El sendero de la izquierda

No todas las formas de combatir la muerte alcanzadas por esta vía son de interés práctico para el adepto. Así es. Todos aquellos rituales encaminados a hacer hablar o caminar a muertos, no proporcionan más que pequeños recursos para alguna finalidad concreta. Los casos más famosos de este tipo de no-muertos

[57] son los Zombis de Haití, quienes según la tradición son víctimas inocentes levantadas en un trance comatoso desde sus tumbas por malévolos sacerdotes Voudoun (Vudú). Aunque se han sugerido algunas explicaciones farmacológicas para explicar el fenómeno, es bien cierto que sigue teniendo una fuerte vigencia en toda la isla tal creencia. Esto es debido a la importancia de la religión Vudú en Haití, fundida en un sincretismo propio de Iberoamérica con las iglesias cristianas.

Pero el caso más interesante es sin duda el del vampiro. Hay diversas formas de alcanzar este estado. El más habitual es aquel en el que un vivo tiene tratos con un no-muerto de forma que, tras fallecer por efecto de los mismos intercambios, se convierte en otro nosferatu, pero que depende jerárquicamente de quien le ha proporcionado la inmortalidad. Excepcionalmente, los grandes vampiros alcanzan este status, fundiendo su sangre de humano vivo, con un no-muerto de alto rango.

Sin embargo el acceso a la inmortalidad sin sumisiones jerárquicas tiene una vía de acceso tradicional. La magia póstuma. Terribles rituales. Extraños pactos y sacrificios que conduce a una vida eterna, una vida de goces y beneficios físicos, pero en la que ya no es posible ningún más allá. No hay lugar para la creencia, no hay lugar de eterno reposo, puesto que el verdadero vampiro ha renunciado a ello.

El vampiro es un ser que solamente percibe, con todos los sentidos. Sus pensamientos no son únicamente analíticos, sino que se presentan como registros somáticos. El vampiro, por contra de lo que se cree, no tiene problemas con la luz, pero prefiere la nocturnidad, más divertida y lasciva. Se relame con el pulso vital de los mortales (en forma, de sangre, ímpetu o como se presentara), pero lo único que realmente precisa, aquello de lo que depende para recuperar su equilibrio, para poder seguir saboreando con todo ardor las pasiones de los sentidos, es reposar en tierra (o contactar de cualquier otra forma con Demeter

[58]). Por ello Drácula se traslada a Londres desde su castillo de Transilvania con cajas llenas de tierra de su patria. Precisa ese contacto con su Alma Mater, con la Madre Tierra, y no con una cualquiera, sino con aquella que le sirvió de suelo para su terrible compromiso con las fuerzas de la oscuridad.

Tened cuidado con lo que hacéis. Quizá no encontréis vampiros legendarios, bastará solamente con el roce de las alas de un ser cualquiera que siga el sendero de la izquierda

[59]. Os puedo decir por experiencia que hay cosas terribles que no se revisten con extraños nombres, ni vestiduras, ni rituales. Puede uno encontrarlos en un descampado, o en un cabaret, o en un bar nocturno. Pero cuidado: también pueden aparecer en una playa, en tu oficina, entre tus amigos. Puede ser tu marido o tu esposa, tu amante o tu madre. Cuídate si te da miedo abrasarte, si tienes miedo a las sensaciones intensas, si tienes miedo a vivir con pasión la única oportunidad que este cuerpo que tienes puede concederte…