ¿Acaso deseaba quedarse a solas con su huésped? ¿O realmente consideraba oportuno que se le proporcionara asistencia médica a la hija de la señora Fabiola? Además lucía muy joven quizás su parto se estaba complicando más de lo normal. Lorena Blasco Veragua, lo estaba destruyendo telepáticamente con tanta confusión.
- ¿Pasa algo Bruno?
- No. Nada Verónica. Nada.
- ¡Ja! Me da la impresión de que pasa algo más contigo. A
propósito, ¿dónde está la niña Lorena?
- ¿Niña?- Pensó molestó Bruno- ¿niña esa mujer? ¡Vaya si me
tiene la libido desordenada!- Carraspeó mientras se acomodó el sombrero, esquivando los ojos analíticos de su nana-. Debe estar arriba, en su habitación. Descansando. No la veo desde esta mañana.
- ¿ y anoche?
- Tampoco la veo desde anoche- mintió con dificultad- esa
mujer es muy problemática. Discernimos en criterios.
- ¿pasa algo hijo? ¿hay algo de lo cual no me he enterado?
- No. ¿Qué debe pasar nana Verónica? Nada.
- Esa muchacha es buena chica. No me gustaría que la
confundieras con alguna de esas mujerzuelas con las que sueles estar.
- Por favor nana, no digo que no sea buena chica, pero esa mujer
no es mi tipo , si es eso lo que te preocupa.
- ¿Aja? ¿y puedo saber Bruno Linker, cuál es tu tipo de mujer?
¿las generosas con los de tu gremio? ¡Despierta hijo! Esa muchacha es ideal y es una lástima hijo, que tú tampoco seas su tipo de hombre.
Pensativo tomó asiento en una de las sillas junto a la mesa y se sirvió una pieza de pan. Era más fácil jactarse de que ella no era su tipo que escuchar de los propios labios de su nana que él no era el tipo de hombre para ella. Sintió una daga en el pecho. Si él no era el tipo de hombre para ella, entonces ¿quién sí lo sería? ¿José? , ¿El hijo de los Artiaga? ¡No, eso era una broma! ¿ o su mari novio , ese tal Marcos? . El sonido de una llamada entrante a su Iphone , lo hizo volver en sí. Se distanció un poco para evitar la conversación que doña Verónica y sus empleadas del campo estaban teniendo. Era Sebastián y su compadre el ingeniero de la TracMark company una contratista de envergadura en el país. Era una llamada de conferencia.
De repente doña Verónica hizo silencio, las mujeres dispusieron la preparación de la comida encargada y él tensaba el rostro. “Algo no estaba saliendo bien”, pensó Verónica. Cuando terminó la conversación ella tomó asiento junto a él.
- Los peones dicen que la contratista que va a reparar el puente
llegó esta mañana.
- Sí, nana. Tomás se va a encargar de poner cómodos a los
trabajadores para que tú no te preocupes por ellos. Las mujeres del pueblo se están organizando para las comidas y el lavado de las vestimentas. Algunos vamos colaborar con la construcción, pero tenemos un serio percance.
- Ya decía que la perfección es imperfecta. ¿qué percance ocurre?
- El Ingeniero residente, quien supervisa la obra y quien conecta
nuestro sitio con la contratista desistió de la oferta por razones personales, según el ingeniero René.
- ¿el compadre de Sebastían?
- Sí, el dueño de TracMark company. Dice que debo conseguir
un ingeniero que este en la construcción y sirva de enlace técnico.
- ¿ingeniero civil, cierto?
- Sí. ¿Dónde diablos podré contratar uno que quiera meterse en
esta vaina?
- Creó que ya lo tienes.
- Bruno sonrió- Nana en serio, esto es un gran problema.
¿Dónde puedo conseguir un ingeniero de hoy para hoy?
- En el piso de arriba, hay una mujer problemática a quien no ves
desde anoche y que te aseguro es toda una profesional.
- ¿Dónde? ¿te refieres a Lorena? Nana, ¿estás enferma o qué?
Esa mujer no sabría hacer puentes ni con palos de helado.
- Deja lo cretino. Me ha contado sus destrezas académicas,
apuesto que es muy buena.
¡sí claro que es muy buena! – Pensó un reproche- Sobre todo cuando no tiene ropa encima, pero ¿ella, ingeniero de su puente? ¡ni de broma! Por despreció hacia él sería capaz de dejarlo caer.
- Por cierto iré hasta su habitación. Ya extraño su presencia- Dijo
la nana mientras se limpiaba las manos en un par de trapos de cocina para ir hasta donde se suponía estaba Lorena Blasco.